CRÓNICA DE LA DESILUSIÓN
España, un País de contrastes, de diversidades absolutas, propias de cada región, de cada lugar desde donde sus habitantes logran ser iguales y al mismo tiempo diferentes.
España, atravesada por un sinfín de batallas y conquistas. Atravesada por una guerra que parte en dos mitades al hombre y su esencia. El pasado, cubierto de Gloria y de sangre. Labrado con el sudor de muchos y el improperio y la avaricia de otros.
¿Qué parte de este mundo nuestro, no ha conocido la desigualdad, el abuso de los poderosos, la necedad de los prepotentes, la ira de los justicieros o la injusticia en manos vacías de la honradez?
Pero vivimos, (vivo en España) esta España que por momentos se une a la desesperanza, una España que ha caído en la más temible ambigüedad, el miedo.
Y es ese mismo miedo el que nos paraliza, el que consigue que nos movamos como conejos asustados, dando brincos hasta nuestra madriguera, aunque en ella no encontremos más que paredes de barro y agua.
Somos la generación intermedia, aquella que pareciera haber nacido para solventar el futuro de los otros y a la vez el suyo propio.
Los que nacieron en la plenitud de la posguerra de la mísera e indescriptible posguerra, supieron desde infantes, cuál era su cometido… Aprender a leer y a escribir, a sumar, restar, multiplicar y dividir en un tiempo privilegiado y contado por horas, minutos y segundos que no se podían desaprovechar. El resto del tiempo, ayudar en las tareas familiares, por más ingratas, deplorables o abusivas que estas fueran.
Los hijos parecían venir al mundo, no para ser cuidados, atendidos, alimentados y supuestamente deseados y amados. Los hijos llegaban para aumentar el patrimonio, para repartir el peso que llevaban los padres, los abuelos. La tierra, la mar, el campo, la montaña, el hogar, “bendito hogar” era sustentado con la ayuda de muchas manos pequeñas que debían ganarse el chusco con el que se alimentaban.
La necesidad obliga, decían los mayores…
Y así, España, hacía el enorme esfuerzo de su reconstrucción, la lucha diaria por conseguir un País más justo, más humano, más equitativo para aquellos que habían de precedernos en la vida.
Tras cuarenta años de Dictadura, gobernados por la tiranía, un halo de luz se reflejaba en el horizonte. A él se aferraban los habitantes de un pueblo grande, qué unido desde siempre por la miseria y el sufrimiento, apostaba por un futuro mejor para su descendencia.
La fortuna no estaba al alcance de cualquiera, sin embargo la esperanza permanecía, permanecía el coraje, el orgullo, las ganas de salir adelante, así fuera trabajando de Sol a Sol.
De pronto, como si de un mal sueño se tratara, ese País donde por fin, trabajo, salario, educación, sanidad y todos los demás derechos que nuestros antepasados y nosotros mismos trabajamos, estaban conseguidos, estables, equitativos para una gran mayoría de los ciudadanos, gobernados con las mejores siglas. Por fin España, alcanzaba ese estado de bienestar y progreso, cuando La Democracia se instauraba como estado de derecho. ¡Ni un paso atrás, después de tanta lucha!
Poco o nada imaginamos de la trama y argucia de nuestros gobernantes, cuya máscara de servidores de la Patria, estaba a punto de caer de sus rostros para dejarnos una visión desgarradora de cuales era sus verdaderas intenciones.
La actual generación, “sabía demasiado”, sus pasos firmes y seguros habían alcanzado un nivel tal alto, que hacían peligran el dominio y control de aquellos que desde siempre se creyeron superiores. La pobreza, había disminuido hasta hacerse casi inexistente. El analfabetismo, estaba bajo control, gracias a una Educación libre y esmerada. Cualquier ciudadano tenía derecho a la misma, del mismo modo que tenía derecho a una Sanidad pública y gratuita o de bajo coste.
Todas las familias eran atendidas en sus necesidades básicas. Vivienda digna, empleo y sueldo dignos y por tanto una calidad de vida que le permitiría sentirse como ciudadano libre e integrado en la sociedad con sus derechos y obligaciones.
Un crecimiento social y humano al que cualquier ciudadano del mundo puede y debe de tener acceso.
¿Cómo permitir “tamaño disparate”?
