SENTIRES POÉTICOS
Un nudo en la garganta
Un latir acelerado
Una lágrima que empapa
Una piel que se sonroja
En qué momento
Dio paso la alegría
A la tristeza de un desencuentro
En qué minuto azaroso
Se quebró esta paz
Y llegó raudo su lamento
Siento ser partícula
De un desvencijado evento
La flor de lis desventurada
El eco, trasgresor del tiempo
Me asombra la firmeza
Con la que el viento voltea
Todo ardid del pensamiento
Desespera esperar “un algo”
Que amotine toda rutina
Al grito de, ¡venceremos!
Ven a despertarme
De tan ingrato sueño
Donde las voces cobardes
Se esconden tras el silencio
Mis ojos quieren amarte
Mi boca, sellar tu beso
El alma viaja desnuda
El cuerpo tiembla por dentro
Maldita la hora que describe
Cómo se acaban los tiempos
¡Grita, si no se escucharte!
Calla, perdóname…
Serás quizá, mi desconcierto.
Raquel Herrero
martes, 29 de noviembre de 2011
sábado, 26 de noviembre de 2011
TE HE DENUNCIADO
TE HE DENUNCIADO
Te escribo esta carta, que ha de ser la última que de mi recibas.
Durante años, releía las que tú me enviabas, cuando aún quedaban en mi corazón, razones para seguir amándote. Cartas amarillas, que yo, (tu fiel amante, tu esposa, tu amiga), guardaba como reliquia en ese joyero hermoso, grabado en plata, con la fecha de nuestro veinticinco aniversario. Sé, que no recuerdas aquél día, ni sabes siquiera quien nos lo regaló. Renovamos los votos de nuestro matrimonio en un acto sencillo, junto a nuestros hijos, padres, hermanos y los pocos amigos que a regañadientes, consentiste que invitara.
Que ilusa fui, al creer que un milagro, ese día, me habría de devolver al hombre del que tan profundamente me había enamorado.
Sigo sin comprender porqué con el paso del tiempo, te convertiste en un ser mezquino, despreciable, maltratador. Un ser cuyo ego le obligaba cada día al uso de la fuerza.
He recibido tantos golpes que ya ni recuerdo cómo duelen. Sin embargo no sé si alguna vez en lo que me reste de vida; olvidaré tus insultos, tus humillaciones, la burla constante sobre mi cuerpo que se había trasformado después de parir seis hijos. Era cierto que a mi vientre le quedaron esas feas secuelas en la piel, llamadas estrías. Era cierto que mis senos ya no estaban tan erguidos. Era cierto que ya mi tiempo estaba tan dividido que no me alcanzaba y opté por olvidarme de mi misma, para atenderos a todos vosotros.
Hasta hoy, he mordido mi lengua hasta sangrar. Le puse a mi corazón una coraza, para que cada aguja que clavabas en mi pecho, no ahondara en este lecho, donde ya quedaron multitud de cicatrices . Me convertí en estatua de mármol, fría e inamovible. El peso del dolor, había quebrado mis huesos y yo, sencillamente, ya no era yo.
Sentía lástima de mi misma, de mi poco valor, de mi nulo coraje, de mi temor extremo hacia el hombre. ¿En qué me había convertido?
Me sentía como despojo humano, sin garantías de caducidad, porque llamé a la muerte mil veces. Mil veces le rogué a esa dama negra se apiadará de mi inocua existencia y me llevara a ese lugar donde el reposo fuera eterno.
Pero ella no se compadeció, no escuchó mi grito, ese grito que emanaba desde las mismas entrañas, cada vez que tus sucias manos se posaban sobre mí. Cada vez que mancillabas mi cuerpo, rasgando mis vestiduras con deseo demencial para satisfacer uno más de tus más bajos instintos.
Animal, eso eras, eso eres, un salvaje animal, sin escrúpulos, sin decencia, sin sentimientos, sin amor.
Por desgracia o quién sabe si tal vez “por suerte” la vida no tiene marcha atrás
Todo ese camino recorrido, tan lleno de piedras filosas, de espinas sin la esencia siquiera de una flor. Todo ese camino, tortuoso, denigrante a llegado hoy a su final.
Ganaste mil batallas a traición, abusando de la nobleza de tu mejor vasallo, y ese vasallo bien lo sabías era yo.
De nada sirve mi arrepentimiento, mi deseo de haber tomado mucho antes esta decisión.
Llegó el momento de apagar tu voz cobarde, tu alta traición, de borrar de la memoria tu existencia. Ha llegado el momento de decir adiós.
Sé que llegarás en breves instantes…, pero esta vez no te vas a quedar. Vas a marcharte con esta carta entre las manos y otras esposas, llamadas autoridad.
Lo confieso; te he denunciado y le pongo a esta carta, ¡¡punto y final!!
Raquel Herrero
Te escribo esta carta, que ha de ser la última que de mi recibas.
Durante años, releía las que tú me enviabas, cuando aún quedaban en mi corazón, razones para seguir amándote. Cartas amarillas, que yo, (tu fiel amante, tu esposa, tu amiga), guardaba como reliquia en ese joyero hermoso, grabado en plata, con la fecha de nuestro veinticinco aniversario. Sé, que no recuerdas aquél día, ni sabes siquiera quien nos lo regaló. Renovamos los votos de nuestro matrimonio en un acto sencillo, junto a nuestros hijos, padres, hermanos y los pocos amigos que a regañadientes, consentiste que invitara.
Que ilusa fui, al creer que un milagro, ese día, me habría de devolver al hombre del que tan profundamente me había enamorado.
Sigo sin comprender porqué con el paso del tiempo, te convertiste en un ser mezquino, despreciable, maltratador. Un ser cuyo ego le obligaba cada día al uso de la fuerza.
He recibido tantos golpes que ya ni recuerdo cómo duelen. Sin embargo no sé si alguna vez en lo que me reste de vida; olvidaré tus insultos, tus humillaciones, la burla constante sobre mi cuerpo que se había trasformado después de parir seis hijos. Era cierto que a mi vientre le quedaron esas feas secuelas en la piel, llamadas estrías. Era cierto que mis senos ya no estaban tan erguidos. Era cierto que ya mi tiempo estaba tan dividido que no me alcanzaba y opté por olvidarme de mi misma, para atenderos a todos vosotros.
Hasta hoy, he mordido mi lengua hasta sangrar. Le puse a mi corazón una coraza, para que cada aguja que clavabas en mi pecho, no ahondara en este lecho, donde ya quedaron multitud de cicatrices . Me convertí en estatua de mármol, fría e inamovible. El peso del dolor, había quebrado mis huesos y yo, sencillamente, ya no era yo.
Sentía lástima de mi misma, de mi poco valor, de mi nulo coraje, de mi temor extremo hacia el hombre. ¿En qué me había convertido?
Me sentía como despojo humano, sin garantías de caducidad, porque llamé a la muerte mil veces. Mil veces le rogué a esa dama negra se apiadará de mi inocua existencia y me llevara a ese lugar donde el reposo fuera eterno.
Pero ella no se compadeció, no escuchó mi grito, ese grito que emanaba desde las mismas entrañas, cada vez que tus sucias manos se posaban sobre mí. Cada vez que mancillabas mi cuerpo, rasgando mis vestiduras con deseo demencial para satisfacer uno más de tus más bajos instintos.
Animal, eso eras, eso eres, un salvaje animal, sin escrúpulos, sin decencia, sin sentimientos, sin amor.
Por desgracia o quién sabe si tal vez “por suerte” la vida no tiene marcha atrás
Todo ese camino recorrido, tan lleno de piedras filosas, de espinas sin la esencia siquiera de una flor. Todo ese camino, tortuoso, denigrante a llegado hoy a su final.
Ganaste mil batallas a traición, abusando de la nobleza de tu mejor vasallo, y ese vasallo bien lo sabías era yo.
