sábado, 12 de diciembre de 2009

TE DECANTO VIDA





TE DECANTO VIDA


He perfilado tus labios
Con el extremo de mi lengua
He acariciado tu rostro
Con estas manos de mujer etérea
He besado tu frente y te he mirado
Con la sonrisa puesta
Mientras mis labios resbalaban
Suavemente por tu boca,
Tus pómulos, Tu cuello,
Tu desnudo torso incandescente.
Te he amado como ama una mujer que ama,
¡Sinceramente!
Recorriendo tu cuerpo despacio, serenamente,
Palpando cada fibra, cada poro,
Cada curva y recodo, cada pliegue
¡A mi modo!
Mis dedos juguetones,
Se fueron colando como ladrones
Para gozar de tu sexo,
De tu miembro elevado, suave y terso
Húmedo, cálido, sediento…
Me he perdido en este paraíso,
Tan tuyo, tan mío, tan nuestro
Y he parado el reloj de la vida
Por unos momentos
Para sentir este amor, este fuego,
Que quisiera hacer eterno
Nada importa, nada quiero, nada espero,
más que llenarme de ti y susurrar en tu oídos…
¡Te quiero, te deseo!
Oh¡¡
Que nadie se atreva a privar mi libertad,
A evitar que mis deseos, sean pura realidad.
Contenido, continente,
Ese fulgor que ha nacido diferente
Ansioso…
Entretejido en las entrañas de mi vientre
Espasmos de felicidad que fluyen
Bajo mi pubis ardiente
Ríos de plata, afluentes de miel,
Entre mis muslos y tu piel
Te esperaré, sí, te esperaré…
Mis cóncavas humedades,
Serán la fuente para tu sed.

Raquel Herrero

viernes, 27 de noviembre de 2009




SUCEDIÓ


He debido de quererte mucho
He debido de quererte tanto
Qué en cada ausencia y silencio
Brotaban enrojecidas
Las lágrimas de mis ojos
He debido de extrañarte mucho
He debido de extrañarte tanto
Que punzantes alfileres
Se clavaron en mi pecho
Innumerables amaneceres
He debido de pensarte mucho
He debido de pensarte tanto
Que hasta del alma arrojaba
Como vómito incesante
Mi dolor y mi quebranto.
He debido de amarte mucho
He debido de amarte tanto
Que he quedado muda y ciega
Mis venas se paralizaron
Y siento que la muerte llega.


Dime amor antes de irme
Si en algún momento acaso
Tú sentiste esas mismas huellas.

Raquel Herrero

-EL MILAGRO DE TAREK-





"El milagro de Tarek"


