domingo, 13 de noviembre de 2011

DE CADA SABLE...

DE CADA SABLE…


Me quedé ciega mirándote a los ojos

palpitando tu latido

Me aferré a tu cuerpo como poseída

sabiendo debías marcharte

pese al dolor sangrante

de tu explicable huida.

Miro obnubilada los espejos

Uno a uno…, tú sigues ahí con tu reflejo

Tan bello, tan noble, tan erguido

que reniego de esa sombra

complemento, doblez falsificado

error en la apertura de tu pecho



Maldigo la hora que indujo tu receso

Maldigo los espectros, que renacen a deshoras

Maldigo la llama que aviva este averno

donde tan solo quedaron brasas

después de arderte la piel

de quemar tu osamenta, de fenecerle

a la brisa, azul, espumosa, marina

después de apagarse la luz

en la penúltima esquina.



Hoy gimen los pilares de la tierra

sus elevados muros, se agrietan

El mundo se derrumba ante unos ojos

de mirada quieta.

Negro azabache colorea el cielo

y una estrella fugaz, se desvanece

El abismo cuadró su envite

y una vieja historia se repite

mientras gira delirante, toda orbita



Mas este mal…, astuto y maldito

no sabe;

Que no está escrito su final

que hay salida del infierno

que a pulso, no nos ganarán

Llegaran alas, blandidas de misterio

Rayos de soles prendidos en flor

Llegarán tiempos, donde hablar de amores

no sean causa de la desolación

¡¡Yérguete hombre!!

que de cada sable que en ti se clavaba

yo hice cruz bendita, ofrenda de amor.



Raquel Herrero