De nada sirve mi arrepentimiento, mi deseo de haber tomado mucho antes esta decisión.
Llegó el momento de apagar tu voz cobarde, tu alta traición, de borrar de la memoria tu existencia. Ha llegado el momento de decir adiós.
Sé que llegarás en breves instantes…, pero esta vez no te vas a quedar. Vas a marcharte con esta carta entre las manos y otras esposas, llamadas autoridad.
Lo confieso; te he denunciado y le pongo a esta carta, ¡¡punto y final!!
Raquel Herrero
viernes, 25 de noviembre de 2011
NO, NO ME VALE
NO, NO ME VALE
No me vale sólo con tu cuerpo
No, no me vale
Unir fluidos de saliva
Dentelladas boca a boca
Dejar marcas de succiones en la piel
Sentirme amarrada como loba
No, no me vale
No me vale tu torso desnudo
Mis manos delineando tu figura
Buscando placeres atrevidos
Saboreando la templada humedad
Que jugosa emana, bajo el ombligo
No, no me basta
Que mis pechos erectos
Te provoquen delirio
Que me asumas y consumas
Paladeando hasta el último suspiro
Que me devores con el ansia toda
De lo prohibido.
No, no me basta ser en sueños
Hembra arrasadora, fuego, volcán
Amante lasciva, pecadora.
No, no me vale que a deshoras
Inicies el juego fundido en mi vientre
Salpicando las auroras
Surfeando ríos y afluentes
Provocando en mí, este fuego ardiente
Expandiendo mis nalgas
Para que fluya la corriente
Y beber y besar y lamer
Y enloquecer…
No, no me vale
Llamarte, buscarte, desearte,
Amarte cómo poseída y;
penar de agonía porque tú
no estés.
Raquel Herrero
No me vale sólo con tu cuerpo
No, no me vale
Unir fluidos de saliva
Dentelladas boca a boca
Dejar marcas de succiones en la piel
Sentirme amarrada como loba
No, no me vale
No me vale tu torso desnudo
Mis manos delineando tu figura
Buscando placeres atrevidos
Saboreando la templada humedad
Que jugosa emana, bajo el ombligo
No, no me basta
Que mis pechos erectos
Te provoquen delirio
Que me asumas y consumas
Paladeando hasta el último suspiro
Que me devores con el ansia toda
De lo prohibido.
No, no me basta ser en sueños
Hembra arrasadora, fuego, volcán
Amante lasciva, pecadora.
No, no me vale que a deshoras
Inicies el juego fundido en mi vientre
Salpicando las auroras
Surfeando ríos y afluentes
Provocando en mí, este fuego ardiente
Expandiendo mis nalgas
Para que fluya la corriente
Y beber y besar y lamer
Y enloquecer…
No, no me vale
Llamarte, buscarte, desearte,
Amarte cómo poseída y;
penar de agonía porque tú
no estés.
Raquel Herrero
jueves, 17 de noviembre de 2011
UNA SOLA
UNA SOLA
Estoy llamando y siento
que no se escucha mi llamada
Que se apagó
esa llamarada de palabras
Que, en el inmenso resurgir de los sentidos
llegó el silencio, la apatía;
tal vez, la esperada calma.
Es necedad, absurda necedad
creer que igual que fluye el agua de los ríos
fluirá, en este almanaque de fechas sin sentido
Su Palabra.
¿Quién me oirá?
Cuando es una sola voz
la que me marca el destino
¿Quién vendrá?
A despertarme de sueños que no quiero despertar
Si cada vez que me asomo al mundo
el mundo es ciego y no ve
que no encuentro mi camino, ni mi rumbo
que a pies descalzos una senda caminé
y al final de la vereda;
no estaba la estrella que tanto busqué.
Escúchame,
quedaré en silencio, mientras me hablas
nada, prometo, te diré.
Sopla el viento y como un lamento
las rocas gimen estridentes;
Si no callan, me van a enloquecer
Escúchame,
lo cambio todo por esa palabra
una sola palabra…
me haría tanto bien.
Raquel Herrero
Estoy llamando y siento
que no se escucha mi llamada
Que se apagó
esa llamarada de palabras
Que, en el inmenso resurgir de los sentidos
llegó el silencio, la apatía;
tal vez, la esperada calma.
Es necedad, absurda necedad
creer que igual que fluye el agua de los ríos
fluirá, en este almanaque de fechas sin sentido
Su Palabra.
¿Quién me oirá?
Cuando es una sola voz
la que me marca el destino
¿Quién vendrá?
A despertarme de sueños que no quiero despertar
Si cada vez que me asomo al mundo
el mundo es ciego y no ve
que no encuentro mi camino, ni mi rumbo
que a pies descalzos una senda caminé
y al final de la vereda;
no estaba la estrella que tanto busqué.
Escúchame,
quedaré en silencio, mientras me hablas
nada, prometo, te diré.
Sopla el viento y como un lamento
las rocas gimen estridentes;
Si no callan, me van a enloquecer
Escúchame,
lo cambio todo por esa palabra
una sola palabra…
me haría tanto bien.
Raquel Herrero
ENTRE NOSOTROS
ENTRE NOSOTROS
Entre nosotros
hay un tiempo fracasado
hay una pena de amor
hay un cuervo agazapado
hay tristeza y hay dolor
No me compensa la estrella
que hasta su luz me guío
deslumbrando toda suerte
de fortuna o ambición
Desde siempre me he quedado
a las puertas del honor
a la orilla del abismo
al penar por una flor.
Dislate;
Eso es para mí la vida
Dislate;
Raigambre fenecida, dislate
que me escuece como herida
y he de tragar su saliva
que amarga cómo la hiel
regurgita la mies perdida
Aflicción, tras aflicción.
Entre nosotros
Un pilar se tambalea
cruje el suelo en su temblor
Látigos dejan su esquela
Llora el niño en su balcón.
Llega la noche,
que cual aljibe resuella
bajo el negro nubarrón
Y va escondiendo secuelas
Dentro tuyo, dentro mío
Lágrima y resignación.
Cuándo, pregunto, he de ver
ese amanecer tardío
Esa piel sobre mi piel
Cuándo acabará este frío
y al centro de mis latidos
vuelva ese nombre
que alguna vez callé.
Raquel Herrero
lunes, 14 de noviembre de 2011
SABEN...?
¿Saben…?
Yo, buscaba una estrella en el jardín de Invierno.
Recién acabo de llegar de lugares extraños
donde dicen afloran los sentimientos
donde el dolor ajeno
deja huella, como si fuera nuestro
Hoy he visto lacrimales
de guardada emoción, de función inolvidable
Trajes de viaje, de salón, trajes de raso
para el mejor sastre
Aquél, que disimula la arruga,
que repasa el botón, que desfila
con gracia y donaire y,
bajo capa y sombrero
resulta ser todo un señor
Hoy he visto, cómo muerde la ironía
el aliento de la voz
Dama prudente y esquiva
cuando cada palabra, niega la razón
Hay citas, que es mejor fingirlas
sin lamentos, porque no llegó
Ay, esta vida que va a toda prisa
y esconde la risa en una prisión
Perdón si tal vez
alguien siente que la mente delira
que juegan los versos, sin rumbo o color
deshice los nudos, de un amarre duro
Y hoy, tensa la cuerda, cual látigo azuzó
Yo buscaba una estrella, en el jardín de invierno
y tan siquiera la estela un recuerdo me dejó
Pena el hombre, su herencia primera
fruta jugosa que un Adán mordió
Eva desnuda que parió la tierra
Cada cual cuenta la feria
tal y cómo la vivió.
Raquel Herrero
domingo, 13 de noviembre de 2011
DE CADA SABLE...
DE CADA SABLE…
Me quedé ciega mirándote a los ojos
palpitando tu latido
Me aferré a tu cuerpo como poseída
sabiendo debías marcharte
pese al dolor sangrante
de tu explicable huida.