En un lugar del mundo llamado Abisinia, había un hermoso palacio en el que vivían protegidos por sus guardianes los reyes Sharif y Laila. Estos tenían una hermosa hija llamada Nayat, princesa de Abisinia.
Los habitantes de Abisinia estaban felices con sus Monarcas que se preocupaban por el pueblo e intentaban que a ninguno de ellos le faltara trabajo para mantener a sus familias. Sin embargo, la felicidad no era completa, un hombre llamado Sattan, que envidiaba al rey por no ser tan poderoso, no les dejaba vivir en paz.
Sattan era un rico mercader que consiguió su fortuna robando y engañando a la gente de buena voluntad, que le compraba alfombras y otros enseres a plazos porque no tenían tanto dinero como él. Sattan dejaba que los pobres se llevaran lo que necesitaban, pero cuando iban a pagarle los plazos, les decía que habían tardado mucho en ir a pagar y entonces les cobraba el doble de lo que valía amenazando con prender fuego a sus casas y hacer daño a sus familias, si no pagaban.
Aunque poseía mucho dinero, Sattan no se conformaba y quería llegar mucho más lejos. Su sueño era hacerse con el palacio, derrotar a sus reyes y ser él quien gobernase al pueblo Abisinio. Para conseguirlo, utilizó gran parte de su fortuna y compró los servicios de todo un ejercito de soldados dispuestos a obedecerle sin rechistar a cambio de recibir altas sumas de dinero.
Sattan, cuyo nombre significa, Filo de espada, estaba dispuesto a utilizar su espada y matar, si fuera preciso, al que era su rey, pero no contaba con qué Sharif, el verdadero rey, tenía muchos aliados y además contaba con todos los habitantes del pueblo, que le querían y no dudarían en coger las armas para defender al rey y a su familia.
Mientras, la amenaza de Sattan tenía preocupados a nobles y plebeyos, sabiendo que éste cualquier día cumpliría la misma.
Pero en palacio, había alguien ajeno a todo esto.
La princesa Nayat, como joven que era, sólo pensaba en divertirse y ser feliz. No era consciente en absoluto del peligro que corrían ella, sus padres y todo el pueblo de Abisinia.
Aunque recibía una educación severa y muy estricta, con unas normas a seguir que bajo ningún concepto podían saltarse, ella se las ingeniaba para de vez en cuando hacer lo que le daba la gana.
Tenía completamente prohibido salir sola fuera de la fortaleza del palacio pues, aunque ella lo ignoraba, su vida corría peligro. Siempre tenía guardianes a la puerta de su dormitorio, por lo que salir de allí sin ser vista le resultaba muy complicado.
Nayat lo sabía y como era muy inteligente convenció a su niñera de toda la vida que ahora se había convertido por expreso deseo de sus padres en su institutriz y también en su confidente y amiga. Le pidió que le ayudara a salir de palacio sin ser vista.
Ambas decidieron que lo mejor era salir disfrazada de criada para que nadie la reconociese, pero tendría que burlar a los guardianes que custodiaban la puerta, luego por ahí no podía salir.
Nayat salió al balcón y decidió que saltaría uno por uno los balcones de palacio hasta llegar a las cocinas del reino que no eran vigiladas.. Desde allí se podía acceder fácilmente a un enorme huerto siempre sembrado con toda clase de hortalizas y verduras, en cuyos caminos se alzaban majestuoso, grandes árboles frutales que cubrían su hermoso y estilizado cuerpo protegiéndola de miradas indiscretas. Al final del arriesgado recorrido y ya fuera de peligro, su fiel niñera la esperaba sujetando las riendas de un bello caballo blanco de crines rojizas, de nombre Alazán, al que Nayat había cuidado con esmero y que por tanto, sería sin duda su mejor compañero de aventuras. Dispuesto a llevársela a galope si en algún momento se encontrara en algún apuro.
Con esa confianza y seguridad, la princesa abandonaba de vez en cuando su palacio y bajaba a lomos de su caballo hasta el lejano pueblo. Una vez allí, se perdía caminando por sus callejuelas como una más de sus habitantes. Visitaba el mercado, compraba lo que le apetecía en cada momento y charlaba con sus gentes sin que nadie sospechara que ella era nada menos que la hija de los Monarcas Sharif y Laila.
Antes de que la noche se echara encima, la princesa Nayat volvía a su palacio del mismo modo que lo había abandonado y nadie excepto su fiel niñera sabía de su secreto.
La princesa disfrutaba cada vez más con sus escapadas de palacio, por lo que estas eran cada vez más continuas. En una de ellas, recorriendo el gran mercado de Abisinia, se paró en uno de los muchos puestos que habían y se quedó unos minutos observando sus productos.
Era un puesto magnífico, seguramente el mejor de todos los que ella había visitado hasta ese momento. Cachimbas, alfombras, chilabas, muebles decorativos, espejos…en fin un gran numero de enseres que llamaron su atención.
No había demasiada gente comprando, por lo que la princesa Nayat se recreó a sus anchas mirando todo lo que le gustaba. Hasta que encontró en la misma esquina del puesto una colección de collares, pendientes, anillos y pulseras de madera algunos y otros de marfil. Todos labrados a mano con un vistoso a la par que hermoso colorido. Como princesa caprichosa que era, eligió los que más le gustaban y levantó la mirada buscando al dueño del puesto. No tuvo que buscar, porque un joven y apuesto mercader estaba justo frente a ella esperando a que eligiera su compra y a la vez admirando la belleza de una joven que hasta ese día él no había visto.
- ¡Buenos Días, señor! - le dijo Nayat - ¿Sería tan amable de decirme qué valen estos collares?
Yusef que, así se llamaba el mercader, contestó:
- Ojalá te los pudiera regalar, pues seguro que colgados en tu cuello lucirían mucho mas, pero me temo que mi padre me mataría y siento decirte que son muy caros para que una sirvienta como tú pueda comprarlos. Lo siento mucho concluyó Yusef.
Nayat, lejos de incomodarse por lo que Yusef le había dicho, y puesto que no podía rebelar su identidad, sólo se le ocurrió reír de buena gana para después contestar al mercader.
- ¡Bueno, es cierto que soy una sirvienta, pero tengo unos ahorros que quizás sean suficientes para pagar lo que me pidas!
Sirvienta y mercader charlaban animadamente y no se percataron de la llegada de un hombre de aspecto serio que sin mediar palabra, recriminó al joven por, según él, tener desatendido el puesto. Este hombre era el famoso Sattan, padre del joven mercader Yusef . Aunque todo el mundo le conocía, la princesa no sabía nada de aquel hombre, y mucho menos de que se tratara del enemigo número uno de sus padres. Así pues, sin ningún temor optó por defender al joven que estaba siendo tan amable con ella.