Siempre hubo, ricos y pobres, patrones y empleados, listos y tontos, nobles y plebeyos. Chozas y palacios, terratenientes y campesinos…
¿Cómo frenar este desajuste que implica perder nuestra condición de poderosos, de mandatarios, de jefes o presidentes de Estado, cuyas órdenes debe acatar el pueblo?
Y otra vez se impone, la Cultura del miedo. Restringiendo a límites insospechados, los derechos del otro.
Si obedecemos, tal vez con suerte y sacrificio, (olvidados), podamos entregar a nuestros hijos un pedazo de pan. Si no lo hacemos, el castigo será dejarnos a la intemperie, con el cielo raso o encapotado como único lugar para exhalar nuestro grito de terror.
Y aquí seguimos, en silencio…, resignados… en esta España que nos quieren arrebatar.
Nunca fuera más cabal y acertada la frase de:
¡España, un País de Pandereta!
Raquel Herrero
domingo, 13 de octubre de 2013
CRÓNICA DE LA DESILUSIÓN
CRÓNICA DE LA DESILUSIÓN
España, un País de contrastes, de diversidades absolutas, propias de cada región, de cada lugar desde donde sus habitantes logran ser iguales y al mismo tiempo diferentes.
España, atravesada por un sinfín de batallas y conquistas. Atravesada por una guerra que parte en dos mitades al hombre y su esencia. El pasado, cubierto de Gloria y de sangre. Labrado con el sudor de muchos y el improperio y la avaricia de otros.
¿Qué parte de este mundo nuestro, no ha conocido la desigualdad, el abuso de los poderosos, la necedad de los prepotentes, la ira de los justicieros o la injusticia en manos vacías de la honradez?
Pero vivimos, (vivo en España) esta España que por momentos se une a la desesperanza, una España que ha caído en la más temible ambigüedad, el miedo.
Y es ese mismo miedo el que nos paraliza, el que consigue que nos movamos como conejos asustados, dando brincos hasta nuestra madriguera, aunque en ella no encontremos más que paredes de barro y agua.
Somos la generación intermedia, aquella que pareciera haber nacido para solventar el futuro de los otros y a la vez el suyo propio.
Los que nacieron en la plenitud de la posguerra de la mísera e indescriptible posguerra, supieron desde infantes, cuál era su cometido… Aprender a leer y a escribir, a sumar, restar, multiplicar y dividir en un tiempo privilegiado y contado por horas, minutos y segundos que no se podían desaprovechar. El resto del tiempo, ayudar en las tareas familiares, por más ingratas, deplorables o abusivas que estas fueran.
Los hijos parecían venir al mundo, no para ser cuidados, atendidos, alimentados y supuestamente deseados y amados. Los hijos llegaban para aumentar el patrimonio, para repartir el peso que llevaban los padres, los abuelos. La tierra, la mar, el campo, la montaña, el hogar, “bendito hogar” era sustentado con la ayuda de muchas manos pequeñas que debían ganarse el chusco con el que se alimentaban.
La necesidad obliga, decían los mayores…
Y así, España, hacía el enorme esfuerzo de su reconstrucción, la lucha diaria por conseguir un País más justo, más humano, más equitativo para aquellos que habían de precedernos en la vida.
Tras cuarenta años de Dictadura, gobernados por la tiranía, un halo de luz se reflejaba en el horizonte. A él se aferraban los habitantes de un pueblo grande, qué unido desde siempre por la miseria y el sufrimiento, apostaba por un futuro mejor para su descendencia.
La fortuna no estaba al alcance de cualquiera, sin embargo la esperanza permanecía, permanecía el coraje, el orgullo, las ganas de salir adelante, así fuera trabajando de Sol a Sol.
De pronto, como si de un mal sueño se tratara, ese País donde por fin, trabajo, salario, educación, sanidad y todos los demás derechos que nuestros antepasados y nosotros mismos trabajamos, estaban conseguidos, estables, equitativos para una gran mayoría de los ciudadanos, gobernados con las mejores siglas. Por fin España, alcanzaba ese estado de bienestar y progreso, cuando La Democracia se instauraba como estado de derecho. ¡Ni un paso atrás, después de tanta lucha!
