viernes, 27 de febrero de 2009

CONFESO

Confeso

Inconfesable deseo de
unir infiernos y cielos,
de amarrar sus versos,
de poseerlo.
Incomprensible fuero
que me sonroja y arroja,
instintos primitivos
de mitológica Venus.
Inalcanzable anhelo,
de caer en sus brazos
Y explicar lo inexplicable
de un nombre, de un hombre,
de un te quiero.
Incontrolable delirio;
Fuente inagotable,
de fusionar un mundo,
entre su piel y mi carne.
Raquel Herrero

ELLA


Ella
Surgió de lo profundo del océano
Como sirena extenuada…
Queda su cuerpo, tendido en la arena,
sus cabellos ondeaban con el viento,
la suave brisa, acariciando sus senos.
El sol marinero que moría de celos,
quiso con destellos caldear su cuerpo.
La hembra seducida, se arqueaba en
sensuales movimientos, excitada y
anhelante por participar del juego.
Por momentos cada fibra, cada poro,
exudaba de deseo y una concha entre
Sus muslos, se abría de puro fuego.
En aquella cala solitaria, dos manos
se extendieron… volubles portadoras
Para calmar el deseo. La sed procaz
de un pirata al abordaje, que ligero
de equipaje se ofreciera a un largo
viaje por las playas de su piel.
Imaginario poeta que de cada verso
expresa, perfecta la conjugación;
De un orgasmo infinito, cuya cadencia
Ritmo y sucesión… se escabullen
En la entrepierna... buscando su
Ocasión.
La perla luce en la abertura, la
Concha pide premura…
¿Serán mis manos o las tuyas?
Se pregunta la sirena, abrasadora
Por tanto sol…
Raquel Herrero

CÚBREME


Cúbreme amor, cúbreme
Hoy necesito sentirme mujer
soñar al menos, que el hombre
que amo, no es príncipe encantado
sino real, cómo mi propia piel.
Quiero ser tu princesa, tu dama,
tu embrujo, tu calma.
Quiero ser la hembra que por
cada noche, caliente tu cama.
Necesito saciar esa sed que reclama
sentir la apetencia del hombre cada
vez que la llama.
Notar, como el roce de mi cuerpo
te excita, te provoca, te seduce, te
acompaña, humedeciendo cada poro
eclipsando tu mirada, mientras ardiente
el deseo se adueña de la estancia.
Mírame, regálame el aliento de tu boca;
Que sean nuestras lenguas portadoras
de un dulce manjar que se devora.
Como lobos hambrientos, aquí y ahora
nuestros cuerpos delirantes se agitan
desaforados. El prepucio de tu pene
en la boca a penetrado mientras
tu lengua jugosa el pubis ha conquistado.
Las manos danzan sutiles, ligeras, explorando.
Esclavas de la lujuria que recorre nuestras
venas. Y en este mágico estado, yo
abogo por mi condena. ¡¡Penétrame, hasta
que estalle!!, despójale a mi cuerpo, a mi
alma de tanta soledad, de tanta pena.


Raquel Herrero

CÚBREME

Cúbreme amor, cúbreme
Hoy necesito sentirme mujer
soñar al menos, que el hombre
que amo, no es príncipe encantado
sino real, cómo mi propia piel.
Quiero ser tu princesa, tu dama,
tu embrujo, tu calma.
Quiero ser la hembra que por
cada noche, caliente tu cama.
Necesito saciar esa sed que reclama
sentir la apetencia del hombre cada
vez que la llama.
Notar, como el roce de mi cuerpo
te excita, te provoca, te seduce, te
acompaña, humedeciendo cada poro
eclipsando tu mirada, mientras ardiente
el deseo se adueña de la estancia.
Mírame, regálame el aliento de tu boca;
Que sean nuestras lenguas portadoras
de un dulce manjar que se devora.
Como lobos hambrientos, aquí y ahora
nuestros cuerpos delirantes se agitan
desaforados. El prepucio de tu pene
en la boca a penetrado mientras
tu lengua jugosa el pubis ha conquistado.
Las manos danzan sutiles, ligeras, explorando.
Esclavas de la lujuria que recorre nuestras
venas. Y en este mágico estado, yo
abogo por mi condena. ¡¡Penétrame, hasta
que estalle!!, despójale a mi cuerpo, a mi
alma de tanta soledad, de tanta pena.