- Disculpe, señor, no regañe al muchacho, él simplemente estaba atendiendo a mis preguntas.
- El tiempo es oro, jovencita - contestó Sattan - y no se puede perder a no ser que quieras comprar algo.
- Bien, pues dígame, ¿qué valen estos collares?
- Trescientos Dirhams - contestó un poco airado el dueño de todo aquello -. Si quieres, puedes pagarlos a plazos.
Nayat, aún teniendo dinero suficiente, aceptó la oferta de Sattan pensando que así podría volver más veces para ver y charlar con el hijo del mismo.
Así fue como la princesa encontró motivo justificado para cada semana bajar de nuevo al pueblo.
Fueron pasando las semanas y Yusef cada vez que veía a Nayat se sentía más prendado de su hermosura por lo que, haciendo acopio de valor, se dirigió a la joven y le dijo que era muy hermosa y que le gustaría poder salir a pasear con ella. Nayat entonces contestó:
- Tú también eres hermoso, claro que me gustaría salir contigo, pero una princesa como yo no debe tener relaciones con gente plebeya. ¡Mi padre me mataría!
Yusef pensó que estaba de broma, pues él siempre la había visto vestida con el uniforme propio de las sirvientas y para él, Nayat era simplemente eso: una joven y bella sirvienta. Se le ocurrió contestar:
- ¡Tú eres mi princesa! Yo cuidaré de ti como tal. Claro, si tú me aceptas.
- Bien, estaré encantada de ser tu princesa.
Ambos se echaron a reír y a partir de entonces, sin que ella le contara nada más, comenzaron a salir juntos y se fueron enamorando el uno del otro.
Mientras ellos vivían una fantástica historia de amor, en el palacio de Abisinia, el rey Sharif mantenía reuniones continuas con sus consejeros y lacayos para conseguir de algún modo acabar con los enfrentamientos que durante años había sufrido su pueblo contra el terrible Sattan y su poderoso ejercito.
En ello estaban cuando uno de sus guardianes llamaba insistentemente a la puerta.
El guardia traía un mensaje escrito de puño y letra por el mismísimo Sattan. El mensaje decía:
Sharif, rey de los Abisinios. Te doy la última oportunidad para evitar que mi ejercito y yo mismo arrasemos con todo tu pueblo y tanto tú como ellos podáis vivir en paz.
Para conseguirlo, sólo quiero que me concedas para mi hijo Yusef, la mano de tu preciosa hija. Una vez desposados, mi hijo será tu sucesor, y tanto tu esposa, la reina, como tú mismo, viviréis cómodamente y sin problemas alejados de palacio sin que nadie os moleste jamás.
Es mi última palabra. Si no lo aceptas, te juro por el Dios Alá que destruiré tu pueblo y prenderé fuego a tu palacio cualquier noche mientras tu esposa , tu hija y tu mismo durmáis plácidamente.
Tienes un mes para darme la respuesta, o te aseguro que cumpliré mi amenaza sin miramiento alguno.
Sharif leyó atentamente el escrito, convencido de que Sattan cumpliría todas y cada una de sus amenazas si no accedía a su propuesta.
Consultó la propuesta de Sattan con sus consejeros y también con su esposa la reina Laila y después de horas de meditación, decidieron por el bien de su pueblo entregar a su hija como esposa de Yusef para evitar males mayores.
Sharif y Laila siempre habían pensado en casar a su hija con un príncipe que llevara como ellos sangre real, pero Sattan no les dejaba otra opción.
Esa misma noche, mientras cenaban con su hija, comunicaron a la misma su decisión. No le dieron opción para que fuera ella quien eligiese al hombre de su vida. Como princesa, no le quedaba más remedio obedecer a sus monarcas, aunque estos fueran sus propios padres.
Por primera ver en su vida, Nayat se sintió la mujer más infeliz del mundo. No pudo reprimir sus lagrimas y desconsolada, pidió permiso para retirarse a sus aposentos. Una vez allí, contó a su fiel niñera lo que le había pasado y le advirtió que jamás se casaría con un desconocido, porque ella estaba enamorada de un joven mercader con el que estaba dispuesta a huir si sus padres la obligaban a casarse con otro hombre. De nada le sirvieron los consejos que su niñera quiso darle pensando en que lo mejor que podía hacer era obedecer, casarse con el hombre que habían elegido para ella y olvidarse de su mercader para siempre.
Durante toda la noche, estuvo planeando su escapada de palacio dispuesta a no volver jamás. Sabía perfectamente cómo salir de allí sin ser vista, por lo que una vez recogidos sus enseres personales huyó a lomos de su fiel corcel.
Todo esto sucedía en palacio mientras Sattan comunicaba a su hijo las intenciones de hacerle rey uniéndole por la fuerza a la princesa Nayat.
Yusef no era como su padre, él era bueno y honrado. Carecía de la avaricia desmedida de su progenitor. No necesitaba para nada el poder, sólo necesitaba el amor de aquella humilde sirvienta por la que estaba dispuesto a dar la vida. Sin embargo, no se atrevía a contradecir a su padre, le conocía bien y sentía cierto temor en su presencia.
De cualquier modo, Yusef tampoco estaba dispuesto a obedecer a su padre casándose con una mujer a la que ni conocía ni amaba por muy princesa que fuera.
Yusef y Nayat tomaron la decisión de mantener su amor a toda costa y así lo hicieron, huyendo juntos sin decirle nada a nadie. Tampoco se contaron quiénes eran en realidad ni lo que sus familias pretendían hacer con ellos. Simplemente marcharon decididos a vivir su amor en otro lugar.
No se imaginaban que con su decisión provocarían entre los suyos feroces enfrentamientos.
Por un lado, los reyes de Abisinia con la extraña desaparición de su hija, pensaron que Sattan, el cruel y malvado Sattan, la había secuestrado para hacerles todo el daño posible. Pero por otro lado, Sattan pensaba lo mismo respecto a la desaparición de su hijo Yusef estaba convencido de que había sido secuestrado por el ejército de los monarcas y de que lo tenían retenido en palacio para vengarse de él.
Ninguno de ellos creía en la palabra del otro, por lo que ambos, con sus soldados bien preparados, iniciaron una terrible batalla sin sentido en la que morían miles de personas inocentes cada día. Aquello no parecía tener fin, el deseo de venganza de ambos era desmedido, hasta tal punto que llevaban un año entero luchando y ni Yusef ni Nayat aparecían por ningún lado. Todos los pueblos del reino de Abisinia se iban implicando en el conflicto, las bajas eran muy grandes y el rey ordenó a nobles y plebeyos luchar si era necesario hasta morir.
