lunes, 9 de mayo de 2011

PERMITA EL DESTINO

PERMITA EL DESTINO



Allá, refugiada en un rincón de la memoria


Una imagen, un encuentro


Un pasaje Bíblico de una tal Magdalena


que retuvo como lienzo sagrado


La efigie, la filigrana de aquel maestro


Dios pagano, terrenal, engullido hasta la saciedad


por aquella boca, por aquellas manos.


Misterios sin desvelar, blancos como la blanca paloma


Como la espuma blanca de la mar


Tal vez el Eco de las caracolas, se resista a navegar


y, en el océano profundo de un mar calmo,


engullido por la soledad;


Queden por siempre los versos no entregados


La alegoría, la retórica, la metáfora


y aquella paz


Que dejaron en la orilla los presos condenados


a, no estar libres de pecados, ni arrepentidos de su pecar.






Permita el destino, bifurcar nuevos caminos


Sin rezos, sin oratorias, sin monte calvario


Donde se ha de arrastrar la cruz


Que la tierra del Olivo sea médano


donde se unan sin ira el norte y el sur.


Acá, en este corazón que late, desde siempre


Se guardaron los quilates, las piedras preciosas


y un diamante


Que como el mejor amante, jamás viera la luz






Raquel Herrero