Miro obnubilada los espejos
Uno a uno…, tú sigues ahí con tu reflejo
Tan bello, tan noble, tan erguido
que reniego de esa sombra
complemento, doblez falsificado
error en la apertura de tu pecho
Maldigo la hora que indujo tu receso
Maldigo los espectros, que renacen a deshoras
Maldigo la llama que aviva este averno
donde tan solo quedaron brasas
después de arderte la piel
de quemar tu osamenta, de fenecerle
a la brisa, azul, espumosa, marina
después de apagarse la luz
en la penúltima esquina.
Hoy gimen los pilares de la tierra
sus elevados muros, se agrietan
El mundo se derrumba ante unos ojos
de mirada quieta.
Negro azabache colorea el cielo
y una estrella fugaz, se desvanece
El abismo cuadró su envite
y una vieja historia se repite
mientras gira delirante, toda orbita
Mas este mal…, astuto y maldito
no sabe;
Que no está escrito su final
que hay salida del infierno
que a pulso, no nos ganarán
Llegaran alas, blandidas de misterio
Rayos de soles prendidos en flor
Llegarán tiempos, donde hablar de amores
no sean causa de la desolación
¡¡Yérguete hombre!!
que de cada sable que en ti se clavaba
yo hice cruz bendita, ofrenda de amor.
Raquel Herrero
Me quedé ciega mirándote a los ojos
palpitando tu latido
Me aferré a tu cuerpo como poseída
sabiendo debías marcharte
pese al dolor sangrante
de tu explicable huida.
Miro obnubilada los espejos
Uno a uno…, tú sigues ahí con tu reflejo
Tan bello, tan noble, tan erguido
que reniego de esa sombra
complemento, doblez falsificado
error en la apertura de tu pecho
Maldigo la hora que indujo tu receso
Maldigo los espectros, que renacen a deshoras
Maldigo la llama que aviva este averno
donde tan solo quedaron brasas
después de arderte la piel
de quemar tu osamenta, de fenecerle
a la brisa, azul, espumosa, marina
después de apagarse la luz
en la penúltima esquina.
Hoy gimen los pilares de la tierra
sus elevados muros, se agrietan
El mundo se derrumba ante unos ojos
de mirada quieta.
Negro azabache colorea el cielo
y una estrella fugaz, se desvanece
El abismo cuadró su envite
y una vieja historia se repite
mientras gira delirante, toda orbita
Mas este mal…, astuto y maldito
no sabe;
Que no está escrito su final
que hay salida del infierno
que a pulso, no nos ganarán
Llegaran alas, blandidas de misterio
Rayos de soles prendidos en flor
Llegarán tiempos, donde hablar de amores
no sean causa de la desolación
¡¡Yérguete hombre!!
que de cada sable que en ti se clavaba
yo hice cruz bendita, ofrenda de amor.
Raquel Herrero
domingo, 6 de noviembre de 2011
AMOR LETAL
AMOR LETAL
El amor, fue aminorando
su tiempo de existencia
Minando poco a poco
toda fuerza
Declinando la invitación
para la lucha
Sabiéndose perdida,
Irremediablemente perdida
Era en vano fraguar
esperanza alguna…,
La luna, su luna,
había dejado de brillar,
reflejada en la laguna.
Pura, blanca,
bella, como ninguna
Reina de los cielos,
de las noches estrelladas
Ahora se blandía triste
en su triste retirada
El ocaso del tiempo
opacaba,
un halo de luz
que antes hubo en su mirar
¡Ay!, éste amor letal
que confirma indiferente
que mirar frente a frente
puede ser mortal
Todo y nada es complaciente
en esta ciudadela sin vigías
En este tren que viaja
sin raíles y sin vías
Lo llaman impúdico amor
la causa fragante de su agonía
Mira su alma, su desolación
Ponle fin a esta noble causa
O, devuélvelo a la vida
Razón de la sin razón
custodia de la fe rendida.
Raquel Herrero
ROMANCERO AL ALBA
ROMANCERO AL ALBA
Hasta el viento se estremece
Cuando pasa esta gitana
Hembra de sangre caliente
Puro fuego en la mirada
Sed de los hombres valientes
Rojo clavel que engalana
Balaustres y sus fuentes
Néctar puro que derrama
Mieles de diosa pagana
Al paso todos las siguen
Macarena engalanada
Quién te ha vestido de negro
En esta noche serrana
Gimen las caracolas
Lloran las esmeraldas
Las nubes grises se asoman
Vibra al tiento una guitarra.
¡Ay gitana!
Veo en ti todo lamento
Ese caminar de esclava
Ese morado en tus ojos
Esa alma encadenada.
No hay arrojo
“gitanilla de mi alma”
Quién te puso esta condena
Quién osa romper tu calma
Quién te ha dejado tan sola
En esta noche serrana.
Hombre que dices quererla
Hombre, que en vano ella aguarda
Raudo ven en su busca
Que muere la gitana al alba
Está fibrilando el viento
La noche negra se escapa
Raquel Herrero
jueves, 3 de noviembre de 2011
DE LUJURIAS Y DESVELOS
DE LUJURIAS Y DESVELOS
Me descubro ante ti
Oh dios, de no sé qué reino
Me descubro
Mientras me elevo entre nubes
Que amenazan con apagar el infierno
Me descubro
Para ser una más de su prostíbulo
No me vendo ni tengo testigos
Hoy soy y me siento
Ángel caído
Mis libros se han quemado
En este averno
El terrenal, el idílico, el honesto
¡Ja, ja, ja, ja...!
Que absurdo, pero que absurdo
Es este mundo turbulento
¿Has visto, como danzan las brujas,
rodeando la fogata, donde quemaron
hasta el aliento?
Observa su demencia
Ríen a carcajadas
Desnudos llevan los senos
Sus lenguas son humedales
Rociados de veneno
¡Y se tocan, se acarician, se masturban!
Locas sin juicio ni freno
¿O, acaso soy yo la loca?
¿La que delira en su juego?
Son ellas, las que me provocan…
Y en vez de alejarme,
más y más me acerco
Es a ti a quien busco
dios de mi único cielo
Penétrame hasta las entrañas
Desnúdame con tu boca
Cúbreme con tu deseo
Raquel Herrero
Me descubro ante ti
Oh dios, de no sé qué reino
Me descubro
Mientras me elevo entre nubes
Que amenazan con apagar el infierno
Me descubro
Para ser una más de su prostíbulo
No me vendo ni tengo testigos
Hoy soy y me siento
Ángel caído
Mis libros se han quemado
En este averno
El terrenal, el idílico, el honesto
¡Ja, ja, ja, ja...!
Que absurdo, pero que absurdo
Es este mundo turbulento
¿Has visto, como danzan las brujas,
rodeando la fogata, donde quemaron
hasta el aliento?
Observa su demencia
Ríen a carcajadas
Desnudos llevan los senos
Sus lenguas son humedales
Rociados de veneno
¡Y se tocan, se acarician, se masturban!
Locas sin juicio ni freno
¿O, acaso soy yo la loca?
¿La que delira en su juego?
Son ellas, las que me provocan…
Y en vez de alejarme,
más y más me acerco
Es a ti a quien busco
dios de mi único cielo
Penétrame hasta las entrañas
Desnúdame con tu boca
Cúbreme con tu deseo
Raquel Herrero
AMOR LETAL
AMOR LETAL
El amor, fue aminorando
su tiempo de existencia
Minando poco a poco
toda fuerza
Declinando la invitación
para la lucha
Sabiéndose perdida,
Irremediablemente perdida
Era en vano fraguar
esperanza alguna…,
La luna, su luna,
había dejado de brillar,
reflejada en la laguna.