Así fue cómo un día Nayat y Yusef, que vivían en uno de los pueblos más alejados de Abisinia, se enteraron del tremendo conflicto que mantenían sus familias.
Hasta ese día ellos habían sido muy felices y cómo fruto de su amor, nació el pequeño Tarek. Hasta entonces, ninguno de los dos había confesado al otro quién eran verdaderamente, pero se dieron cuenta que había llegado el momento de decir la verdad.
Fue Nayat la que, con el pequeño Tarek en sus brazos, le dijo a Yusef:
- Yusef, amor mío, ¿recuerdas cuando me decías que yo era tu princesa?
- ¡Claro que sí, Nayat, tú serás siempre mi princesa!
- Así es, amor mío. Nunca quise decirte quién era en realidad por que tenía miedo de que entonces no me quisieras, pero yo soy Nayat, hija de Sharif y Laila, los reyes de Abisinia. Huí de Palacio porque querían obligarme a casar con el hijo de un rico y malvado mercader llamado Sattan, que al parecer quería a toda costa destronar a mi padre y que su hijo fuera el sucesor y a la vez mi esposo.
- ¡Amada mía! Yo también tengo algo que decirte. ¿Recuerdas a mi padre, ese hombre que en una ocasión te vendió los collares que llevas a plazos?
- Claro, cariño, lo recuerdo perfectamente.
- Bien, pues ese hombre es al que tu llamas malvado mercader y cuyo nombre es Sattan, es mi padre. Yo soy el hijo de Sattan. Mi padre también me quería obligar a casar con la hija de los reyes de Abisinia, pero yo sólo te amaba a ti, por eso no te dije nada, pues la maldad de mi padre te haría huir de mí para siempre.
Ambos entonces se abrazaron fuertemente derramando lágrimas de felicidad y a la vez de pena al darse cuenta de que al no haber sido sinceros el uno con el otro, habían provocado sin intención una guerra que quizá, si hubieran aceptado las ordenes de sus progenitores, hubieran evitado.
Tenían que hacer algo para que aquella absurda batalla terminase. Debían y querían conseguir que las familias de ambos hicieran las paces, devolviendo a su pueblo la felicidad perdida hacía ya demasiado tiempo.
Yusef y Nayat empaquetaron sus enseres, cogieron a su bebé y emprendieron el camino de regreso al pueblo de Abisinia.
Después de días de camino, llegaron al atardecer a su pueblo natal, casi no lo reconocieron. A cada paso que daban sólo encontraban edificios derruidos, gentes desoladas y perdidas, entre sus calles estrechas y empinadas, sin saber a dónde ir. Niños llorando de hambre y frío, muchos de ellos solos o acompañados de mujeres que derramaban lágrimas y gritaban el nombre de su Rey, al que pedían terminase con aquella tragedia.
Nayat y Yusef sintieron entonces un profundo dolor, dolor que su pueblo estaba padeciendo y del que ellos se sentían responsables aún que no fueran ellos los culpables sino sus padres, que por diferentes motivos provocaron una guerra cruel, injusta, sin ningún sentido y que jamás arreglaría ningún problema por grande que fuera este. En la guerra no hay vencedores ni vencidos, nadie gana, todos pierden. Pierden padres, hermanos, hijos, amigos, pierden sus hogares, sus puestos de trabajo, pierden su pan de cada día, pierden su paz y su felicidad, lo pierden todo a cambio de nada.
Nayat y Yusef pensaron con rapidez en la única solución posible para poner fin al conflicto. Ambos miraron al niño que tenían en sus brazos y creyeron que él, el pequeño Tarek, sería la salvación para todos.
Junto a su bebé, se encaminaron a palacio decididos y confiados. Cuando llegaron, Nayat entró a los aposentos de sus padres. Contó su historia de principio a fin y, después de pedir perdón por el daño que su huida hubiera causado, mandó entrar a Yusef con su hijo en los brazos. Por primera vez en mucho tiempo, los reyes se sintieron felices e ilusionados con su nieto y con la vuelta a palacio de su hija. Nayat dijo entonces:
- Amados padres, no voy a quedarme con vosotros. Mi esposo, nuestro hijo y yo, nos marcharemos ahora mismo y siento deciros que no volveréis a ver a vuestro nieto hasta que no consigáis hacer las paces con Sattan, porque ahora él al igual que vosotros tiene un nieto que lleva la misma sangre. Todos seremos una gran familia y juntos conseguiremos que nuestro pueblo vuelva a vivir en paz.
- ¡Está en vuestras manos!
Sin decir una palabra más, salieron de palacio dirigiéndose al hogar de Sattan.
En esta ocasión fue Yusef quien entró solo en la casa de su padre, dispuesto a enfrentarse a él de una vez por todas. Sattan siempre pensó que a su hijo lo habían secuestrado, por lo que al verle imaginó que su ejército por fin habría conseguido liberarle.
Yusef le contó la verdad de la historia e hizo pasar rápidamente a su esposa e hijo, antes de que a Sattan le diera tiempo de reaccionar.
Por primera vez en la vida este hombre, egoísta y malvado, se vislumbró un rayo de ternura al ver a su nieto. Le cogió en brazos y lloró como si fuera un niño.
Se le veía feliz cómo jamás en la vida, por lo que Yusef aprovechó el momento y le dijo:
Padre, este niño lleva tu sangre, pero también lleva la sangre de los reyes Laila y Sharif, ellos son sus abuelos al igual que tú, por lo que te pido que hagas las paces con ellos para que todos juntos podamos ser una gran familia. De otro modo, si no accedes, Nayat, nuestro hijo y tu nieto, y yo nos marcharemos y no volverás jamás a verlo. ¡En tus manos está!
Sin decir ni una palabra más, salieron de la casa.
Los futuros reyes de Abisinia, se dirigieron entonces a la plaza del pueblo y allí se quedaron esperando que ocurriera el milagro.
El sol estaba a punto de perderse en el horizonte cuando dos jinetes a lomos de sus caballos galopaban a lo lejos en dirección a donde ellos se encontraban.
Detrás de los jinetes, una enorme polvareda les hizo presagiar que no venían solos, sino con un enorme ejercito detrás.
En un principio, Yusef y Nayat se asustaron abrazándose a su hijo con la intención de protegerle. Pero rápidamente, se dieron cuenta de que aquellos hombres a caballo eran el rey Sharif y el famoso mercader Sattan.
Ambos habían hecho las paces y juntos fueron a buscar a su nieto al que no querían perder por nada del mundo.
Arrodillados ante sus hijos, pidieron perdón y juraron por su Dios Alá que devolverían la paz a su pueblo. Juraron que repartirían sus bienes para que ninguna familia pasase hambre de nuevo y nombraron a Nayat y Yusef reyes de Abisinia. Desde ese momento y en adelante, sólo querían ejercer como abuelos. Abuelos del príncipe Tarek que con su inocencia, había conseguido el milagro.

