sábado, 12 de diciembre de 2009

PASAJE


PASAJE

La vida un ave pasajera, el tiempo
Un angosto reloj que desespera
Mi estancia un pasaje caduco que
Con fecha nos espera, en ése
Otro lado de esta cruda realidad
Es por ello el obcecado empeño
De salir hoy a caminar; Contigo,
Con mi sueño, el dueño de mi verbo
De mis dunas arenosas de mi torrente
Caudal, de mis noches angustiosas
Cuando te busco pero no te puedo hallar.

En este amanecer, he de parar el mundo
El rumbo que me obliga a posponer
Este deseo fecundo y tan profundo
De enlazar nuestras manos, de rozarnos
La piel, de caminar entre nubes
Despojando mis poros de este ansia
Que me empuja a renacer
No, no quiero testigos,
Ni ocultas miradas
No, no quiero falsos amigos que
Que se jacten y arroben esta ruta
Trazada en la alborada…
Cientos, miles de noches soñadas
Donde no hubo pañuelo para
Empapar mis lágrimas
Ni consuelo, ni anhelo, ni esperanza
Yo sola fui victima y victimaria
Acosada y acosadora de este fuego
Que me arrasa
Y ahora quiero, olvidarme para siempre
De tan temido duelo,
De tanto frio, de tanta escarcha

Mutar entre sus carnes,
Hacer temblar los cimientos
Devorar, ser devorada
Cambiar los acontecimientos
Pasear de boca a boca
Los jugosos filamentos
Perdidos, olvidados en el abismo
De las lujurias y en este cuerpo
Que arde ya en el averno
Sin culpas, sin dudas, sin resentimientos.

Raquel Herrero

DONDE QUEDA






DONDE QUEDA


A donde queda la veracidad
Si no es entre los versos
Esos, de locos poetas o tal vez
Totalmente cuerdos
Ellos, que dejan su verdad
En el refugio perfecto
Verbos locos, sabios verbos
Que alguien comprenderá
Dependiendo del momento.
Quien no quisiera ser capaz
De asemejarme a ellos
De discernir la luz que navega
Por sus puertos
Ser capaz de acoplarse
A ese navío, que atestigüe la verdad
De ser muy tuyo y muy mío
Porque intuyo que eres tu y es
A mí a quien dedicas cada verso
Soy tu musa, la escusa perfecta
Para poder desabotonar los botones
De mi blusa.
Sí, se que soy la escusa perfecta.

No me nombras, no te nombro
Mantengo fidelidad al extravío
De mi juramento
Yo no hablaré… por mí, hablaran
Mis versos.
Y así por toda la eternidad
Viajarán estrellas en el firmamento
Tan reales como la oscuridad
A la que está sometida
Su lamento y mi lamento
Solo el poeta es capaz de infringir
Cada uno de los mandamientos
De ser el inhóspito dueño
De los siete pecados capitales
Dueño de la hembra o del varón
Que siempre dispuestos
Se refugian en los matorrales
Amantes perfectos
Que embeben cada ráfaga de viento
Por un instante, por un momento
En ese crepúsculo soñado
En ese deseo perpetrado
Tras la metáfora sutil
Poeta, poetisa;
Amamantado la hambruna
De esta hambre que ha nacido
En los efluvios de la plateada luna
Mudo testigo donde saciar la ansiedad
Del insaciable apetito
Por recibir, por entregar.

Raquel Herrero

TE DECANTO VIDA





TE DECANTO VIDA


He perfilado tus labios
Con el extremo de mi lengua
He acariciado tu rostro
Con estas manos de mujer etérea
He besado tu frente y te he mirado
Con la sonrisa puesta
Mientras mis labios resbalaban
Suavemente por tu boca,
Tus pómulos, Tu cuello,
Tu desnudo torso incandescente.
Te he amado como ama una mujer que ama,
¡Sinceramente!
Recorriendo tu cuerpo despacio, serenamente,
Palpando cada fibra, cada poro,
Cada curva y recodo, cada pliegue
¡A mi modo!
Mis dedos juguetones,
Se fueron colando como ladrones
Para gozar de tu sexo,
De tu miembro elevado, suave y terso
Húmedo, cálido, sediento…
Me he perdido en este paraíso,
Tan tuyo, tan mío, tan nuestro
Y he parado el reloj de la vida
Por unos momentos
Para sentir este amor, este fuego,
Que quisiera hacer eterno
Nada importa, nada quiero, nada espero,
más que llenarme de ti y susurrar en tu oídos…
¡Te quiero, te deseo!
Oh¡¡
Que nadie se atreva a privar mi libertad,
A evitar que mis deseos, sean pura realidad.
Contenido, continente,
Ese fulgor que ha nacido diferente
Ansioso…
Entretejido en las entrañas de mi vientre
Espasmos de felicidad que fluyen
Bajo mi pubis ardiente
Ríos de plata, afluentes de miel,
Entre mis muslos y tu piel
Te esperaré, sí, te esperaré…
Mis cóncavas humedades,
Serán la fuente para tu sed.

Raquel Herrero