jueves, 19 de noviembre de 2009

POR ENTONCES



POR ENTONCES

Aquella Navidad, sería sin duda alguna, una de las peores Navidades de mi vida.
Era incapaz de acostumbrarme a la no presencia de mi madre. Por vez primera ella no estaba entre nosotros. Con sus hijos, yernos, nueras, nietos y bisnietos. Ese ángel de la guarda que durante toda la vida nos hubo protegido con inmenso cariño, se hallaba ahora desvanecido, flotando en algún lugar del espacio infinito, fuera de nuestro alcance.
El dolor se hacía por momentos insoportable, aprender a vivir nada más que con su esencia, con sus recuerdos, no era nada fácil.
El corazón soportaba intermitentes espasmos, el musculo dañado en lo más profundo se encogía de dolor, tiritaba de frío… pero ya no había gabán que cobijase y abrigara a tan desolado corazón.
Sin embargo la vida continuaba, el tic tac de aquél reloj colgado en la pared marcaba cada minuto, cada segundo de un tiempo que hace girar y girar al mundo con un mismo destino final.
La Dama negra una vez más había dejado su huella imborrable en ése tiempo, pero la vida continuaba sin dar un solo paso hacia detrás.
Desde siempre esta época Navideña tuvo para mí una motivación especial. Momentos de encuentros y reencuentros con la familia, momentos especiales en los que dejamos aparcados la cotidianidad de los días, los horarios, el estrés y hasta somos capaces de obviar rencores, envidias, malicias, mostrando el lado más amable y generoso que tenemos.
Así debiera ser durante todo el año, pero no se muy bien el motivo son en estas fechas, cuando algún hada, duende o brujita compasiva, nos visita, nos envuelve y nos permite sacar a la luz nuestro lado más humano.
Siendo así, era necesario hacer un esfuerzo y procurar dejar aparcado el dolor y entregar a los nuestros la mejor de las sonrisas.
Esa era la prueba de fuego a superar en aquella triste y aun cercana Navidad del 2008
Sin embargo no fue posible mantener esa sonrisa ni tan siquiera en aquella época entrañable que me hacía mantener la ilusión tal y como si fuera una niña.
Las noticias que comenzaron a llegar por Prensa, Televisión y Radio eran desgarradoras. Una guerra cruenta había comenzado entre dos Países muy lejanos a mi entorno, pero no por ello podía quedarme indiferente como si para nada fuera conmigo.
Israel y Palestina se enfrentaban. Las imágenes de muerte y destrucción se sucedían día tras día.
La tristeza y levedad de mi sonrisa fue perdiendo su línea, sus tímidas fortalezas hasta morir una vez más. Me sentía incapaz de soportar más dolor al que ya me acompañaba por aquellos días y sumida en un halo de tristeza y soledad infinita en un grito intimo y desgarrador llamé a mi madre queriendo que me escuchara, sabiendo que ella ya no podía escuchar mi lamento.
¡¡Mamá, mamá, dime, qué puedo hacer yo!!
La insensatez, la codicia, la sinrazón humana se habían instalado en aquellos territorios, dejando a su paso regueros de sangre.
Palestina era aniquilada, sus gentes, hombres mujeres y niños quedaban masacrados por el peso de las bombas y metralla. Los que sobrevivían quedaban mutilados, sin hogar, sin agua, sin alimentos. Huérfanos de padre y madre… Todo era como vivir la más terrible de las pesadillas en aquél lugar completamente arrasado por la demencia.
Comencé a sentir mi dolor como algo insignificante, sin apenas importancia comparándolo con el sufrimiento y la impotencia palpables de aquellas gentes que en apenas unos días lo habían perdido todo.
Esta era la situación a grandes rasgos y este mi estado de ánimo cuando un amigo y compañero de letras decide abrir una nueva red literaria que se dio por llamar Poemas por Palestina.
Quizás él ni siquiera lo imagine, pero gracias a esta afortunada decisión y apertura de la red, mi mente comenzaría su desbloqueo para permitirme buscar algún modo de aliviar ése dolor del Pueblo Palestino que para nada me era ajeno.
Entré en la red como uno más de sus miembros y tomé la decisión de crear un proyecto Solidario, convencida de que mis compañeros lo apoyarían.
La idea era escribir un poemario entre todos nosotros, buscar el modo de publicarlo una vez construido y después donar los beneficios íntegros de su venta para paliar en algo la miseria de los más desvalidos.
Mi llamada tuvo respuesta inmediata y en pocos días más de una veintena de escritores de diferentes Nacionalidades se habían sumado al proyecto.
Si hay algo de lo que estoy completamente convencida, es de qué en este nuestro mundo, somos una gran mayoría los que pensamos, queremos y creemos que la Paz es posible, que la justicia y la equidad son posibles.
Como estoy convencida de nuestros valores en torno a la Solidaridad, ayuda y apoyo hacía los más desfavorecidos. Pues de ser de otro modo, todo dejaría de tener sentido.
Si no somos capaces de ayudar al otro, de convivir en paz, de respetar creencias, culturas, religiones. Si no fuéramos capaces de todo ello; este mundo sería una masa inmensa de vacio y silencio.
Han pasado ya muchos meses desde que diera comienzo este proyecto, este sueño mío y de otros tantos compañeros y amigos que creemos que también los sueños pueden llegar a ser una realidad.
No voy a negar que durante este tiempo y mientras avanzábamos hacía nuestra meta, han habido momentos de desilusión, de apatía, de controversias, de desconfianzas, de lágrimas añadidas a las muchas ya derramadas por los recuerdos dolorosos de imágenes y testimonios…pero aun con todo ello, hoy podemos, puedo decir que hemos cumplido nuestro compromiso y que nuestro poemario es una realidad hermosa y enriquecedora al mismo tiempo.
En Breve este libro de poemas será presentado y puesto a la venta y en breve estoy convencida de ello. Haremos llegar al pueblo palestino nuestro granito de ayuda, cariño y Solidaridad.
Estas, entre otras son las cosas que tocan mi corazón.
Raquel Herrero