Y colorín, colorado este cuento se ha terminado.
¡Felices sueños!


Raquel Herrero Alverola

jueves, 26 de noviembre de 2009

ROSA DE LOS VIENTOS





ROSA DE LOS VIENTOS

Seducida por el compás de aquellos versos
Con la mirada de sus ojos lacrimosa
Persiste incrédula ante la negativa
De no poder escuchar las voces interiores
De aquella, tan sutil y hermosa rosa
Rosa de los vientos que grácil y generosa
Llegaba al embeleso con ésa su candidez
Primorosamente ¡hermosa!
¿Donde quedaron aquellas voces, donde
La semilla que germina su sustento?
¿Quien pudo ser tan inhumano, quién?
Para arrancar de golpe las suaves caricias
Que tuvo entre sus manos.
Quién, como y porqué le robó de modo extraño
La suavidad de la piel.
Oh¡¡ Creador del Universo, de lo infinito y lo
Finito; dime: Qué hice yo para tener que soportar
Tanta fuga a la cruda realidad de éste, ¡mi tormento!
Fuera tal vez la fatalidad, por nacer, por crecer,
Por soñar, por vivir… tan profana y alejada
De la rosa, “mi rosa” rosa de los vientos
Porque tu sabes, sí, tu bien lo sabes;
Que yo la siento cerca mío, que yo la quiero,
Que la llevo muy adentro…
Y ahora la busco, la busco pero no la encuentro
Los versos se alejaron y queda solo el silencio
De unos ojos que derraman lacrimosos
Tan triste y doloroso ¡desencuentro!

Raquel Herrero

domingo, 22 de noviembre de 2009

INDIFERENCIA





INDIFERENCIA

Es curioso como va dejando huella
la imprevisible huella de la indiferencia
Astuta y cruel consejera. Sutil a tal manera
que llega matando sueños y quimeras
Sentimientos que amarrados en el pecho
testimoniaban fidelidad a manos llenas
Se hizo paso…, Paso a paso sin clemencia
y fue dejando rastro de su indolencia
De tal modo, que como viento huracanado
lo arrasó todo, todo quedó en vano

La tierra que antes fuera fértilmente generosa
es ahora; tierra cenegada, árida, escabrosa
Ya no habitan primaveras candorosas,
ni pájaros azules que alegren con su trino
la fresca alborada, precedida de la aurora
No, ya no queda ni huella…
Se instaló la indiferencia poderosa
y extendiendo su manto de arpillera
Al cobijo de una noche de traiciones
Se la llevó… sí, se la llevó
¡¡También a ella!!

Raquel Herrero

viernes, 20 de noviembre de 2009

A TU LADO





A TU LADO

A tu lado puedo imaginar
Esa luz del nuevo día
Conquistar el mundano corazón
La mirada transparente
La sonrisa perdida
A tu lado, soy capaz de crear
Un universo a mi medida
Soy capaz de sonrojarme, de sonrojar
Cada pétalo de aquella rosa prendida
Sí, lo soy, a tu lado vida mía.

A tu lado, volver a soñar
Es mi punto de partida
Ahogar cada pena, taponar la herida
Dejarte entre las líneas
La savia de mi vida
Quererte si me lo permites
Un poco más cada día
Y todo por que a tu lado;
Cada fracaso fue una mentira
La distancia cuerda floja
Y la angustia desolada
Una triste pesadilla

A tu lado vida mía
Las horas parecen pocas
Para gozar de tu compañía
Porque no quiero gritarle al mundo
Lo mucho que te quería.