Poco o nada imaginamos de la trama y argucia de nuestros gobernantes, cuya máscara de servidores de la Patria, estaba a punto de caer de sus rostros para dejarnos una visión desgarradora de cuales era sus verdaderas intenciones.
La actual generación, “sabía demasiado”, sus pasos firmes y seguros habían alcanzado un nivel tal alto, que hacían peligran el dominio y control de aquellos que desde siempre se creyeron superiores. La pobreza, había disminuido hasta hacerse casi inexistente. El analfabetismo, estaba bajo control, gracias a una Educación libre y esmerada. Cualquier ciudadano tenía derecho a la misma, del mismo modo que tenía derecho a una Sanidad pública y gratuita o de bajo coste.
Todas las familias eran atendidas en sus necesidades básicas. Vivienda digna, empleo y sueldo dignos y por tanto una calidad de vida que le permitiría sentirse como ciudadano libre e integrado en la sociedad con sus derechos y obligaciones.
Un crecimiento social y humano al que cualquier ciudadano del mundo puede y debe de tener acceso.
¿Cómo permitir “tamaño disparate”?
Siempre hubo, ricos y pobres, patrones y empleados, listos y tontos, nobles y plebeyos. Chozas y palacios, terratenientes y campesinos…
¿Cómo frenar este desajuste que implica perder nuestra condición de poderosos, de mandatarios, de jefes o presidentes de Estado, cuyas órdenes debe acatar el pueblo?
Y otra vez se impone, la Cultura del miedo. Restringiendo a límites insospechados, los derechos del otro.
Si obedecemos, tal vez con suerte y sacrificio, (olvidados), podamos entregar a nuestros hijos un pedazo de pan. Si no lo hacemos, el castigo será dejarnos a la intemperie, con el cielo raso o encapotado como único lugar para exhalar nuestro grito de terror.
Y aquí seguimos, en silencio…, resignados… en esta España que nos quieren arrebatar.
Nunca fuera más cabal y acertada la frase de:
¡España, un País de Pandereta!
Raquel Herrero
viernes, 4 de octubre de 2013
TE QUIERO LIBRE
TE QUIERO LIBRE
Te quiero libre
en tu caminar
Sea cual sea
la senda elegida
Te quiero libre,
con alas para
volar
Te pido, me
dejes en libertad
Huida o aferrada
de los mismos
aposentos
Quiero ser libre,
para volar
Ámame si así
lo estimas
Si de mente
a corazón, resurge
ese volcán
Ámame libremente hasta
la eternidad
Deja, que yo
sea diferente
Que lejos de
tu alcoba te
ame más
Deja que mi
amor sea insurgente
Es amor y
nada más.
El lenguaje de
los signos
Vira a su
albedrio, simple y
llanamente
Tenlo presente, aquí
no hay disfraz
Retomo la palabra, ardid
de la suerte
Pan y vino
del poeta, cáliz
irreverente
Descansemos juntos como
ovulo y matriz
En este tiempo
justo y suficiente.
Raquel Herrero
domingo, 29 de septiembre de 2013
ME HAGO CARGO
ME HAGO CARGO
No me vestí de soldado
para dejar de batallar en esta guerra
Soy insumisa, predecible condición
de quien llagado, oculta sus heridas
mientras aguda la lanza,
vuelve a clavarse en su costado
No me enredo más en esta parsimonia
Hay tanto por hacer que me provoca
anular los velatorios, quitar su epitafio;
Serle fiel a la vida sabiendo que la muerte
es el último de todos los fracasos
Voy a nadar desnuda en ese lago
para aliviar esta sed que me devora
Mezclaré sus jugos y fluidos
y a deshoras…
Con mis senos erguidos y el rocío de mi boca;
Te haré mío, bálsamo de mi derrota.
Me hago cargo de este delirio
De este desenfreno que todo lo alborota
La mies de tus labios es dulce, jugosa
Bien vale esta batalla
para enredarme entre tus muslos
y salir airosa
No seré yo, la musa que te arroba
“Batiste de mis pecados”
Solo quiero ser… ¡la rosa!
Raquel Herrero
TONADA DE MUJER
TONADA DE MUJER
Y por esas
cosas raras de
la vida
Se perdió nuestra
huella al caminar
Dejando en nuestra
piel besos y
heridas
Anhelos y recuerdos
de un ayer
y de un
lugar.