Pura, blanca,
bella, como ninguna
Reina de los cielos,
de las noches estrelladas
Ahora se blandía triste
en su triste retirada
El ocaso del tiempo
opacaba,
un halo de luz
que antes hubo en su mirar
¡Ay!, éste amor letal
que confirma indiferente
que mirar frente a frente
puede ser mortal
Todo y nada es complaciente
en esta ciudadela sin vigías
En este tren que viaja
sin raíles y sin vías
Lo llaman impúdico amor
la causa fragante de su agonía
Mira su alma, su desolación
Ponle fin a esta noble causa
O, devuélvelo a la vida
Razón de la sin razón
custodia de la fe rendida.
Raquel Herrero
El amor, fue aminorando
su tiempo de existencia
Minando poco a poco
toda fuerza
Declinando la invitación
para la lucha
Sabiéndose perdida,
Irremediablemente perdida
Era en vano fraguar
esperanza alguna…,
La luna, su luna,
había dejado de brillar,
reflejada en la laguna.
Pura, blanca,
bella, como ninguna
Reina de los cielos,
de las noches estrelladas
Ahora se blandía triste
en su triste retirada
El ocaso del tiempo
opacaba,
un halo de luz
que antes hubo en su mirar
¡Ay!, éste amor letal
que confirma indiferente
que mirar frente a frente
puede ser mortal
Todo y nada es complaciente
en esta ciudadela sin vigías
En este tren que viaja
sin raíles y sin vías
Lo llaman impúdico amor
la causa fragante de su agonía
Mira su alma, su desolación
Ponle fin a esta noble causa
O, devuélvelo a la vida
Razón de la sin razón
custodia de la fe rendida.
Raquel Herrero
lunes, 24 de octubre de 2011
TODAS, MENOS UNA
TODAS, MENOS UNA
Soy como el sobrante
De un cántaro que rebosa y se derrama
Después de haber sido gota, óvalo
De cualquier lágrima
Ayer, sin tiempo ni medida;
Fui simiente, fui semilla, fui ramaje
Follaje que encubre
La ciénaga, el estiércol, la podredumbre
Fui pasto en llamas
Tea para avivar esa lumbre
Fui y sigo siendo
La ancianidad de la costumbre
Asumida por el hondo de la herida
Taponando su flujo, su derrumbe
Me asemejo a los dedos trashumantes
Apoyados en el suelo
Viajeros inconstantes qué, cual velero
Viran a favor de cualquier aire
Que no revoque frente a su espejo
Me siento pan enmohecido
Harina de otro costal
Grana verde, espigando el trigo
Migas con leche fresca para mojar
Me siento cauce de otro rio
Tormenta, huracán, bálsamo
Que como viento tranquilo
Acaricia su rostro, su piel, su beldad
Soy la calma y la rebeldía
El manto de las noches de vacío
Cubriendo la desnudez del alba
Rogándole al alma, gire su destino
Soy la que ama, la que perdona
Y olvida, anidando en la memoria
Cada ramo hecho poesía
Desdibujando su filigrana
En un rictus de labios, boca
Color de la grana
Soy erotismo en la piel templada
Fuego en el averno, saciedad colmada
Soy hembra que rebosa
Lujuria sobre tu almohada
Mujer desposada, cadenas ocultas
Alondra libre, de cortas alas
Soy esquiva, diva, dama
Soy el libro de la vida
Donde aun no está escrita
La última palabra.
Raquel Herrero
Soy como el sobrante
De un cántaro que rebosa y se derrama
Después de haber sido gota, óvalo
De cualquier lágrima
Ayer, sin tiempo ni medida;
Fui simiente, fui semilla, fui ramaje
Follaje que encubre
La ciénaga, el estiércol, la podredumbre
Fui pasto en llamas
Tea para avivar esa lumbre
Fui y sigo siendo
La ancianidad de la costumbre
Asumida por el hondo de la herida
Taponando su flujo, su derrumbe
Me asemejo a los dedos trashumantes
Apoyados en el suelo
Viajeros inconstantes qué, cual velero
Viran a favor de cualquier aire
Que no revoque frente a su espejo
Me siento pan enmohecido
Harina de otro costal
Grana verde, espigando el trigo
Migas con leche fresca para mojar
Me siento cauce de otro rio
Tormenta, huracán, bálsamo
Que como viento tranquilo
Acaricia su rostro, su piel, su beldad
Soy la calma y la rebeldía
El manto de las noches de vacío
Cubriendo la desnudez del alba
Rogándole al alma, gire su destino
Soy la que ama, la que perdona
Y olvida, anidando en la memoria
Cada ramo hecho poesía
Desdibujando su filigrana
En un rictus de labios, boca
Color de la grana
Soy erotismo en la piel templada
Fuego en el averno, saciedad colmada
Soy hembra que rebosa
Lujuria sobre tu almohada
Mujer desposada, cadenas ocultas
Alondra libre, de cortas alas
Soy esquiva, diva, dama
Soy el libro de la vida
Donde aun no está escrita
La última palabra.
Raquel Herrero
martes, 18 de octubre de 2011
ENTERAMENTE MÍA
ENTERAMENTE MIA
En el quinto escalón
Justo ahí, en ese quinto
Vuelvo a ser yo
Enteramente mía
Cruzando esa barrera del sentir común
Cerrando las hojas de su partitura
La música suena, melódica
Como canto de alondra o ruiseñor
Desde otro balcón
Observo la angosta primavera
Quién sabe si fueron quimeras
de la penúltima estación
Necesito alejar de mí esta agonía,
Caldear el espacio
de estas sabanas aun frías
hasta que al fin, penetras dentro
y reclamas mi piel
para calmar tu sed y mi lamento
Dicen que es innoble esta locura
Suenan gritos…, el lobo aúlla
Regurgita la bestia humana
Obtusos vocablos de fango y herida
Y una vez más; la prisa
Llegaré; hasta el quinto escalón
Y otra vez, seré
Enteramente mía
La historia se repite, día tras día
Me libero, encadenada a este juego
Juego, llamado vida
No hay tiempo que perder
Vuelan, desaparecen las horas
Y yo quiero sentir, como siento ahora
Amanecer en ti;
Gozosa de aquella ensoñación
Donde gemía la hembra
Y bramaba el varón
Donde la fortuna inquieta
Paraba las agujas del reloj
Y contemplaba nuestro lecho
Sed y hambre, haciendo el amor
Lo humano y lo divino retándole
Al cuarto, al tercero, al segundo
Al primero…
Para llegar en plenitud, a ese delirio
De lujuria y desvelo
Que aparece y nos llama
Coronando el último escalón.
Raquel Herrero
En el quinto escalón
Justo ahí, en ese quinto
Vuelvo a ser yo
Enteramente mía
Cruzando esa barrera del sentir común
Cerrando las hojas de su partitura
La música suena, melódica
Como canto de alondra o ruiseñor
Desde otro balcón
Observo la angosta primavera
Quién sabe si fueron quimeras
de la penúltima estación
Necesito alejar de mí esta agonía,
Caldear el espacio
de estas sabanas aun frías
hasta que al fin, penetras dentro
y reclamas mi piel
para calmar tu sed y mi lamento
Dicen que es innoble esta locura
Suenan gritos…, el lobo aúlla
Regurgita la bestia humana
Obtusos vocablos de fango y herida
Y una vez más; la prisa
Llegaré; hasta el quinto escalón
Y otra vez, seré
Enteramente mía
La historia se repite, día tras día
Me libero, encadenada a este juego
Juego, llamado vida
No hay tiempo que perder
Vuelan, desaparecen las horas
Y yo quiero sentir, como siento ahora
Amanecer en ti;
Gozosa de aquella ensoñación
Donde gemía la hembra
Y bramaba el varón
Donde la fortuna inquieta
Paraba las agujas del reloj
Y contemplaba nuestro lecho
Sed y hambre, haciendo el amor
Lo humano y lo divino retándole
Al cuarto, al tercero, al segundo
Al primero…
Para llegar en plenitud, a ese delirio
De lujuria y desvelo
Que aparece y nos llama
Coronando el último escalón.