Raquel Herrero

jueves, 19 de noviembre de 2009

POR ENTONCES



POR ENTONCES

Aquella Navidad, sería sin duda alguna, una de las peores Navidades de mi vida.
Era incapaz de acostumbrarme a la no presencia de mi madre. Por vez primera ella no estaba entre nosotros. Con sus hijos, yernos, nueras, nietos y bisnietos. Ese ángel de la guarda que durante toda la vida nos hubo protegido con inmenso cariño, se hallaba ahora desvanecido, flotando en algún lugar del espacio infinito, fuera de nuestro alcance.
El dolor se hacía por momentos insoportable, aprender a vivir nada más que con su esencia, con sus recuerdos, no era nada fácil.
El corazón soportaba intermitentes espasmos, el musculo dañado en lo más profundo se encogía de dolor, tiritaba de frío… pero ya no había gabán que cobijase y abrigara a tan desolado corazón.
Sin embargo la vida continuaba, el tic tac de aquél reloj colgado en la pared marcaba cada minuto, cada segundo de un tiempo que hace girar y girar al mundo con un mismo destino final.
La Dama negra una vez más había dejado su huella imborrable en ése tiempo, pero la vida continuaba sin dar un solo paso hacia detrás.
Desde siempre esta época Navideña tuvo para mí una motivación especial. Momentos de encuentros y reencuentros con la familia, momentos especiales en los que dejamos aparcados la cotidianidad de los días, los horarios, el estrés y hasta somos capaces de obviar rencores, envidias, malicias, mostrando el lado más amable y generoso que tenemos.
Así debiera ser durante todo el año, pero no se muy bien el motivo son en estas fechas, cuando algún hada, duende o brujita compasiva, nos visita, nos envuelve y nos permite sacar a la luz nuestro lado más humano.
Siendo así, era necesario hacer un esfuerzo y procurar dejar aparcado el dolor y entregar a los nuestros la mejor de las sonrisas.
Esa era la prueba de fuego a superar en aquella triste y aun cercana Navidad del 2008
Sin embargo no fue posible mantener esa sonrisa ni tan siquiera en aquella época entrañable que me hacía mantener la ilusión tal y como si fuera una niña.
Las noticias que comenzaron a llegar por Prensa, Televisión y Radio eran desgarradoras. Una guerra cruenta había comenzado entre dos Países muy lejanos a mi entorno, pero no por ello podía quedarme indiferente como si para nada fuera conmigo.
Israel y Palestina se enfrentaban. Las imágenes de muerte y destrucción se sucedían día tras día.
La tristeza y levedad de mi sonrisa fue perdiendo su línea, sus tímidas fortalezas hasta morir una vez más. Me sentía incapaz de soportar más dolor al que ya me acompañaba por aquellos días y sumida en un halo de tristeza y soledad infinita en un grito intimo y desgarrador llamé a mi madre queriendo que me escuchara, sabiendo que ella ya no podía escuchar mi lamento.
¡¡Mamá, mamá, dime, qué puedo hacer yo!!
La insensatez, la codicia, la sinrazón humana se habían instalado en aquellos territorios, dejando a su paso regueros de sangre.
Palestina era aniquilada, sus gentes, hombres mujeres y niños quedaban masacrados por el peso de las bombas y metralla. Los que sobrevivían quedaban mutilados, sin hogar, sin agua, sin alimentos. Huérfanos de padre y madre… Todo era como vivir la más terrible de las pesadillas en aquél lugar completamente arrasado por la demencia.
Comencé a sentir mi dolor como algo insignificante, sin apenas importancia comparándolo con el sufrimiento y la impotencia palpables de aquellas gentes que en apenas unos días lo habían perdido todo.
Esta era la situación a grandes rasgos y este mi estado de ánimo cuando un amigo y compañero de letras decide abrir una nueva red literaria que se dio por llamar Poemas por Palestina.
Quizás él ni siquiera lo imagine, pero gracias a esta afortunada decisión y apertura de la red, mi mente comenzaría su desbloqueo para permitirme buscar algún modo de aliviar ése dolor del Pueblo Palestino que para nada me era ajeno.
Entré en la red como uno más de sus miembros y tomé la decisión de crear un proyecto Solidario, convencida de que mis compañeros lo apoyarían.
La idea era escribir un poemario entre todos nosotros, buscar el modo de publicarlo una vez construido y después donar los beneficios íntegros de su venta para paliar en algo la miseria de los más desvalidos.
Mi llamada tuvo respuesta inmediata y en pocos días más de una veintena de escritores de diferentes Nacionalidades se habían sumado al proyecto.
Si hay algo de lo que estoy completamente convencida, es de qué en este nuestro mundo, somos una gran mayoría los que pensamos, queremos y creemos que la Paz es posible, que la justicia y la equidad son posibles.
Como estoy convencida de nuestros valores en torno a la Solidaridad, ayuda y apoyo hacía los más desfavorecidos. Pues de ser de otro modo, todo dejaría de tener sentido.
Si no somos capaces de ayudar al otro, de convivir en paz, de respetar creencias, culturas, religiones. Si no fuéramos capaces de todo ello; este mundo sería una masa inmensa de vacio y silencio.
Han pasado ya muchos meses desde que diera comienzo este proyecto, este sueño mío y de otros tantos compañeros y amigos que creemos que también los sueños pueden llegar a ser una realidad.
No voy a negar que durante este tiempo y mientras avanzábamos hacía nuestra meta, han habido momentos de desilusión, de apatía, de controversias, de desconfianzas, de lágrimas añadidas a las muchas ya derramadas por los recuerdos dolorosos de imágenes y testimonios…pero aun con todo ello, hoy podemos, puedo decir que hemos cumplido nuestro compromiso y que nuestro poemario es una realidad hermosa y enriquecedora al mismo tiempo.
En Breve este libro de poemas será presentado y puesto a la venta y en breve estoy convencida de ello. Haremos llegar al pueblo palestino nuestro granito de ayuda, cariño y Solidaridad.
Estas, entre otras son las cosas que tocan mi corazón.
Raquel Herrero

lunes, 16 de noviembre de 2009

ESA PARTE





ESA PARTE

Con esa parte de hembra que me toca
Acojo con gusto el maná
Que fluye de tu boca
El misterio de gozo y recreo
Al sentir en tus ojos
Esa mirada lasciva del deseo
Esa, que me lleva y que me trae
Para acoplarme y doblegarme
A los designios de quien la nombra

Con esa parte de hembra que te ronda
Las brasas permanecen
En su erectas formas
Mientras su dermis febril
Reclama con vehemencia la sed de ti
Y se expanden sus carnes
Y van manando fluidos navegables
Mientras registra vocablos
Que tal vez sea mejor
Dejar como inconfesables

Con esa parte de hembra que te nombra
Lo viril de tu cuerpo
Va retomando su ansiada forma
Y las yemas de tus dedos
Juegan sus caricias
En ese monte de Venus
Que como fuente generosa
Te permite la entrada
A sus grutas más jugosas
En esta parte de hembra ¡que te goza!


Raquel Herrero

domingo, 15 de noviembre de 2009





DIGO

Cuando el hombre regurgita sueños
Que cual finos telares van tendidos
En bancada por ser los propios dueños
Que habitan y habilitan su morada
Digo, cuando sucede y el corto espacio
De tiempo se detiene.
Digo, el hombre obtiene, la blanca nieva
La rojiza llama, el empuje del viento
La furia sagrada que impone mandamientos
Que al asolado mundo proclama

Cuando el hombre versa ¡¡clama!!

Esparciendo como semilla la complitúd
Etérea que hizo nido en sus entrañas
Parto fecundo que se arroja mientras
A pies descalzos caminas la senda
Sin elegir su rumbo
Digo, que el hombre se empeña
En considerar el modo de alargar
La impropia huella
Digo, que son gigantes sus lamentos
Sus tristezas, la furia de los mares
Cuando el amor no alcanza, cuando
Se quiebra la estrella

Cuando el hombre versa ¡¡clama!!

En la dulce intimidad de los silencios
Donde arropan las verdades que compendia
El pensamiento
Donde la timidez siempre descarnada
Se aleja por un momento
Entonces solo entonces…

El hombre versa, el hombre ¡¡Clama!!

