martes, 27 de septiembre de 2016

VIENTO ENAJENADO



VIENTO  ENAJENADO

Me  pregunto  qué  se  espera  de  mi
ahora  que  el  incendio  lo  ha  arrasado,
ahora  que  tan  solo  las  cenizas
emiten  chispeantes  una  muerte  anunciada,
un  declive, un  terraplén  directo  a  los infiernos.
Averno  abrasivo  que  yaga  la  piel. 

Me  pregunto,  dónde  queda  el  ayer
para  creer  aun  en  la  presencia omnipotente
revertida  en  una  sombra  vana,  tan  ufana
que  niega  ser  reflejo  de  la  nada,  ostentando
finura,  siendo  tosco  alfiler.

Irreverente,  le  niega  el  adiós  a  la  bravura
o,  tal  vez  sea  que  la  cordura  se  olvidó  de  él
y  campa  su  delirio  en  contrabando,
aferrando  ido,  los  hilos  de  un  ayer
¡Oh!  Señor  de  lo  infinito,  cuanta  demencia
se  amaga  en  nuestro  finito  ser.

¿Porqué  regresas,  para  no  volver?
Si  el  camino  transitado  da  paso  a  la  vejez;
Cómo  ha  de  ser  esa  muerte  prematura
que  grita,  sufre,  llora,  se  acongoja
y  ríe  estrepitosa  sin  saber  cómo
ni  porqué.


Raquel  Herrero

martes, 6 de septiembre de 2016

UN ADIOS DE POETA

UN  ADIOS  DE  POETA

Lo  veo  morir  y  me  estremece
su  pasiva  actitud
Su  pulcritud,  negando  su  presencia
indemne
bajado  de  la  cruz.
Lo  veo  morir  y  ya  no  sé  si  duele
o,  es  lastimero  este  reguero
de  sombras  y  de  luz.

Qué  pasó,  qué  fue  de  aquel  bardo  poeta
de  su  humana  senectud
Le  cerró  la  puerta  a  la  vehemencia
Clavó  puñales  en  lo  más  profundo
de  un  alud
Rastrero,  cobarde  y  justiciero
Mató  a  traición  hasta  su  ego
No  supo  medir  lo  intempestivo 
de  su  acritud.

Lo  veo  morir  y  no  lo  reconozco  en  este  duelo
Ignoro  qué  extraño  ser  infranqueable
se  ha  quedado  ahí
En  un  féretro  de  agudas  espinas
de  hierro  filoso
que  permite  que  sangren  estos  ojos
cuya  infinita  ternura
ha  tocado  a  su  fin.

Si  es  verdad  que  el  tiempo  todo  cura
Si  es  verdad  que  aquél  delirio  fue  locura
Si  existe  la  esperanza  ante  la  duda
No  ha  de  quemarme  su  lava
En  lo  abrupto  de  su  volcán.

Comienza  pues  el  principio  del  fin
en  este  duelo
preciso  y  notorio, enlutado  y  servil.
Un  adiós  pernoctado  ya  sin  pena  ni  gloria
un  adiós  que  redime  esta  pena  causal
por  un  poeta  moribundo
que  alguna  vez  fue  leal.


Raquel  Herrero

SER Y NO SER

SER  Y  NO  SER

Algún  día  será  eco  del  silencio
Fin  de  la  desgarradura
Plantel  vacuo  de  esta  tristeza  que  embarga
cualquier  solicitud  de  complacencia.
Algún  día  la  ciencia  encontrará  a  buen  seguro
la  alquimia  perfecta
para  adentrarse  en  la  memoria  y  borrar
cualquier  historia  terminada 
que  se  acople  en  la  voz  de  la  conciencia.
Algún  día  el  corazón  quebrantado
obtendrá  la  sutura  que  hoy  no  cicatriza
Los  verbos  crecerán  significantes
dejando  pasado  y  presente  en  el  averno.
Allá  donde  dicen  se  agitan  las  maldades
hasta  hacerse  ceniza  y  semilla  después
de  un  tiempo  nuevo.
Algún  día  la  temida  vejez
ha  de  llegar  a  nuestro  encuentro
Tal  vez  sea  entonces  que  olvidemos
y  sane  la  herida  y  se  escabulla  este  miedo
y  la  paz  de  una  vida  finiquitada
deje  solo  en  nuestra  mente
lo  mejor  de  los  recuerdos.
Esos  que  ahora  se  agolpan  en  mi  pensamiento
y  duelen  mientras  sonríen
y  lloran  sin  un  lamento.
Esos,  que  no  permiten  apartarse  del  camino,
que  acongojados  pululan  ebrios
en  esta  orbita  terrestre  que  hace  lustros
Confina  a  sus  vetustos  herederos.

