jueves, 27 de octubre de 2016

QUÉ PASARÁ MAÑANA


QUÉ  PASARÁ  MAÑANA

Qué  pasará  mañana
Cuando  desnudemos  el  alma
Y  dejemos  abierta  la  servidumbre  que  nos  llama
a  gritos,  casi  siempre  silenciosos.
A  gritos,  desesperados,  cubiertos  de  enojo.
A  gritos,  rogándole  fidelidad  a  las  quimeras
y  qué,  en  esa  ensoñación
la  lengua  filosa  y  fiera
calle…y  no  lastime  más  al  corazón.
Qué  pasará  mañana
si  no  alcanzamos  el  extremo  de  la  hoguera.
Si  este  fuego  que  nos  quema,  hace  aguas
y  se  derrama como  amante  traicionera.
Qué  pasará  mañana
si  no  puedo  definirte,  si  no  encuentro  la  respuesta
a,  esta  noche,  apagada,  triste;
Si  no  puedo  presentar  tus  credenciales,
Si  desde  añares,  el  verbo  se  conjuga  entre  la  fuga
sin  presente,  sin  futuro,  ni  pasado  indefinido;
Triste…,  de  nuevo  triste  y  oscuro.
¡Ay!,  qué  pasará  mañana
si  las  lágrimas  inundan  el  camino
si  a  marchas  forzadas  nos  empuja  el  destino.
Será  que  no  somos  nada
entre  lo  terreno  y  lo  divino.
Será  que  nacimos  para  gozar  un  lapso  breve
y  después  ser  apenas  partículas 
de  un  mundo  florecido,
donde  brota  y  resiste,  donde  nace  y  persiste
la  belleza  eterna  de  un  espacio  natural;
vestido  ahora,  de  ocres,  verdes,  azules  y  grises.
Qué  pasará  mañana
si  este  amor  negado  e  insurgente
Cual  si  fuera  raíz…  resiste


Raquel  Herrero

domingo, 16 de octubre de 2016

ABISMO Y NECEDAD


ABISMO  Y  NECEDAD

A  ti, 
que  caminas  como  ebrio  entre  las  sombras.
Cabizbajo,  suplicante,  adolorido,  intransmutable.
A  ti, 
que  dejaste  bajo  la  suela  las  heridas  de  los  otros
sin  apenas  siquiera  notar  la  pena  de  haber  perdido
un  tiempo  tan  leal.
A  ti, 
que  imaginas  ser  la  unicidad  de  los  temblores.
Ser  el  óseo  elemento  donde  acaban  y  comienzan
el  dolor  y  los  rencores.
A  ti, 
protagonista  de  las  más  bajas  acciones;
Consumista  de  un  mundo  que  ya  sin  emociones
causa  la ruptura  entre  delirio  y  locura,
negándole  al  instinto  febril  toda  cábala
que  aun  se posicione.
A  ti, 
cuyo  orgullo  te  arrastra  a  las  tinieblas,
a  esa  justiciera  soledad  que  ha  sido  impuesta
por  un  necio  sentido  de  valentía  falaz.

¡Ni  un  paso  atrás!
Así  muera  en  mi  sutil  majadería  y  encuentre
mi  nombre  en  la  solapa  de  un  disfraz.

Así  van  tus  pasos  por  la  vida…  explayada  de  mentiras
que  aun  perduran  en  ti,  como  verdad.

A  ti, 
que  me  rompes  el  alma,  que  me  humillas
que  pretendes  no  vea  la  luz,  tras  esa  oscuridad.
A  ti, 
que  lástimas  mi  credo  y  embargas  mi  ego
queriendo  destruir  mi  nacida  humanidad.

A  ti  te  digo:
Dejo  en  este  pliego,  esta  lástima  veraz.
No  te  condeno,  ni  te  juzgo,  ni  de  ti  reniego
El  cuerpo  enfermo  puede  sanar…
Y  es  así  que  lo  siento  y,  presiento
estar  al  borde  de  un  abismo  que  no  me  engullirá.


Raquel  Herrero

martes, 27 de septiembre de 2016

VIENTO ENAJENADO



VIENTO  ENAJENADO

Me  pregunto  qué  se  espera  de  mi
ahora  que  el  incendio  lo  ha  arrasado,
ahora  que  tan  solo  las  cenizas
emiten  chispeantes  una  muerte  anunciada,
un  declive, un  terraplén  directo  a  los infiernos.
Averno  abrasivo  que  yaga  la  piel. 