Raquel Herrero

viernes, 13 de noviembre de 2009


INDOLENTE

Las sombras se empeñan
Y van haciéndole sombra
A este querer que de día
Y cada noche te nombra
Las mordazas que invisibles
Se adhieren a la boca
Van ahogando la queja
Que de su garganta brota
La mente está delirando
Reprimida o tal vez loca
Mientras se ofusca negando
Que hasta la dermis le llora
No hay lágrimas que derramar
En ojos que asemejan mares muertos
O tinieblas que perdieron las auroras.

Indolentes vasallos de la suerte
Mantienen su corazón amurallado
Sus latidos se expanden y contraen
A un ritmo sinuoso y oprimente.
Y en este destino falaz,
Juega el infortunio impertinente
La irónica sorna, la burla consciente
Ríen su carcajada indiferente
En ese arte del dolor
Agudo y persistente
De un querer que jura…
Vivir para quererte.


Raquel Herrero

NECESIDAD




NECESIDAD
No siento necesaria más explicación
Son los deseos, son el aliento, son la voz
Palabras que llegan desde un mar adentro
Donde cada pensamiento es coral, arrecife
Alga y caracola
Es oleaje de recuerdos, es fauna marina
Embalse, pantano, laguna y flora
Es sustento de vida, puesta de sol
Rio navegable, horizonte por descubrir
Es armonía
Es dejar la huella en una página vacía
Paleta de color que impregne de luz
La oscuridad de los días
Es buscar entre tinieblas el camino
La salida, es recomenzar en esta senda
Acaecida por alguna causalidad
Es mi ley, donde la interna batalla
No se da por concluida.
Es la huida, para volver, es lamer
La propia herida…
Es querer, querer aunque cueste la vida
Que de nada me serviría
Si no encuentro entre sus pliegos
La esencia de su querer.


Raquel Herrero

domingo, 8 de noviembre de 2009

DICEN


DICEN


Dicen que soy como la roca
Qué arraigándose a la tierra,
Se mantiene
Soportando vendavales
Lluvia, frío, nieve…
Erosionada en cada fibra
En cada poro, en cada capa
De su superficie flagelada
Dicen que soy roca muda
De gritos silentes, de ecos
Afónicos, de mudez forzada.

Dicen que soy como amapola
Luciendo entre trigales
Flor efímera y vaporosa
Que por un tiempo embellece
Planteles y valles
Dicen que soy cual mariposa
Reina por un dia,
Volátil y aleatoria
Esparcido polvo colorido
Entre una masa corpórea,
Integra y desintegrada
Belleza que se desvanece
¡Tanto y tan poquita cosa!

Dicen que soy,
Como lava de un volcán
Explosiva y generosa
Ardiente torrencial que fluye
Manando por la ladera
Ángel que desde la cumbre
Cae derrumbado en tierra.
Dicen que soy un volcán
En la laguna desierta.

Dicen que la muerte vive
Desertora entre la carne
Esperando su momento
Altiva y desafiante
Dicen que por ella espero
¡Qué sabe nadie!

Dicen lo que se imaginan
Sin pensar por un instante
Que solo tú y yo sabemos
Donde comenzó esta ruta
De mutaciones constantes.

Raquel Herrero





sábado, 7 de noviembre de 2009

CARCELERO





CARCELERO

Abre la celda carcelero
Ven a quitarle a mi alma
Grilletes y cadenas
Anda, destruye ese antifaz
Y deja que admire
Esos ojos tan bellos…

Carcelero de mi libertad
Ven; Y reposa en mis labios
Un te quiero
Y luego de nuevo me puedes
Amarrar
Porque no quiero escapar
Sino hacerme prisionera
De una cárcel sin cerrar

Raquel Herrero

miércoles, 4 de noviembre de 2009

CONFUSIÓN





CONFUSIÓN

Que lejos quedaron aquellas jornadas
Donde despertar, era agradecer
A la vida un día más.
Uno más, para luchar codo a codo
Para sonreír y bromear
Un día más para ver el reflejo
De unos ojos que no dejaban de brillar
Inventando sueños, proclamando libertad
Astutos, inquietos, viajeros, pretensiosos,
Límpidos, tímidos, austeros, convencidos,
Tiernos, hechiceros…
Que lejos queda todo, qué griterío
En medio de los silencios, que vacio
Entre los arcos corrosivos de un plantel
Hecho esqueleto.

En sus jardines el olor de los jazmines
Suplantado por el hedor
De absurdas injurias pueriles
Y ese aroma de las rosas que huye
Despavorido;
Entre sus gélidas gotas de rocío

Es eterno el invierno sin cálido abrigo
Es funesta la noche cuando la misma luz
Del día, en el oscuro túnel se ha protegido
Temerosa de encontrarse con el mismo diablo
Perdida en el abismo
Y así son los momentos de un tiempo perdido
De un poeta vedado y unos versos adolidos
Que a gritos reclaman volver, volver
A proclamar su destino…
Trovadores del amor, manantial de la vida
Arroyo de pasión, ilusión retenida.

Raquel Herrero

sábado, 31 de octubre de 2009





ANHELOS

Dime cual es el secreto
De tan preciado veneno
Que elucubrando sustancias
Va calando hasta los huesos
Dime que perfume arrojas
Para encandilar el cuerpo
Que el solo aroma de su fragancia
Va envolviendo en el deseo
Como es que llega la gloria
Mientras ardo en el averno
Cómo amor que me provocas
Fluidos y juramentos.
Será la lascivia de tu mirada
Tu boca carnosa, tu lengua mojada
Será tu pecho desnudo o
El corcel brioso que galopa en mi cama
Que será lo que seduce
A esta hembra que derrama
Torrentes de lujuria, mientras
Penetra tu miembro hasta
El fondo de la cala.
Razones de la sin razón
Anhelos de la raza humana


