lunes, 31 de mayo de 2010



EN ESTA NOCHE


Silencio por favor, guarda silencio
Que sean otros los vocablos esta noche
Una noche de pasión, donde el derroche
Sea sublime y contagie y contamine…
A dos locos amantes del amor.
Silencia con tus labios mis gemidos
Sellando mi piel, enmudeciendo el latido
Palpando paso a paso su camino
De mi boca hasta tu cuello
De tu cuello hasta el ombligo
Y Detén la humedad de tu lengua
En la cumbre de unos senos florecidos
Ay amor, amor amante,
Hazme perder el sentido
Hoy no quiero razonar...
Quiero vivir mi delirio
Quiero romper este dique
Navegar contra corriente
Dejar que indagues en este rio
Y abreves en sus afluentes
Quiero estar ebria de ti
Ver como emana la fuente
Y sentir como el deseo
Penetra esta cueva ardiente
Soy volcán en esta noche…
Guarda silencio amor
Hazme tuya plenamente

Raquel Herrero



PARTITURA

En esta melodía de silencios
Partitura soñada, pentagrama de fe
Se acogen mis lamentos a un mañana
Que confirme que nunca te olvidé
No he de pedir entonces permiso para amarte
Ni quedarán pendientes de una próxima ocasión
No ha de quedar el alma congelado
Mientras arde la sangre, por tan alta traición
Negué la vida a cada poro de mi carne
Roce tus labios congelando su sabor
Las caricias de tus manos, fueron infantes
Tu pecho y mi pecho estrechados sin pasión
Hoy lloran mis pupilas sus penares
Elevando al universo su oración
Perdón por haber sido tan cobarde
Regalándole a otros brazos tu calor
Y he de volver para pagar esta deuda
Para sentir; que sí merezco el amor
Para rociarte con la esencia más pura
Esa que perdura aquí en el corazón
Que no me pidan por piedad explicaciones
Que no busquen dentro mío, otra razón
Despertó de un mal sueño la mujer sin nombre
Mas nada importa, no es licito que se la nombre
Pues fue ella, quien de ella se olvidó.
Brotarán nuevos tallos de su madera noble
Y serán bellas las melodías en aquel viejo
“bandoleón”

Raquel Herrero

VOCES DEL INTERIOR



VOCES DEL INTERIOR

¿Que te sucede mujer?
Dime, cuéntame el porque de tan lánguida mirada
Cuando ayer, apenas era ayer, tu mirar era tan clara
Dime, que sientes mujer
Porqué, tan siquiera me recreas con tu dulce palabra
Cuando ayer, apenas era ayer, tu voz era tan clara
¿Acaso es tan grande tu penar?
¿o es tan oscura tu sala?
Que hasta sientes el temor al caminar
Por esta vieja senda conocida y transitada
¿Que puedo hacer por ti mujer?
Dime, cómo puedo arrancar de tus entrañas
Ese dolor, que arroba el brillo de tu mirada
¿Dime, que te hicieron mujer?
Porqué deambulas, lenta y cabizbaja
Cuando antes, eras gacela, alegre, alborozada
¿Acaso extrañas este lugar?
¿U otro, que hoy no te acompaña?
Presintiendo tus pasos en soledad
A pesar de siempre estar acompañada
¿Qué puedo hacer por ti mujer?
Dime, cómo cambiar esta alborada
Este triste amanecer que se dibuja en tu cara
Dime, donde mora tu cuerpo y donde tu alma
No veo en el espejo tu imagen reflejada
Y siento que estás lejos, muy lejos, desdoblada
¿Serán tus manos vacías?
¿Será ese temblor que emanas?
Vuelve tus ojos vida mía, vuelve tus ojos
¡Por favor¡ No esperes a mañana.

Raquel Herrero

VOCES DEL INTERIOR


VOCES DEL INTERIOR

¿Que te sucede mujer?
Dime, cuéntame el porque de tan lánguida mirada
Cuando ayer, apenas era ayer, tu mirar era tan clara
Dime, que sientes mujer
Porqué, tan siquiera me recreas con tu dulce palabra
Cuando ayer, apenas era ayer, tu voz era tan clara
¿Acaso es tan grande tu penar?
¿o es tan oscura tu sala?
Que hasta sientes el temor al caminar
Por esta vieja senda conocida y transitada
¿Que puedo hacer por ti mujer?
Dime, cómo puedo arrancar de tus entrañas
Ese dolor, que arroba el brillo de tu mirada
¿Dime, que te hicieron mujer?
Porqué deambulas, lenta y cabizbaja
Cuando antes, eras gacela, alegre, alborozada
¿Acaso extrañas este lugar?
¿U otro, que hoy no te acompaña?
Presintiendo tus pasos en soledad
A pesar de siempre estar acompañada
¿Qué puedo hacer por ti mujer?
Dime, cómo cambiar esta alborada
Este triste amanecer que se dibuja en tu cara
Dime, donde mora tu cuerpo y donde tu alma
No veo en el espejo tu imagen reflejada
Y siento que estás lejos, muy lejos, desdoblada
¿Serán tus manos vacías?
¿Será ese temblor que emanas?
Vuelve tus ojos vida mía, vuelve tus ojos
¡Por favor¡ No esperes a mañana.
Raquel Herrero


VUELO A RAS


Desde mi cuasi extinta libertad
Protejo el nido
Crías aladas que aprendieron a volar
Soy su testigo, rastreando el hilo
Que pudiera alejarlos del nidal
Ese qué ellos mismos construyeron
Ejemplo vivo de excusada privacidad

Desde mi cuasi extinta libertad
Soy amparo y refugio del Gavilán
Que insistente proclama su figura
La más alta, la más ruda,
La más engalanada y señorial
Robustas alas explorando un Cielo
Ya cercano al suelo, mientras reniega,
De un estado presente y otoñal
Donde pernoctan los últimos vuelos
Apurando los tiempos
De un finito despertar

Desde mi cuasi extinta libertad
He de seguir siendo Paloma
Surcando vientos, alejando el temporal
He de ser cobijo y alimento
Tierna caricia en la oscuridad
Posada para el guerrero
Esponjoso pañuelo, Paloma de Paz
Ahora no puedo alzar el vuelo
Desde mi extinta libertad.

Raquel Herrero

ACOMODO


Me interrogo, usurpo las respuestas, las acomodo
Le voy dando rienda suelta a la intuición
Y a esta inclinación que superpuesta,
Se acopla dulcemente en mi colchón.
La estrategia resuelve
Que siempre es la misma esencia la que llega
Que no existe más flor en mi jarrón
Que por más que me proponga
Mi cuerpo queda inerte, vacio de emoción
Si no llega la presencia de una suerte
Cuando permites embriagar mí sin razón
Y como un reo, condenado a muerte
Recibo el sacramento por mi última oración
Encadenada a tu pecho, gozando la emoción
Queriendo que pare el tiempo,
Que solo se escuche el aliento de tu voz…

Y vuelvo entonces a interrogarme
Pregunto, de donde nacen los vocablos del amor
De donde mi angustia retenida
De donde esta ingrata condición
De perseguir tanto sueño inconfesable
De contener los caminos del dolor
De ser parte de lo que llaman condenable
Cuando condena es la aflicción
De no ser carne de tu carne,
Lengua de fuego caldeando tu pasión
Suaves manos que acaricien tu semblante
Playa desierta… para dos

Raquel Herrero