Ser  y  no  ser…,  ahí  queda  la  clave
de  tanto  sufrimiento.


Raquel  Herrero

sábado, 5 de septiembre de 2015

 
 TOLERANCIA CERO 

No me roces No me beses No me mires 
No me abrigues con tus abrazos de hiel 
No te acerques a la piel que difumina el Lirio de su ojera, 
sintiendo la culpa de este mal querer. 
¡Maldita bestia animal! 
Que deshoja sin pudor la flor de la anatema 
Maldito quien consume la sangre de otro ser 
Malditas las heridas que se graban en el alma 
Maldita la tortura de cada anochecer. 
No me hables No me agobies No me robes 
No jures en vano que yo lo busqué 
Me duele la vida que tú me has quemado 
Me escuece ésta herida, me amarga tu sed 
Vete…, marcha de una vez. 
!Maldita bestia animal! 
Que golpea con saña la madre de la entraña 
Esa que un día, llorosa y emocionada te vio nacer 
Tú no sabes querer. 
Hoy me arranco el celaje de tanta telaraña 
En estos ojos ciegos que ya no pueden ver 
Lengua perversa y afilada 
Que todo el peso de la justicia 
Caiga sobre tu piel.

 Raquel Herrero
LA CULTURA DEL MIEDO Hay una cultura arraigada en el hombre, o mejor dicho en el ser humano, sea hombre o mujer. La Cultura del miedo. Y es que todos, sin excepción tenemos miedos. Miedos que nos atenazan, Miedos que nos paralizan, que conviven con nosotros día tras día, Miedos a los que hacemos frente de mil y una formas. “pretendiendo” que los mismos desaparezcan de nuestra vida y nos acerquen a esa Felicidad tan perseguida, tan cercana y tan lejana a la vez. El hombre, el ser humano y su eterna lucha por un estado de bienestar que le complemente sin asumir su vulnerabilidad, su sensible armadura, su meditada compostura, creyendo que sus pasos son, esos, los adecuados, para por fin ser feliz. Pero; ¿Qué es Ser Feliz, qué autodominio ejerce sobre nosotros la palabra Felicidad que tanto anhelamos? Su existencia es tan enorme como su resistencia. Ajena a nuestros deseos se evade, elude toda responsabilidad, nos marca como sujetos que en verdad no han comprendido la evidencia de una palabra utópica cuyo cometido es invitarnos a luchar, a trabajar por ese estado de bienestar que reclamamos, pero que ni de lejos se encuentra en ese calificativo de un estado inherente del hombre, persiguiendo mientras teme el camino a recorrer tras esa utópica Felicidad. Sustento de los hombres y Mujeres que buscan desde el principio de la vida un halo de libertad donde nadie merodee en la intimidad de sus espacios, donde no primen más que sus deseos, donde cualquier mentira o falsedad se vuelva coherente y verdadera, donde cada deseo reprimido se convierta por arte de magia en una realidad. La actitud ante ese miedo, ante esos temores, dirige nuestras vidas sin que apenas nos percatemos de su poderío. Por ese ente circundante en nuestra existencia somos capaces de los actos más inverosímiles. Pretendemos por esa cultura tan arraigada que de forma temeraria nuestro miedo se vaya, desaparezca cuando infundimos miedo en otro semejante. Creemos de forma errónea que nuestro poderío, rebajando al otro, nos permitirá alejarnos a su vez de nuestros fantasmas, de nuestros espectros, de nuestros demonios interiores, aquellos que en algún momento de la vida otros nos cedieron con la nada loable intención de salvarse a sí mismos. Con esa misma Cultura, las personas débiles, las personas vulnerables, se humillan, se rebajan, se dejan hacer, porque temen que de no hacerlo, perderán la estima, el cariño, o el amor de los otros. Paradoja de un destino… Temo perder y por ello estoy dispuesto a no tener… Y ese miedo que nos paraliza, que nos deja indefensos, que nos hacen caminar torcido Es el reflejo de una enseñanza permisiva que jamás dejará un rastro positivo en los seres humanos. El miedo es aquella coraza que de manera subversiva nos condiciona, nos arrastra. Desaprender lo aprendido quizás nos lleve algún día, a: ¡Vivir sin Miedo! Raquel Herrero

miércoles, 26 de noviembre de 2014

YA NO ME CUESTIONO

  

YA NO ME CUESTIONO

 Hoy, en este momento me cuestiono
 la existencia; no la mía
 que ya va por derroteros adquiridos
 y a la vez, con pocos miedos.