Raquel Herrero
domingo, 16 de octubre de 2011
DESAHUICIOS ¿INMORAL?
DESAHUCIOS… ¿INMORAL?
Sucede en España, hoy, en pleno Siglo XXI. Bancas y Gobiernos, cómplices del dolor, del sufrimiento de los más desfavorecidos. La clase media baja, tal y cómo ellos denominan a una parte de esta Sociedad nuestra.
Se llama Ana, aunque podría llamarse, Pepa, o Juana. Lo cierto de esta historia es que una mujer que enviudó a los veinticuatro años, madre de dos hijas. Por las que lucho para sacarlas adelante. Mantuvo a sus hijas dignamente, con el sudor de su frente Con ese mismo sudor fue capaz de conseguir un hogar para ellas, una humilde vivienda de protección oficial que hasta hace apenas unas horas era de su propiedad.
Como cualquier madre, avaló con su pertenencia el crédito hipotecario que su hija había pedido para conformar su propia familia. Su propio hogar.
Las circunstancias de la vida, dieron al traste con el matrimonio conformado por su hija y yerno. Pero la hipoteca no entiende de situaciones que no sean financieras.
La ruptura del matrimonio, daría paso también a la quiebra de acuerdos firmados por ambos. Ella, tendría ahora que hacerse cargo de la deuda, puesto que su pareja, había desaparecido sin rendir cuentas.
Imposible llegar a cubrir tanto gasto. O llegaba un Milagro o la hija de Ana, perdería su vivienda. El milagro estaba en Ana, Viuda, Jubilada, con una pensión de cuatrocientos cincuenta euros mensuales, que ella ofrecía llorando para saldar una deuda de dimensiones inimaginables.
No alcanzaba. A su Banco no le valía, no le parecía suficiente y por ello. Con una orden Judicial. Desalojan primero a la hija de aquella vivienda que aun no había terminado de pagar y después sin el más mínimo pudor o remordimiento, con una nueva orden Judicial, desalojan a la madre de aquella vivienda, donde pasó su vida, sus pocas alegrías y sus muchos pesares. Vivienda de su propiedad.
Madre e hijas, se ven en la calle. ¿Inmoral?
Raquel Herrero
Sucede en España, hoy, en pleno Siglo XXI. Bancas y Gobiernos, cómplices del dolor, del sufrimiento de los más desfavorecidos. La clase media baja, tal y cómo ellos denominan a una parte de esta Sociedad nuestra.
Se llama Ana, aunque podría llamarse, Pepa, o Juana. Lo cierto de esta historia es que una mujer que enviudó a los veinticuatro años, madre de dos hijas. Por las que lucho para sacarlas adelante. Mantuvo a sus hijas dignamente, con el sudor de su frente Con ese mismo sudor fue capaz de conseguir un hogar para ellas, una humilde vivienda de protección oficial que hasta hace apenas unas horas era de su propiedad.
Como cualquier madre, avaló con su pertenencia el crédito hipotecario que su hija había pedido para conformar su propia familia. Su propio hogar.
Las circunstancias de la vida, dieron al traste con el matrimonio conformado por su hija y yerno. Pero la hipoteca no entiende de situaciones que no sean financieras.
La ruptura del matrimonio, daría paso también a la quiebra de acuerdos firmados por ambos. Ella, tendría ahora que hacerse cargo de la deuda, puesto que su pareja, había desaparecido sin rendir cuentas.
Imposible llegar a cubrir tanto gasto. O llegaba un Milagro o la hija de Ana, perdería su vivienda. El milagro estaba en Ana, Viuda, Jubilada, con una pensión de cuatrocientos cincuenta euros mensuales, que ella ofrecía llorando para saldar una deuda de dimensiones inimaginables.
No alcanzaba. A su Banco no le valía, no le parecía suficiente y por ello. Con una orden Judicial. Desalojan primero a la hija de aquella vivienda que aun no había terminado de pagar y después sin el más mínimo pudor o remordimiento, con una nueva orden Judicial, desalojan a la madre de aquella vivienda, donde pasó su vida, sus pocas alegrías y sus muchos pesares. Vivienda de su propiedad.
Madre e hijas, se ven en la calle. ¿Inmoral?
Raquel Herrero
NO MÁS PREGUNTAS
NO MÁS PREGUNTAS
Hay preguntas que mejor es no hacer
Respuestas que hacen llaga de la herida
No preguntes pues
Aunque alguna vez, intuyas mi agonía
Te doy excusas, lo sé
Mi cabeza es marabunta de porfías
Hago apuestas a un mundo que no ve
Que no sigue mi rumbo
Que por más que lo atraviese, ya lo ves
Todo, o casi todo resulta indiferente
Deja que escriba, deja que viva
Entre letras que resultan complacientes
No me juzgan, ni perturban, no me hieren
No me clavan alfileres
En el mismo punto de otras cicatrices
Sigo mi propia directriz
Consciente de la grandeza de otros nombres
Se bien, que no soy una Segades
Ni, un Cediel, ni Brindisi, ni Bonilla
Ni el admirado Revilla…
O, tantos otros que a mí me parece
Son, una maravilla
Más no lo pretendo, déjame ser
Qué más quisiera yo
¡Qué más quisiera!
Que poder alcanzar tanta frontera
Derruirla con mis propias manos
Crear un solo camino
Llevarte siempre a mi lado
Fundirme en ti, como se funden
El agua y el barro
Perpetuar el epitafio de un altar
En el que diga:
¡Ella, intentó llegar!
No más preguntas “por favor”
Es una deuda; que ahora no puedo saldar.
Raquel Herrero
Hay preguntas que mejor es no hacer
Respuestas que hacen llaga de la herida
No preguntes pues
Aunque alguna vez, intuyas mi agonía
Te doy excusas, lo sé
Mi cabeza es marabunta de porfías
Hago apuestas a un mundo que no ve
Que no sigue mi rumbo
Que por más que lo atraviese, ya lo ves
Todo, o casi todo resulta indiferente
Deja que escriba, deja que viva
Entre letras que resultan complacientes
No me juzgan, ni perturban, no me hieren
No me clavan alfileres
En el mismo punto de otras cicatrices
Sigo mi propia directriz
Consciente de la grandeza de otros nombres
Se bien, que no soy una Segades
Ni, un Cediel, ni Brindisi, ni Bonilla
Ni el admirado Revilla…
O, tantos otros que a mí me parece
Son, una maravilla
Más no lo pretendo, déjame ser
Qué más quisiera yo
¡Qué más quisiera!
Que poder alcanzar tanta frontera
Derruirla con mis propias manos
Crear un solo camino
Llevarte siempre a mi lado
Fundirme en ti, como se funden
El agua y el barro
Perpetuar el epitafio de un altar
En el que diga:
¡Ella, intentó llegar!
No más preguntas “por favor”
Es una deuda; que ahora no puedo saldar.
Raquel Herrero
PAPEL MOJADO
PAPEL MOJADO
Perdóname,
Si acaso ves este papel humedecido
Me siento sauce llorón,
de ramaje y tronco erguidos
Que hoy, al observarte se truncó
Se lastimaba de si mismo
De no haber nacido siquiera gorrión
Para entregar su vida, volando hasta tu nido
“Pobre árbol”, que otoñal, descolorido
Agoniza enraizado en su lugar
Discúlpame,
Si a mis versos no les ves sentido
Si no encuentras su imagen por doquier
Hubo cambio de estación y tengo frío
Otra vez se ha parado este reloj
Los cristales empañados,
Absorben todo este manantial
Que emana como gotas de rocío
Mientras la dermis comienza a tiritar
Quisiera salir de este lugar
Ser andariego, recorriendo los caminos
Llegar o no llegar, donde le plazca al destino
Huir, escapar, sentirme libre, soñar contigo
Quedar adormecido por toda la eternidad
Tanta veces he mirado al Cielo
Tantas quise ser viento, vendaval, brisa suave
Que dieran alcance a esta sed de amar
Que anduvo siempre perdida en los espejos
Reflejando su desnudo en soledad
Siento prematura esta vejez
Ajada la persistencia de mí empeño
No quise apropiarme de nada, bien lo se
Más no permitas que pierda ese mirar
de quien siempre sentí mi dueño.
