martes, 24 de febrero de 2009


PAISAJE III
MUJER EN SERRANIAS
Mi Voz:
Pies frondosos, caderas verdes,
arbustillos desprotegidos,
dejando rala sus cimas.
Montaña que ya desviste,
al escalador penitente,
que pisotea tus sendas.
Sólo, por conquistarte.

Es tan hembra, tu imagen.
Montaña erguida en la tierra.
Despeinada por los vientos,
arremetida por lluvias.
Acunando, secretas aguas
en manantiales profundos;
Escondidos en grutas cóncavas
que dan de beber al sediento.
Que cuando harto y satisfecho,
saliva y enturbia.
Contamina e incendia.
Su ignorancia maligna,
deja los rasos fríos.
Mientras la nieve se aferra
a tus puntas, a tus riscos.
Helando tus poros, petrificando raíces;
Cuando el sol imaginado,
no llega, no alcanza, se oculta
en nubes canosas que nublan
ocultando las puntas
de tus faros mas lindos,
mas dignos, más hermosos.

Su voz:
No podía ser un sueño inalcanzable
cuando sus ojos lo veían tan palpable.
Tras aquella cima de rocosa montaña,
habitaban. Atrayentes, cómo imanes.
Esa esencia, que se hacía presencia.
Ese aroma, convertido en suspiros.
Esa piel que anhela, lo desconocido,
que lo siente, tan bello, tan vivo, tan suyo.
La pasión es orgullo y el delirio, compasión.
Que niega y que llama, que oculta y que ama.
Versículos humanos, de humana condición
cuya pluma, firma y afirma, derramar sangre
en cada frase, verso, estrófica o renglón.
El mismo nutriente que alimenta las alas
de coloridas, hermosas y aventureras aves
que vuelan liberadas, de afrentas y pudor.

Cada día, cada noche, cada hora, se repiten
incesantes los lamentos. Buscan argumentos
que renueven, aquellos aires contaminados.
Dejándose llevar a merced del viento
a paraísos de Adán con su desnudo cuerpo.
Creación multiforme, en paisaje universal.
La hembra es mujer, el varón es hombre.
Mismos cuerpos, bocas y nombres.
Mismos latidos, deseos, sentidos.
Misma risa, mismo llanto. Misma alegría,
mismo quebranto. Y un mismo ruego…
Paz, felicidad, amor…¡que bello canto!

Pisadas silenciosas, sobre hojas de otoño
escapan fugaces buscando primaveras.
La empinada cuesta, termina en la ladera.
Remanso de cuerpos cansados. Buscan aliento
para retomar; el duro, pero alentador trazado.
La inspiración brota de claros manantiales,
torrentes que sacian, que humedecen
que invitan y provocan al cálido baño
en el vaivén de sus aguas generosas.

¿Quién plantó tan alto, la semilla del olivo?
Árbol fecundo, secuestrado en terracota.
Nacen desde su entraña, los verdes ramajes
que miman y arropan, a la frágil oliva
que al madurar, cae, para que la recojan.

Mi Voz:
Mujer de la ventana, que miras montañas.
Tanta fecundidad animas, imaginas.
Naturaleza virgen, lastimada
por tanta poda y tala provocada.
Un rayo de temor, iluminó ese marco
cuando en tu rostro se dibujó.
Un rictus de labios,
un presagio.
Una sombra fría, te paró en la cima.
Intuyendo tu salto en un grito;
Hacia la noche del peñasco, hondo
vacío, vacío en giro, cayendo.
¿De que huyes? ¿A quien buscas?
En remolino feroz entretejido.
Arañando pieles, rasgando prendas.
Jirones de alma, se van desgajando.
Hiriendo a la flor que, aun en caída,
regala perfumes de sentidos.
Madre de madres, entre la hierba.
Reina de reinas, en sus estrellas.
Qué, al estrellar su osamenta
en riscos de indiferencias;
Resucita sus pulsos,
sus ritmos…
Inmensa, eterna, divina.
Señora bautizada en bosques
con el nombre de la flor
Siempreviva…siempre viva.

Su voz:
Escucha, el sonido del silencio
que se rompe, se quiebra, de golpe
cuando irrumpe, el grito huracanado
de voces sin sentido. Viento gélido
que deja parálisis en el cerebro.
Ya no huye, ya queda quieto.
Mira, a través de los ventanales,
cómo la luz, refleja sus cristales.
Y sonriente, se asoma. El aroma,
es embriagador y ella, lo palpa,
lo huele y lo toma.
No hay nada perdido aún.
Sanarán las heridas, quedarán
cicatrizadas. Llegarán abiertos
los caminos y, el destino
manteará, nuevas jugadas.
Vengo del ayer, vivo el hoy,
te esperaré, mañana…
Y a campo abierto, elevar
promesas, deseos, juramentos.
Seguir, escalando sus poros
y tal vez, rozar, el firmamento.

Peregrina,… peregrina. Se escabulle
de humillaciones y cobardías
Peregrina…peregrina.
Busca del alma pura, sedienta,
necesitada y viva.