Raquel Herrero

viernes, 30 de octubre de 2009

DONDE VAYA





DONDE VAYA

Te llevaré conmigo donde vaya
Acotando los temores, escalando las murallas
Abriendo senderos, cubriendo alboradas
Te llevaré conmigo donde vaya
Entre ríos turbulentos, en fuertes marejadas
En el suave balanceo de las olas
En los médanos de mi playa.
Te llevaré conmigo cuando la soledad
Quiera ser quien me acompaña
Cuando llore a lágrima vida
Cuando mi sonrisa alerte a tu mirada
Te llevaré conmigo cuando sienta
El reseco de bocas amordazadas,
De las manos vacías
De las extremidades que braman
Que rujen como leones
Que muerden como alimañas
Te llevaré conmigo, junto a mi alma
Mientras presienta que queda un mañana
Que son lagunas a contracorriente
Que poco a poco llegará la calma
Te llevaré conmigo aun sabiendo
Que no hay vacio en mi universo,
Ni frio entre mis sabanas de raso
Que solo es este amor que he entretejido
En el abismo que rompe la distancia.

Raquel Herrero

martes, 27 de octubre de 2009

ROSAS AMARILLAS





ROSAS AMARILLAS

¡Mira mi amor!
He cortado las últimas flores del jardín
Cuatro rosas amarillas que hoy quiero
Regalarte a ti.
Ellas son la vida, la esencia, el símbolo
De aquellas semillas que planté para ti
Las he cuidado, protegido, las he regado
Con todo el amor, con esmero, con
Cuidado y todo lo hice pensando en ti.
Son la ofrenda de un corazón enamorado
De un cuerpo que se pierde en las caricias
De tu manos.
Son mi regalo, pétalos de tacto aterciopelado
Que elevan mi perfume hasta tu cuerpo
Varonil, tu torso despojado, tu boca sedienta
Tus ojos eclipsados
Hoy quiero amarte así, deshojando cada tallo
Perfumando cada poro con un beso alborotado
Seducirte, complacerte, elevar al infinito
El placer de ser amado
Sí, Hoy eso quiero, ser feliz
Mostrarte sin temor a equivocarme
Que no has de temer la vida, solo gozarla
Sentirla…
Tomar su elixir, naturaleza divina
Que hoy me lleva hasta ti, para volver a recrear
El hermoso anhelo de estar junto a ti.
Deléitate con esta rosa que ha renacido
Engalanada de suave y perfumada piel
Piel ardiente, piel amada, puro deseo
De sentirte, de sentir.

Raquel Herrero

lunes, 26 de octubre de 2009

FURTIVA MIRADA





FURTIVA MIRADA


Mirar furtivamente a través de la ranura
Mirar, querer ver la luz que en otro tiempo
Llenara la mansión con su hermosura.
Querer escuchar las alegres melodías
De aquellos bailes de Salón. Su algarabía
Damas, caballeros, invitados de excepción
Querer que suenen las campanillas y darle
Nueva cuerda a su reloj.
Sentir que se abrieron puertas y ventanas
Que luminosas las hadas;
Danzaban coquetas en su libertad
Sentir como siente la mensajera paloma
Cuando en su pico dorado
Porta un lienzo acomodado
Entre dos alas de luz y oscuridad

No comprender,
Por qué una tarde cualquiera
Le cerraron el acceso a su mansión
Estrellando sus alas contra el miedo
En picado vuelo la paloma se quebró…
Y ahora, queda una llamada ausente
Una señal que todavía no escuchó
Un Cielo que perdura, una locura
Una voz que palpita entre sus labios
Humedeciendo su comisura…
Una figura que resurja diferente
Que aparezca, y perdure para siempre
Pues no hay lugar en el mundo
Donde el amor y valor, no sean
La razón, de la mirada presente.

Raquel Herrero

sábado, 24 de octubre de 2009

OLOR A SILENCIO




OLOR A SILENCIO
Una nube densa, un olor a silencio
Un quejido constante, una llamada
Un lamento
Un querer despertar de un algo
Que atenaza muy adentro
Aprender a reposar entre las líneas
De los amados versos.
A comprender como entre ellos;
Iban ocultos los secretos
Esas voces de dolor, de verdad
De sentimientos.
Voces calladas, entretejidas entre
Pétalos rosados, mecidos y acunados
En el Ocaso de los vientos.
Liturgias acaecidas que son,
Como juramentos
Mentiras que se proclaman
Queriendo desdibujar la intimidad
De los mandamientos…
“Los nuestros”, esos tan sagrados
Que no se permiten asomar
Ni vivir, ni respirar, ni dar
un solo grito, ni gozar
Porque temen al castigo
De los propios dioses, dejándose
Reconstruir en frustraciones
Cada día, cada tarde, cada noche
Y en ese falso abrigo
Tan lleno de reproches
Se cubre el orgullo, para que no quede
Congelado después de tanto derroche.
Son palabras malgastadas que no supieron
Escuchar una verdad que brillaba
En sus pupilas en cada vigilia,
En cada alborada, en cada llama sagrada
De los cuerpos encendidos en la noche.

Raquel Herrero

viernes, 23 de octubre de 2009

DECIDO




DECIDO

Hoy solo quiero recordar
Llenarme de momentos, dejar
Por un instante los lamentos
Y recordar…
Un pasado tan lleno de gloria
De pasión, de giros extenuantes
Provocativos, hermosos, repetitivos
Esa locura, que parecen gozar
Los amantes aguerridos los
Dementes consentidos,
Los fieles lacayos, lo que usurpan
Lo prohibido, porque saben
Qué ahí está el néctar jugoso
De lo desconocido,
Alimento de dioses, paladeando
Lo divino, lo que otros jamás
Alcanzaron en el caminar cobarde
Por este recorrido.
La gloria terrena que por inalcanzable
¡Qué paradoja!, estuvo al lado mío.
Y casi ahogada entre lágrimas decido
Resucitar, porque el presente no mata
A quien no quiere morir
Tras los recuerdos construidos

Raquel Herrero