Raquel Herrero
Perdóname,
Si acaso ves este papel humedecido
Me siento sauce llorón,
de ramaje y tronco erguidos
Que hoy, al observarte se truncó
Se lastimaba de si mismo
De no haber nacido siquiera gorrión
Para entregar su vida, volando hasta tu nido
“Pobre árbol”, que otoñal, descolorido
Agoniza enraizado en su lugar
Discúlpame,
Si a mis versos no les ves sentido
Si no encuentras su imagen por doquier
Hubo cambio de estación y tengo frío
Otra vez se ha parado este reloj
Los cristales empañados,
Absorben todo este manantial
Que emana como gotas de rocío
Mientras la dermis comienza a tiritar
Quisiera salir de este lugar
Ser andariego, recorriendo los caminos
Llegar o no llegar, donde le plazca al destino
Huir, escapar, sentirme libre, soñar contigo
Quedar adormecido por toda la eternidad
Tanta veces he mirado al Cielo
Tantas quise ser viento, vendaval, brisa suave
Que dieran alcance a esta sed de amar
Que anduvo siempre perdida en los espejos
Reflejando su desnudo en soledad
Siento prematura esta vejez
Ajada la persistencia de mí empeño
No quise apropiarme de nada, bien lo se
Más no permitas que pierda ese mirar
de quien siempre sentí mi dueño.
Raquel Herrero
DESARRAIGO
DESARRAIGO
Qué es el amor
Si no esta pena, encadenada al alma mía
La torre de un castillo amurallado
En cuya almena, queda escondida la pena
Esta pena, pena mía.
Qué es el amor
Si no sangre y espuela
¿Desde dónde se divisa?, ¿hasta dónde llega?
Su perfume, su melancolía, su esencia
Dama, de versos y quimeras
Qué es el amor
Si no duelo y condena
Savia virgen, de andrómedas hechiceras
Gestación dolorosa, prematura estela
No hay alcance, no hay ribera
Qué es el amor
Más que silencio y entrega
Baco embriagado, surtidor de la gema
Piedra preciosa, que engalana y puebla
Poemas que desgarran, que quiebran
Qué es el amor
Si no dulce amagado, opio que envenena
Vísceras con sabor a sal, huidas de la quema
Delirio, tortura y flema
Piel febril en un abril, sed de una sed perpetua
Fucsia, morado y gris, toda mi alcoba llenan
Qué es el amor
“Por dios”, ¡cerradle la puerta!
Raquel Herrero
Qué es el amor
Si no esta pena, encadenada al alma mía
La torre de un castillo amurallado
En cuya almena, queda escondida la pena
Esta pena, pena mía.
Qué es el amor
Si no sangre y espuela
¿Desde dónde se divisa?, ¿hasta dónde llega?
Su perfume, su melancolía, su esencia
Dama, de versos y quimeras
Qué es el amor
Si no duelo y condena
Savia virgen, de andrómedas hechiceras
Gestación dolorosa, prematura estela
No hay alcance, no hay ribera
Qué es el amor
Más que silencio y entrega
Baco embriagado, surtidor de la gema
Piedra preciosa, que engalana y puebla
Poemas que desgarran, que quiebran
Qué es el amor
Si no dulce amagado, opio que envenena
Vísceras con sabor a sal, huidas de la quema
Delirio, tortura y flema
Piel febril en un abril, sed de una sed perpetua
Fucsia, morado y gris, toda mi alcoba llenan
Qué es el amor
“Por dios”, ¡cerradle la puerta!
Raquel Herrero
VERSOS AL DESENFADO
VERSOS AL DESENFADO
Pensar en ti, es como cabalgar
A lomos de un potro desbocado
Sujetando la crin
No sea que por un desliz
Me vea a horcajas de un caballo alado
¡Ay!, “ pobre de mí”
Qué bebo los vientos que te llevan y traen
Que mi sustento, está en tu manantial
Que mi grial, dejó de ser sacramento
Y juro y perjuro, que será el final
De estos tiempos que no fueron buenos
Alejada siempre de mi libertad.
Pensar en ti, es como soñar
Un universo donde nadie habita
Más que tú, más que yo
Y esta pila de mármol y agua bendita
Que me indulta de pecados y pudor
Cuando acudes a la cita
Sin trenes, sin vías, sin estación
Viajando entre lamentos y risas
Subidos a una nube de algodón
Que nos aleja de cualquier prisa
Por apearnos de su vagón.
Pensar en ti, es como crear
Un manto de estrellas bajo la brisa
Caminar descalzos en su halo de luz
Ronronear despacio, desabrochar la camisa
Gozar palpando, degustar paladeando, besar
Ungir los labios, silentes de cualquier agravio
Morir mil veces y despertar
Dulcificando la vida, obviando el sonrojo
De vergüenzas paridas
Entregarse sin más, como se entregan
Las almas dubitativas
Pensar en ti…
Es una apuesta sin final.
Raquel Herrero
Pensar en ti, es como cabalgar
A lomos de un potro desbocado
Sujetando la crin
No sea que por un desliz
Me vea a horcajas de un caballo alado
¡Ay!, “ pobre de mí”
Qué bebo los vientos que te llevan y traen
Que mi sustento, está en tu manantial
Que mi grial, dejó de ser sacramento
Y juro y perjuro, que será el final
De estos tiempos que no fueron buenos
Alejada siempre de mi libertad.
Pensar en ti, es como soñar
Un universo donde nadie habita
Más que tú, más que yo
Y esta pila de mármol y agua bendita
Que me indulta de pecados y pudor
Cuando acudes a la cita
Sin trenes, sin vías, sin estación
Viajando entre lamentos y risas
Subidos a una nube de algodón
Que nos aleja de cualquier prisa
Por apearnos de su vagón.
Pensar en ti, es como crear
Un manto de estrellas bajo la brisa
Caminar descalzos en su halo de luz
Ronronear despacio, desabrochar la camisa
Gozar palpando, degustar paladeando, besar
Ungir los labios, silentes de cualquier agravio
Morir mil veces y despertar
Dulcificando la vida, obviando el sonrojo
De vergüenzas paridas
Entregarse sin más, como se entregan
Las almas dubitativas
Pensar en ti…
Es una apuesta sin final.
Raquel Herrero
A VECES
A VECES
A veces siento la vida rota
Cómo, se me escapa entre las manos
Cómo, siendo yo, he de ser otra
A veces no alcanzo, no comprendo
El devenir de las horas
Platicando en vano, ajustando el tiempo
Lustrando cada cristal,
mientras amainan los vientos
Y ese lamento que a mi pesar
Vaga errabundo, por aldeas y templos
Llamo a la cordura y, yo misma me abstengo
La duda me corteja y sin temor asiento
Me daña tanta pureza,
encubierta en los espejos
En esta vía láctea, caen las estrellas al suelo
Fenece la mirada culta
El rastrojo se hace heno
Llegan los himnos cobardes
De los que gritan al Cielo
Y un pésame señor exponen
Apuntalando a su clero
¡Desahucio para los pobres!
Eterna paz, para los muertos
La gran muralla se desquebraja
Y yo al temple me sostengo
Mientras mis miedos tiritan
Y ahogo el grito de adentro
La vida se va escapando
Entre túneles mugrientos
Tengo hambre de sentirte vida
Y vivo tengo, todo mi empeño.