Me  pregunto,  dónde  queda  el  ayer
para  creer  aun  en  la  presencia omnipotente
revertida  en  una  sombra  vana,  tan  ufana
que  niega  ser  reflejo  de  la  nada,  ostentando
finura,  siendo  tosco  alfiler.

Irreverente,  le  niega  el  adiós  a  la  bravura
o,  tal  vez  sea  que  la  cordura  se  olvidó  de  él
y  campa  su  delirio  en  contrabando,
aferrando  ido,  los  hilos  de  un  ayer
¡Oh!  Señor  de  lo  infinito,  cuanta  demencia
se  amaga  en  nuestro  finito  ser.

¿Porqué  regresas,  para  no  volver?
Si  el  camino  transitado  da  paso  a  la  vejez;
Cómo  ha  de  ser  esa  muerte  prematura
que  grita,  sufre,  llora,  se  acongoja
y  ríe  estrepitosa  sin  saber  cómo
ni  porqué.


Raquel  Herrero

martes, 6 de septiembre de 2016

UN ADIOS DE POETA

UN  ADIOS  DE  POETA

Lo  veo  morir  y  me  estremece
su  pasiva  actitud
Su  pulcritud,  negando  su  presencia
indemne
bajado  de  la  cruz.
Lo  veo  morir  y  ya  no  sé  si  duele
o,  es  lastimero  este  reguero
de  sombras  y  de  luz.

Qué  pasó,  qué  fue  de  aquel  bardo  poeta
de  su  humana  senectud
Le  cerró  la  puerta  a  la  vehemencia
Clavó  puñales  en  lo  más  profundo
de  un  alud
Rastrero,  cobarde  y  justiciero
Mató  a  traición  hasta  su  ego
No  supo  medir  lo  intempestivo 
de  su  acritud.

Lo  veo  morir  y  no  lo  reconozco  en  este  duelo
Ignoro  qué  extraño  ser  infranqueable
se  ha  quedado  ahí
En  un  féretro  de  agudas  espinas
de  hierro  filoso
que  permite  que  sangren  estos  ojos
cuya  infinita  ternura
ha  tocado  a  su  fin.

Si  es  verdad  que  el  tiempo  todo  cura
Si  es  verdad  que  aquél  delirio  fue  locura
Si  existe  la  esperanza  ante  la  duda
No  ha  de  quemarme  su  lava
En  lo  abrupto  de  su  volcán.

Comienza  pues  el  principio  del  fin
en  este  duelo
preciso  y  notorio, enlutado  y  servil.
Un  adiós  pernoctado  ya  sin  pena  ni  gloria
un  adiós  que  redime  esta  pena  causal
por  un  poeta  moribundo
que  alguna  vez  fue  leal.


Raquel  Herrero

SER Y NO SER

SER  Y  NO  SER

Algún  día  será  eco  del  silencio
Fin  de  la  desgarradura
Plantel  vacuo  de  esta  tristeza  que  embarga
cualquier  solicitud  de  complacencia.
Algún  día  la  ciencia  encontrará  a  buen  seguro
la  alquimia  perfecta
para  adentrarse  en  la  memoria  y  borrar
cualquier  historia  terminada 
que  se  acople  en  la  voz  de  la  conciencia.
Algún  día  el  corazón  quebrantado
obtendrá  la  sutura  que  hoy  no  cicatriza
Los  verbos  crecerán  significantes
dejando  pasado  y  presente  en  el  averno.
Allá  donde  dicen  se  agitan  las  maldades
hasta  hacerse  ceniza  y  semilla  después
de  un  tiempo  nuevo.
Algún  día  la  temida  vejez
ha  de  llegar  a  nuestro  encuentro
Tal  vez  sea  entonces  que  olvidemos
y  sane  la  herida  y  se  escabulla  este  miedo
y  la  paz  de  una  vida  finiquitada
deje  solo  en  nuestra  mente
lo  mejor  de  los  recuerdos.
Esos  que  ahora  se  agolpan  en  mi  pensamiento
y  duelen  mientras  sonríen
y  lloran  sin  un  lamento.
Esos,  que  no  permiten  apartarse  del  camino,
que  acongojados  pululan  ebrios
en  esta  orbita  terrestre  que  hace  lustros
Confina  a  sus  vetustos  herederos.