 Me cuestiono la vida
 Sus porqués y sus razones
 Nada vino o llegó de la nada
 ¿Pero…, de dónde vino?

 Me cuestiono la fe sin certezas
 La fe ciega en algo que no vimos,
 ni sentimos, ni vivimos… Perdón
 por tanta palabrería que suena a quejido
 probablemente por alguna interferencia
 que me hace dudar entre lo divino
 y aquello que de frente nos muestra el camino
 y sus espinas no más.

 Todo es un zarandeo, ahora se fue, ahora vino
 ¡Ah!, qué cómplice silencioso me parece
 sea este “Don juan” que trastoca nuestro sino
 y nos vuelve marionetas de la suya realidad.

Ya, no vuelvo jamás a cuestionarme
 que detrás de este desarme, de este pecado
“original” queda tan solo, sobrevivir, luchar…
Contra el fuego que nos quema, contra la guerra,
 contra el hambre, contra alguna que otra serpiente
 voraz.
 Luchar, sabiendo que tras ella, quedan las secuelas;
 Pero es preciso seguir, volar…
Y ya no me cuestiono, que tan solo un ser humano
 puede salvar a otro ser humano, y juntos
 en el abrazo, llorar, reír, llorar…

Raquel Herrero

martes, 27 de mayo de 2014

"PATOLOGÍA DE LA MENTIRA"