Raquel Herrero
A veces siento la vida rota
Cómo, se me escapa entre las manos
Cómo, siendo yo, he de ser otra
A veces no alcanzo, no comprendo
El devenir de las horas
Platicando en vano, ajustando el tiempo
Lustrando cada cristal,
mientras amainan los vientos
Y ese lamento que a mi pesar
Vaga errabundo, por aldeas y templos
Llamo a la cordura y, yo misma me abstengo
La duda me corteja y sin temor asiento
Me daña tanta pureza,
encubierta en los espejos
En esta vía láctea, caen las estrellas al suelo
Fenece la mirada culta
El rastrojo se hace heno
Llegan los himnos cobardes
De los que gritan al Cielo
Y un pésame señor exponen
Apuntalando a su clero
¡Desahucio para los pobres!
Eterna paz, para los muertos
La gran muralla se desquebraja
Y yo al temple me sostengo
Mientras mis miedos tiritan
Y ahogo el grito de adentro
La vida se va escapando
Entre túneles mugrientos
Tengo hambre de sentirte vida
Y vivo tengo, todo mi empeño.
Raquel Herrero
sábado, 24 de septiembre de 2011
ESA MIRADA
ESA MIRADA
Me estremece esa mirada de arcoíris apagado
entre nubes rojizas, de un cielo quebrado
Se ausenta de mi ego, la inusitada terquedad;
La absurda creencia,
de que solo lo que vimos fue verdad.
¿Y qué, de lo que sentimos?
Acaso, sin rozar la piel, ¿no llegaron otras manos?
¿Acaso el temblor febril, en una noche de Abril,
no le dio paso a la entrega,
a las mil y una caricias, que vadeaban
con un mismo fin?
¿Y qué, de lo que sentimos?
¿Acaso, no llegó la lengua muda,
a humedecer esos labios?
¿No dejó su huella el nacarado marfil?,
mordisqueando una boca
en aquella noche loca…, noche de Abril.
Me estremece esa mirada, que le ha puesto fin
a la infinitud de dos estrellas en cruzada
Se rindieron las armas y, en esa quietud
No habrá noches que embelesen su alborada
Ni melódicos gemidos
que musite aquél laúd.
¿Y qué, de lo que sentimos?
¿Acaso, no se fundieron, fuego y escarcha;
frio y calor que anhelantes se buscaban?
Risas en el corazón y dádivas sorpresivas
Que dejaron de atender otra razón.
La muerte en Soledad se llenó de vida
¿Y qué, de esa mirada…?,
Reflejada en el espejo, a plena luz.
Raquel Herrero
Me estremece esa mirada de arcoíris apagado
entre nubes rojizas, de un cielo quebrado
Se ausenta de mi ego, la inusitada terquedad;
La absurda creencia,
de que solo lo que vimos fue verdad.
¿Y qué, de lo que sentimos?
Acaso, sin rozar la piel, ¿no llegaron otras manos?
¿Acaso el temblor febril, en una noche de Abril,
no le dio paso a la entrega,
a las mil y una caricias, que vadeaban
con un mismo fin?
¿Y qué, de lo que sentimos?
¿Acaso, no llegó la lengua muda,
a humedecer esos labios?
¿No dejó su huella el nacarado marfil?,
mordisqueando una boca
en aquella noche loca…, noche de Abril.
Me estremece esa mirada, que le ha puesto fin
a la infinitud de dos estrellas en cruzada
Se rindieron las armas y, en esa quietud
No habrá noches que embelesen su alborada
Ni melódicos gemidos
que musite aquél laúd.
¿Y qué, de lo que sentimos?
¿Acaso, no se fundieron, fuego y escarcha;
frio y calor que anhelantes se buscaban?
Risas en el corazón y dádivas sorpresivas
Que dejaron de atender otra razón.
La muerte en Soledad se llenó de vida
¿Y qué, de esa mirada…?,
Reflejada en el espejo, a plena luz.
Raquel Herrero
lunes, 19 de septiembre de 2011
LO BUSQUÉ
LO BUSQUÉ
Busqué su nombre en esta bendecida tierra
Lo busqué, en cada piedra del camino
En cada senda
Bajo el agua del caudaloso rio, en el hastío
de mis tardes somnolientas, lo busqué;
Desgastando mis suelas
Escalando la empinada roca. Delirando,
Tal vez loca…
Busqué la huella de lo que toca, su mirar,
sus andares, la palabra rota
Su cabello, su esfinge, su boca
Sí, lo busqué
En partículas de viento, en todo momento
Bajo el sauce entristecido, entre mis dedos
de frío, ateridos
En aquel invierno infernal. En primavera
Cuando las aves parecen regresar
Lo he buscado en las esperas, en la voz primera
En el aliento que su aliento me da
Entre ensueños y quimeras
Entre sábanas de raso. En mi triunfo
En mi fracaso
Al ocaso de Sol, a la luz de un farol
Entre risas y llantos, melodías y cantos
Notas ociosas de un viejo acordeón
Lo busqué, en inhóspitos lugares
Entre lagares
En la prisión donde duerme
lo que alguien condenó.
Entre gestos amables, en el fruto deseable
En el perfume de una flor
Lo busqué;
En el tiempo omnipresente, entre la gente
Y en este latido silente
Qué, agonizando siente, que busca un nombre
Que jamás existió.
Raquel Herrero
Busqué su nombre en esta bendecida tierra
Lo busqué, en cada piedra del camino
En cada senda
Bajo el agua del caudaloso rio, en el hastío
de mis tardes somnolientas, lo busqué;
Desgastando mis suelas
Escalando la empinada roca. Delirando,
Tal vez loca…
Busqué la huella de lo que toca, su mirar,
sus andares, la palabra rota
Su cabello, su esfinge, su boca
Sí, lo busqué
En partículas de viento, en todo momento
Bajo el sauce entristecido, entre mis dedos
de frío, ateridos
En aquel invierno infernal. En primavera
Cuando las aves parecen regresar
Lo he buscado en las esperas, en la voz primera
En el aliento que su aliento me da
Entre ensueños y quimeras
Entre sábanas de raso. En mi triunfo
En mi fracaso
Al ocaso de Sol, a la luz de un farol
Entre risas y llantos, melodías y cantos
Notas ociosas de un viejo acordeón
Lo busqué, en inhóspitos lugares
Entre lagares
En la prisión donde duerme
lo que alguien condenó.
Entre gestos amables, en el fruto deseable
En el perfume de una flor
Lo busqué;
En el tiempo omnipresente, entre la gente
Y en este latido silente
Qué, agonizando siente, que busca un nombre
Que jamás existió.
Raquel Herrero
sábado, 17 de septiembre de 2011
MEDITABUNDA
MEDITABUNDA
Quiero hablar;
De aquellos sentimientos que me habitan
Desde aquél lugar que mi memoria alcanza
Sostengo con rigor apasionado, con nostalgia
Aquellos, cuya sentida huella,
Quedó grabada en la piel, bajo la piel
Y en este músculo latente, que hizo frente
A la súbita muerte, descortés y falaz
Quiero contar
Que he caminado, por anchas avenidas
Por caminos bifurcados,
por sendas pedregosas, por atajos espinados
He caminado entre pétalos de rosa
y entre copas de vino amagado
He tomado la vid de la vida y el aire contaminado
He sentido cómo escuece la herida
Cómo duele si ahondan en la llaga
He visto sus cicatrices cubiertas de sal
Salmuera conservera, mientras la vida se va
Quiero decir
Que fueron mis pasos, titubeantes,
Que algo más tarde, aprendieron
Paso firme y hacia adelante, paso ligero
Llegaron otros pasos, que creo se perdieron
En algún momento, en algún lugar…,
esos pasos quedaron ciegos. O amarrados a un disfraz
O, encadenados a su carcelero.
Quiero creer
Que vivir son estaciones renovadas
Que he aprendido a tejer alegrías
Y a esconder, alguna que otra lágrima
Que amé y fui amada; Sin elección me abandoné
a esa entrega total que busca el alma
Qué he ardido en el averno de su cuerpo
Qué su mirada traspasó mi soledad
El, es mi abrigo en las frías madrugadas
Es, el sueño del que nunca desperté.
