domingo, 12 de abril de 2009

CONDENA





CONDENA


¿Por qué me has condenado…?
Y lo peor;
¿Por qué, a ti mismo te has condenado?
¿Que hiciste…?
¿Qué hicimos?, ¿qué delito tan horrendo
¿Habremos cometido? Para ser ahora,
paganos, afligidos, malditos condenados
a vivir, en éste cruel abismo…
Separados, distanciados, atrapados
en las garras de éste mundo absurdo,
que llamamos mundano.

Moriré;
Como todos moriremos alguna vez.
Marcharé y en mi mente;
Tu nombre llevaré grabado
Y quedarán regueros de este flujo derramado
Que brota del corazón.
Ésta será la esquela de un ser enamorado,
Atormentado, incomprendido.
Abandonado por aquellos a quienes supo querer;
Tal vez, de un modo equivocado.
La historia se repite, una y otra vez.

Escribe el afligido
Y benévolos verdugos, se burlarán
De él y de ella.
De ti y de mi, de aquella huella qué
Quisimos dejar, grabada en una estrella.
Aun sabiendo qué:
Nadie, nadie, la alcanzaría. Nadie
Llegaría jamás hasta su estela.
Fue inútil nuestro esfuerzo entre la sombra.
Baldíos los caminos diseñados;
El frío de unos cuerpos ateridos
Y a si mismos abrazados.
Todavía me sigo preguntando, el por qué
De mi albedrío. ¿Por qué sonrío?
Alimentando, los recuerdos encadenados
Al olvido.
Mientras escucho el rugir de la tormenta
En este corazón herido.
Mientras navego en esta playa solitaria.
Sin moverme de esta banca de remos
Oxidados, lentos, varados, carcomidos,
Agotados.
He perdido el horizonte…
Nuestra alma ha encallado.
Nuestra playa, ya no es playa
Si no lago cenegado.

Raquel Herrero