jueves, 31 de marzo de 2011

JUNCO MARTILLO Y FLOR

JUNCO, MARTILLO Y FLOR


Me resulta inevitable

Es necesario te cuente, mi necesidad de voz

No comprender, como sin ti, cada día, vida

Cada día, resulta soportable

Cuando se bien, que nada es fácil en este devenir

Me pediste que me llene de oxígeno, de aire

Qué, descontamine un maltrecho corazón

Que procure, retomar la cordura

Y en el fondo de todo; ser feliz como la flor

Te obedezco, fiel a mi fidelidad

Me contengo,

Ni una sola de tanta lágrima

Has de verme derramar

Debieras de saber, como duelen los silencios

Esta falta plena de libertad, los recuerdos

De aquellas manos que no hace tanto

Eran caricias suaves, tacto, roce…

Y lo que yo creía un cariño sin igual

Hoy, contengo mi respiración, observo y me reservo

La ingrata sensación de imaginar

Que entre nosotros, hubo siempre una barrera infranqueable

Que a base de martillo y flor, mantuvimos aquello

Que de querer explicarlo; no creo, comprendiera nadie

Yo, soy dúctil, maleable. Tú, eres junco,

Aferrado en un lago de arenas movedizas

Y sin embargo, junco anclado,

Que de no ser por el viento,

Viento valiente, sutil, descarado…

No movería, ni uno solo de sus ramajes bifurcados

En ese terreno, húmedo, baldío y pantanoso

Pero su hogar al fin… no hay cabida

Para quien tanto te ha querido.

Te reprocho sin maldad, añorando

Lo volátil, lo espontáneo, o quizá lo predecible

Lo meditado, cada palabra estudiada, sin temor, sin cuidado

Para no dañar, este músculo sangrante

Que vaga errante por caminos olvidados

La fuerza de la fe, quebrará mis huesos

Cuando regrese, a la conciencia abrupta

De este amor, que de tanto grito

Solo su mudez ha conquistado.



Raquel Herrero