Ser  y  no  ser…,  ahí  queda  la  clave
de  tanto  sufrimiento.


Raquel  Herrero

sábado, 5 de septiembre de 2015

 
 TOLERANCIA CERO 

No me roces No me beses No me mires 
No me abrigues con tus abrazos de hiel 
No te acerques a la piel que difumina el Lirio de su ojera, 
sintiendo la culpa de este mal querer. 
¡Maldita bestia animal! 
Que deshoja sin pudor la flor de la anatema 
Maldito quien consume la sangre de otro ser 
Malditas las heridas que se graban en el alma 
Maldita la tortura de cada anochecer. 
No me hables No me agobies No me robes 
No jures en vano que yo lo busqué 
Me duele la vida que tú me has quemado 
Me escuece ésta herida, me amarga tu sed 
Vete…, marcha de una vez. 
!Maldita bestia animal! 
Que golpea con saña la madre de la entraña 
Esa que un día, llorosa y emocionada te vio nacer 
Tú no sabes querer. 
Hoy me arranco el celaje de tanta telaraña 
En estos ojos ciegos que ya no pueden ver 
Lengua perversa y afilada 
Que todo el peso de la justicia 
Caiga sobre tu piel.

 Raquel Herrero
LA CULTURA DEL MIEDO Hay una cultura arraigada en el hombre, o mejor dicho en el ser humano, sea hombre o mujer. La Cultura del miedo. Y es que todos, sin excepción tenemos miedos. Miedos que nos atenazan, Miedos que nos paralizan, que conviven con nosotros día tras día, Miedos a los que hacemos frente de mil y una formas. “pretendiendo” que los mismos desaparezcan de nuestra vida y nos acerquen a esa Felicidad tan perseguida, tan cercana y tan lejana a la vez. El hombre, el ser humano y su eterna lucha por un estado de bienestar que le complemente sin asumir su vulnerabilidad, su sensible armadura, su meditada compostura, creyendo que sus pasos son, esos, los adecuados, para por fin ser feliz. Pero; ¿Qué es Ser Feliz, qué autodominio ejerce sobre nosotros la palabra Felicidad que tanto anhelamos? Su existencia es tan enorme como su resistencia. Ajena a nuestros deseos se evade, elude toda responsabilidad, nos marca como sujetos que en verdad no han comprendido la evidencia de una palabra utópica cuyo cometido es invitarnos a luchar, a trabajar por ese estado de bienestar que reclamamos, pero que ni de lejos se encuentra en ese calificativo de un estado inherente del hombre, persiguiendo mientras teme el camino a recorrer tras esa utópica Felicidad. Sustento de los hombres y Mujeres que buscan desde el principio de la vida un halo de libertad donde nadie merodee en la intimidad de sus espacios, donde no primen más que sus deseos, donde cualquier mentira o falsedad se vuelva coherente y verdadera, donde cada deseo reprimido se convierta por arte de magia en una realidad. La actitud ante ese miedo, ante esos temores, dirige nuestras vidas sin que apenas nos percatemos de su poderío. Por ese ente circundante en nuestra existencia somos capaces de los actos más inverosímiles. Pretendemos por esa cultura tan arraigada que de forma temeraria nuestro miedo se vaya, desaparezca cuando infundimos miedo en otro semejante. Creemos de forma errónea que nuestro poderío, rebajando al otro, nos permitirá alejarnos a su vez de nuestros fantasmas, de nuestros espectros, de nuestros demonios interiores, aquellos que en algún momento de la vida otros nos cedieron con la nada loable intención de salvarse a sí mismos. Con esa misma Cultura, las personas débiles, las personas vulnerables, se humillan, se rebajan, se dejan hacer, porque temen que de no hacerlo, perderán la estima, el cariño, o el amor de los otros. Paradoja de un destino… Temo perder y por ello estoy dispuesto a no tener… Y ese miedo que nos paraliza, que nos deja indefensos, que nos hacen caminar torcido Es el reflejo de una enseñanza permisiva que jamás dejará un rastro positivo en los seres humanos. El miedo es aquella coraza que de manera subversiva nos condiciona, nos arrastra. Desaprender lo aprendido quizás nos lleve algún día, a: ¡Vivir sin Miedo! Raquel Herrero