viernes, 8 de noviembre de 2013

VENGO

VENGO Vengo, de la herencia perdida De la última generación que lleva su apellido. Vengo, de un útero distendido, donde ya otros pasaron, dejando lastimaduras en lo más íntimo de su abrigo. Y vengo por certeza; A ser la cara y la cruz de un tiempo que quedó como testigo. A honrar su nombre. Nombre de mujer que me entregó la llave de un caminar sin destino. “Vivir”…, me dijo Esa es la senda, ése, el camino. Y hoy desconozco si a vivir me obligo, o cumplo algún pacto que me atrapa, hacia lo desconocido. Si acaso sea la indiferencia, el motor que ronda mi existir O, sea este vagar, con la prudencia; Lamiendo silencios que no parecen tener fin. Ya no me pregunto de dónde vengo. Ni el porqué de esta lucha sin sentido. ¡Soy el garante de mi vida! Pero… ¿qué de la vida obtengo? Vengo, De enfrentarme al delirio, de asumir tanto miedo. Del dolor que me provoca que no se comprenda éste ansia, que, parece perpetuo. Vengo, de rogarle a los vientos determinen, hacia quién y hacia dónde puedo elevar, amantes; Estos brazos, tan vacíos. Raquel Herrero

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