Raquel Herrero
Quiero hablar;
De aquellos sentimientos que me habitan
Desde aquél lugar que mi memoria alcanza
Sostengo con rigor apasionado, con nostalgia
Aquellos, cuya sentida huella,
Quedó grabada en la piel, bajo la piel
Y en este músculo latente, que hizo frente
A la súbita muerte, descortés y falaz
Quiero contar
Que he caminado, por anchas avenidas
Por caminos bifurcados,
por sendas pedregosas, por atajos espinados
He caminado entre pétalos de rosa
y entre copas de vino amagado
He tomado la vid de la vida y el aire contaminado
He sentido cómo escuece la herida
Cómo duele si ahondan en la llaga
He visto sus cicatrices cubiertas de sal
Salmuera conservera, mientras la vida se va
Quiero decir
Que fueron mis pasos, titubeantes,
Que algo más tarde, aprendieron
Paso firme y hacia adelante, paso ligero
Llegaron otros pasos, que creo se perdieron
En algún momento, en algún lugar…,
esos pasos quedaron ciegos. O amarrados a un disfraz
O, encadenados a su carcelero.
Quiero creer
Que vivir son estaciones renovadas
Que he aprendido a tejer alegrías
Y a esconder, alguna que otra lágrima
Que amé y fui amada; Sin elección me abandoné
a esa entrega total que busca el alma
Qué he ardido en el averno de su cuerpo
Qué su mirada traspasó mi soledad
El, es mi abrigo en las frías madrugadas
Es, el sueño del que nunca desperté.
Raquel Herrero
miércoles, 14 de septiembre de 2011
TAN SOLO, LO ADIVINO
TAN SOLO, LO ADIVINO
Una palabra, una expresión,
un concepto primitivo, una razón
Un motivo que motiva, un verbo
que nombra, que nace en la sombra;
Que oculto se acuna
en el mismo centro de tu corazón
Un átomo invisible, un señuelo,
una prisión
Un pájaro que vuela libre, una condena
Una pena, un dolor
Un tamiz, un tapiz, un deseo, un color
Una audacia en la noche, un derroche
El canto alegre de mi ruiseñor
Un huella perseguida, una herida
La elegía del veto, el duro reto
La quimera y fantasía
Alegoría de tantos desencuentros
Cuento, simple. Simple cuento
Invento que atajando soledades requería,
gritar silencios, callar verdades
Alzar júbilos al viento, vendimiar los olivares
Damisela que canta a Cupido y sus bondades
La flecha sin tino, marcando un destino
Desamor en los lagares, cosechas de ácido vino
¿Qué es el amor?, ¿alguien lo sabe?
Yo, tan solo lo adivino…
Raquel Herrero
Una palabra, una expresión,
un concepto primitivo, una razón
Un motivo que motiva, un verbo
que nombra, que nace en la sombra;
Que oculto se acuna
en el mismo centro de tu corazón
Un átomo invisible, un señuelo,
una prisión
Un pájaro que vuela libre, una condena
Una pena, un dolor
Un tamiz, un tapiz, un deseo, un color
Una audacia en la noche, un derroche
El canto alegre de mi ruiseñor
Un huella perseguida, una herida
La elegía del veto, el duro reto
La quimera y fantasía
Alegoría de tantos desencuentros
Cuento, simple. Simple cuento
Invento que atajando soledades requería,
gritar silencios, callar verdades
Alzar júbilos al viento, vendimiar los olivares
Damisela que canta a Cupido y sus bondades
La flecha sin tino, marcando un destino
Desamor en los lagares, cosechas de ácido vino
¿Qué es el amor?, ¿alguien lo sabe?
Yo, tan solo lo adivino…
Raquel Herrero
domingo, 4 de septiembre de 2011
“CÓMO TE TEMO”
Cómo te temo palabra, cómo te temo
Cómo temo a este silencio que me embarga
Prefiero mil veces a un águila voraz
Al viento que ruge y se agita en la tormenta
O, a las bravías olas que embisten en la mar
Alguna vez tuve temor de dios
Tuve miedo de mi desnudez, miedo a la muerte
O, la vejez.
Miedo a penetrar en mi morada, miedo de él
Tuve miedo de dormir callada,
de aquel grito en la garganta
Que nunca pronuncié.
Tuvo miedo, mi alma desangelada
Tuvo miedo mi niñez
Y hoy te temo palabra
Guadaña que hacía mí misma lancé
Desnuda de anarquías o marañas
Fuiste como lengua extraña
Dejando mi boca coagulada de sed
Y desde esta mudez
Se lapidaron muertos que la memoria empaña
Ríos de roja tinta derramaron su ayer
Y te llamo en silencio cada madrugada
Y tú, palabra que me diste tu palabra
Dime, cómo de mi encarnadura
Arranco tu figura
Si la palabra engaña y desde esta España
Temo decir palabras que me maten otra vez.
Raquel Herrero
viernes, 2 de septiembre de 2011
INFLUENCIA DE SABINA II, “Tanto que, no conté”
INFLUENCIA DE SABINA II, “Tanto que, no conté”
Tanta historia que aun no conté
Tanto cuento infernal, con murallas
abruptas de arena y de cal
Tanta sal en los ojos que ayer fueran mar
donde pude mirar el sol amanecer
Sin dañarme la piel sin quebrarse el disfraz que apañé
Para ser admirada en la playa de piras y pirañas,
que danzaban hasta enloquecer.
Fue ayer, con bikini de rayas y una cita a las tres,
en la que me acompañas; hasta el amanecer.
Me dormí, suspirando por su filigrana
Su imagen que empaña mis versos de sed
Y otra vez, vamos a la deriva…
En esta tabla esquiva de mi timidez.
Sonreiré, si me alegras la vida
Con el ancla que anida en un puerto de barcas perdidas
Donde toda diatriba se resuelve al querer
Izar velas al viento y, a contraviento;
Navegar otra vez.
Quiero ser, de tu ser, la pirata o corsario
Lamiendo las cuentas del viejo rosario
De ese dios que inventé, imitando al sagrado
Al que acuden los necesitados, los hambrientos de fe
El enfermo de amor exiliado, el viejo amargado
que ha perdido su aquél y pretende ser exonerado
pidiendo clemencia para Lucifer
Dónde fue, que enlazadas tus manos, mis manos
Decidimos nadar, en un mar agitado, hasta que
Me soltó de la red y emigró, como pájaro alado
Y sentí perpetrar el dolor, en este, mi costado
Y me ahogué en ese mar…,
de un amar sin amor que quedó naufragado.
Raquel Herrero
VEN ENTONCES
VEN ENTONCES
Tengo preparado mi equipaje
Mi traje de piel, su forraje
Que para entonces ha de ser
Suave blonda de algodón
Ligera como el aire
Sé, donde queda la última estación
Ese último adiós
Que ya no escucha nadie
Pero antes; quiero sentir la vida
Quiero que ella me aguarde
Entre sus alas quizá ralas, cobijarme
No es necesario volar
Para que llegues en esta tarde
Tarde, que suma a la suma de otras tardes
Tarde, donde la lluvia deje de mojarme
Estoy segura, tranquila, confiable
Me eximen de culpas dos calas gigantes
Aquellas que guardaron el exilio de la carne
la que fue manjar, de dientes encomiables
Hoy, me redime lo no condenable
Usurparon una niñez, de nada soy culpable
Creció la niña, parió su hambre
Ser vida, ser mujer, ser alguien
Si de mi entrega recojo, semilla en los trigales
Una flor con la esencia de mi fe constante
Si recojo, el recuerdo de un amor
Entregado a raudales
La vida será plenitud
Ven entonces, dama enlutada
Ven…, ven a buscarme.
Raquel Herrero
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