PATOLOGÍAS DE LA MENTIRA Expresiones como: “Odio la mentira”, “Yo nunca miento”, “Prefiero la verdad a la mentira, por mucho que me duela” Son afirmaciones de uso cotidiano…sin embargo podríamos decir qué en las mismas no existe una verdad absoluta. El ser humano desde la edad temprana, siendo aún infante, comienza sin comprender exactamente su significado, a mentir. ¡No mientas!, nos dicen los mayores, ¡dime la verdad!... El niño, percibe el estado del adulto, lo mira a los ojos, verifica sus facciones, sabe que hizo algo que puede costarle un castigo, una reprimenda, un azote, una bofetada, inclusive una paliza, dependiendo de la tolerancia y comprensión de aquellos a los que evidentemente siente como superiores. Lo que hizo no fue intencionado…no quería romper ese jarrón tan caro al que su mamá le tiene tanto cariño. Tampoco quería romper el cristal de la ventana, ni ensuciarse tanto con el chocolate… Él, ella, tan solo estaban jugando y de repente algo paraba su juego. El estruendo de aquél objeto destruido o esa camisa limpia, impecable con la que en breves minutos saldría a la calle, o la llantina de un hermano menor al que no le habíamos permitido quitarnos el balón…Son ejemplos de situaciones normales que se dan en la infancia, pero qué para el niño se magnifican cuando los progenitores se asoman y nos miran de ese modo tan extraño, desaprobando nuestra conducta. Entra de lleno el temor a nuestro cerebro, el latido se acelera, las manos y la voz nos tiemblan…el mecanismo de defensa bulle incontroladamente y nuestra reacción primigenia es mentir. Mentir para evitar a toda costa el enfado y sus consecuencias. ¿Podríamos decir entonces qué la mentira es una reacción del subconsciente, cuyo mecanismo está provocado por el temor? Siendo así, se podría afirmar la procedencia o cuando menos el origen de la tan traída y llevada mentira sin que en ello existan indicios de culpabilidad conscientes, no al menos en sus orígenes. Qué hubiera sido de la mentira si la reacción (causa, efecto) hubiera sido otra. En el ejemplo de los niños, siempre considerando su inmadurez e inocencia, previa al desafío que resulta la vida y mucho más la convivencia con familia y sociedad. Encontramos factible un cambio de conducta en aquellos que nos protegen y educan. Un cambio de lenguaje y de gestos serian seguramente los condicionantes de la posible no mentira, evitando a la vez el tan desagradable sentimiento de culpa y el propio temor que paraliza o confunde nuestros pasos de manera altamente nociva. ¿Qué ha sucedido mi niño…estás bien, te has hecho daño… cómo ha sido para que se rompiera el jarrón? Nuestro empeño en hacer que todo resulte natural, nuestro empeño en mostrar al niño que nuestra prioridad está basada en su bienestar, aportándole serenidad y consuelo a su posible disgusto y, o, susto por lo sucedido. Darán como resultado un diálogo basado en la confianza donde el menor se hará cargo de sus actos sin que por ello suponga trauma alguno al punto de tener que mentirnos queriendo evitar un castigo, que quizá sea inevitable, y no resuelva nuestro conflicto interior. La mentira pues, no formará parte de su formación que deberá de ser continuada y sostenida con el tiempo y el entorno donde se desarrolle su crecimiento. Son pocos los estudios que he encontrado dedicados al tema que nos ocupa. Aunque sí hay publicados algunos libros cuya protagonista principal es la mentira, como por ejemplo: La Psicología de la mentira por José María Martínez Selva. (Elche, 1955) Catedrático de Psicobiología en la Universidad de Murcia, donde es profesor desde 1978 de Psicofisiología y Psicología Fisiológica. Cómo detectar mentiras de Paul Ekman (Washington, 1934) psicólogo norteamericano experto en el estudio de las emociones y fue profesor de Psicología de la Universidad de california, en San Francisco, puesto del cual se jubiló en 2004. Además ha sido asesor del Departamento de Defensa de los Estado Unidos y del FBI. Se le ha concedido en tres ocasiones el Premio a la Investigación Científica del Instituto Nacional de la Salud Mental. De cualquiera de ellos extraeremos seguramente nociones sobre la misma y ejemplos múltiples de esta fusión perenne del hombre con el engaño o la mentira. Todo acto (digamos erróneo), tiene sus consecuencias dependiendo de la gravedad del mismo. Quizás por ello se ha intentado clasificar la mentira en base a la importancia de la misma. Hay mentiras inocentes, (mentira de niño), hay mentiras piadosas cuya finalidad es evitar (o eso se pretende) un daño al otro, o un mal mayor al que sabemos de fijo ya se ha creado. Evitar, mintiendo, que un conflicto se agrande descubriendo al autor o autores del mismo. Creemos en nuestro interior, que esa mentira por ser piadosa nos libera de la culpa y nos exime del hecho reprobable, de haber cometido esa falta, ese engaño. Hay mentiras trasgresoras, meditadas, estudiadas a conciencia que son usadas para propio beneficio. Sabemos que con una mentira podremos sacar provecho de algo que nos interesa obtener y omitimos la verdad o la camuflamos con la finalidad de salir victoriosos de cara a nuestros intereses personales. No hay coacción, (nadie nos obliga) Sin embargo lo usamos como complemento para alcanzar nuestras metas. Los ejemplos serian múltiples. Desde la negación a haber copiado en un examen, hasta el fingimiento de nuestras cualidades o méritos para (por ejemplo) obtener un trabajo, un favor, una pareja, un crédito personal… Obviamos que la mentira pueda ser descubierta, inclusive en caso de.- “Ser descubiertos”, tenemos por costumbre y en prevención de lo que pueda suceder, otra mentira que cubra o nos libere de la carga de la primera. Y esto sucede así cuando por sistema hemos adoptado la mentira como referencia de nuestro caminar dando pasos de gigante si es posible para, como ya dijimos conseguir nuestras metas. El que más y el que menos hemos hecho uso de la falsedad o la mentira aunque no siempre somos conscientes de ello o no le damos la suficiente importancia. La mentira está establecida en nuestra Sociedad lo mismo que cualquier otro enser o utensilio que nos facilita la vida y la convivencia. Estamos adaptados a su existencia y precisamente por ello nos pasa desapercibida, como que nada tiene que ver con nosotros, cuando es evidente su uso de manera cuasi permanente. ¿Puede la mentira convertirse en nuestra sombra, pegarse a nosotros del tal modo que nos resulte imposible deshacernos de ella? El apego a la misma puede pasarnos factura cuando existe una adicción que nos impide ser sinceros, esté en juego o no algo que lo motive. Mentirosos patológicos, así se denomina a quienes son o se sienten incapaces de entablar un diálogo sin que medie en algún momento una fantasía no estudiada que surge espontánea y que no tiene más sentido que alimentar la gula de su creador. A ellos les cuesta mucho reconocer esa mácula que los cubre. Está tan arraigada desde sus orígenes que ellos mismos acaban creyéndose sus propias fantasías, mentiras o divagaciones. Difícilmente cambiarán su actitud, pues en principio desconocen la gravedad o el perjuicio que pueden trasmitir a otros. Lucharán impávidos contra la desconfianza que provocan sin llegar a sentirse culpables de sus actos. De manera curiosa incluso la mentira nos sirve para conocer la verdad; para desenmascarar al mentiroso…, cuando la evidencia muestra que ambos estamos cometiendo la misma falta o estrategia. Conclusión: ¿Qué es la mentira, una carencia afectiva, un fraude, una estrategia, un hecho deleznable, un escudo que evita raspaduras incomodas, un método rudimentario que protege nuestra intimidad. Un error de aprendizaje que nos cuesta desaprender..? Miénteme, con ¡honestidad! Raquel Herrero