Y hoy, que
caminar es penitencia
Que hasta las piedras
filosas
al compás
desgarran como cuchillo
nuestras hojas
Te juro que
no encuentro mi
verdad.
¿Qué paso?, ¿qué ruta
nos venció?
¿Qué duende o qué brujo
descompuso,
este gran amor?
Y por estas
cosas raras de
la vida
Me abstengo de
mi grito de
terror
y me afano,
casi en vano
con pesquisas
Que me lleven
a donde se
perdió.
Y hoy, que
no es más
que el ayer
de mañana
Miro tras los
cristales y me
vence la nada
de un diluvio
que en mis
ojos no cejó.
Y el ayer
repicando como una
campana
me reprocha un
mañana, al que
no llegué.
¿Qué pasó, quién
ha cegado la
mirada?
¿Qué lustro o
qué luna se
durmió,
dejándome sin nada?
Y por esas
cosas raras de
la vida
Yo canto esta
tonada
Que, ni siquiera
el viento lamentó.
Raquel Herrero
lunes, 16 de septiembre de 2013
RESONANCIAS DE LA MAR
RESONANCIAS DE LA MAR
Buscaba entre las olas tu mirada
Tu paso ligero, tu voz, tu llamada
Buscaba el refugio de tu pecho ardiente
Sí…yo lo buscaba
Miraba al horizonte
Tan solo veía agua
Y una paz infinita, abrazando mi nostalgia
De espuma blanca eran tus sienes
De roca altiva el eco de mi palabra
Hombre que en la mar te escondes;
¡Resurge entre las olas bravas!
Ven a dejarme tu esencia
¡Ese perfume que emanas!
Me he quedado sin su fragancia
Y hasta la noche lo llama
No te lloro…, ¿pero sabes?
La mar me seduce con sus lágrimas saladas
Por eso te añoro...
Hombre tan hombre
“De espuma sus sienes blancas”
Raquel Herrero
sábado, 7 de septiembre de 2013
QUÉ NOS QUEDA
QUÉ NOS QUEDA
Qué nos queda
Entre aquella sonrisa
que vaga perdida
y la sal
de una lágrima
cómo esencia de
vida.
Qué nos queda
entre aquél corazón
que rompe y
rasga
y el otro,
músculo viviente
ceñido a la
esperanza.
Que nos queda
De aquél silencio
que dialoga
palabras que se
callan
y el otro
grito imaginario
que deviene entre
las sombras.
Qué nos queda
Entre aquella ventana
ferrosa
que destruye nuestra
calma
y la puerta,
sin cerrojos
Pórtico de nuestras
almas.
Qué nos queda
De la sangre
que hierve
al versar sus
filigranas
y la otra
que se obstruye
negándole el paso
al alba.
Qué nos queda
Cuando el amigo
sincero
muere y la
vez nos mata
Qué nos queda
Cuando ya no
queda nada.
Raquel Herrero
viernes, 6 de septiembre de 2013
MACILENTA APTITUD
MACILENTA APTITUD
Ojeo las páginas
del libro
con macilenta aptitud
Apenas diviso el
contenido…
Alguna imagen, algún
lugar perdido,
algún rostro que
me lleva
a ese mundo
desconocido.
No puedo elevar
mis pies del
suelo
No puedo, afincarme en
otro nido
Me subyugan recuerdos
tan efímeros
que como el
trino de un jilguero
apenas se han
percibido.
Busco, entre las
tinieblas
y celajes de
la mente
un hueco, que
aun permanezca vacío
Un símil de
lugar, donde despierto,
o dormido
se venza esta
desidia, esta falla
de husmear la
irrealidad
creyendo que me
creo
se puede cambiar
la nota
en este pentagrama
de armónico
disfraz.
Mis leves y
pausados movimientos
son como la
enjundia
de un tiempo
que se va
Me faltan arrestos,
vigor, libertad.
Ni siquiera la
noche
perturba la lírica
de tanta nota
final.
Atea de mi
mundo imaginario;
Rasgo con desgana
las hojas amarillas
que guardaba por
años
dentro de mi
desván.
Cómo pesan los
minutos de mi
calendario
Cómo pretendo atrasar
este sufragio
y darle a
este viento nuevas
alas
por si llega
el momento
de no poder
mirar atrás.
Raquel Herrero
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