Raquel Herrero

DELIRIOS


Delirios

Que amargo sabor de labios
cuando queriendo besarle,
se usurpan bocas ajenas,
tan solo por encontrarle.
Que frío, siente la piel
cuando busca las caricias
en manos del extravío,
creyendo que son de él.
Que poder imaginario
acrecentando latidos,
degustando en cada poro
el jugo de sus fluidos.
Que delirio inexplicable;
El orgasmo se ha cumplido.
Eras tú quien penetraba
Y era él… al lado mío.
Raquel Herrero

Dictados


Dictados


Como quisiera alcanzarte. Ser viento,
ser brisa, ser aire… Acariciar tu piel
y de tus labios tomar la mies.
Ay¡¡ como quisiera poder amarte,
devorar inclemente la distancia cruel
que nos separa. Acercarme, sigilosa
hasta tu lecho…
Acurrucarme, muy despacito entre tu
pecho; acoplar mi cuerpo en cada
pliegue vapuleado de tu ser excelso
Y llenar cada poro de cálidos besos
que calmen fatigas y renazcan sueños
de amores profundos sin necesidad
de dueños.
Como quisiera, ser el jugo que calme
tu sed… y al amanecer el alba con
el alma reposado, escuchar entre susurros
lo mucho que me has querido, lo mucho
Que me has gozado.

Raquel Herrero

¡¡Ay Mujer!!


¡AY MUJER!

¡Ay mujer, mujer! que redescubre
la pasión de su propia piel… mujer,
que al igual que pistilo en flor
aferrándose a sus óvulos… Se crece
y expande, buscando dejar la huella.
Ese estigma de color que poliniza
y fecunda el paraje de su amor.
Ay mujer, mujer, que llega del ayer
y en presente, representa, la presencia
de su ser…
Ella siente, ella vibra, y quiere ser,
cual junco a orillas del río
que baila alegre y mecido
en brazos de la suave brisa…
Que alardea de sonrisa entre oriente
y occidente, manejando a su albedrío
besos, gozos y suspiros…
Interior de sentimientos y latidos.
Y quiere ser, amapola floreciente
entre los verdes trigales, entre sol
naciente… Y quiere ser,
Aurora que luce convoca y provoca
un radiante amanecer.

¡Ay mujer,
Mujer!, que necesita el poder
de atracciones imantadas que
en fusión de hembras y varones
cual cordón umbilical; van construyendo
nido, colmena y pajar en gemelos
corazones, privados de libertad.

Raquel Herrero

Apaga la Luz Amor


Apaga la luz

Apaga la luz amor,
la llama está prendida,
su luz nos guiará...
La dama, está rendida.

Abre tus ojos amor
y busca en su mirar
la estela que relumbra
encendida en el altar.

Es real la fantasía,
ella lo siente... estás.
Las manos entregadas
comienzan a danzar.

Convertida en amazona,
sujeta la crin, acerca
el bocado, degusta
la mies, de un potro
servil y desbocado
delirio del enamorado
que ansia rozar la piel.

Ahora, sus manos
se mueven lento, suave,
en rodamiento halado,
le acarician la sien.

El bello animal excitado,
se entrega a su amazona;
Galopando a su ritmo
embriagado por su aroma.
Se deleita en el deseo
de dar gozo a los sentidos
veraces y consentidos
por la hembra y el varón
que toman sus deseos
Como la fiel religión
de seguir hasta la morgue
su amante condición.

Ámame igual que amo.
Profundo, penétrame,
Si quieres grítale al mundo,
Lo mucho que te amé.

Raquel Herrero

A SOLAS


¿Por qué lo extraño?,
¿por qué, su no presencia
me hace daño?..
Queda mi pecho compungido
Necesito su calor… Y sin el…
mi cuerpo tiene frío.
¿Que me ha dado?..
Que ya no encuentro alegría,
más que cuando llega y…
Me alborota, me provoca,
desnuda mi alma
y en secreta calma
despoja mis vestidos.
El silencio de las horas,
se convierte en mi enemigo.

Me da miedo enamorarme,
perder por él mi sentido,
que lo busque y no lo encuentre
pudriéndome en el hastío
al ver cómo indiferente,
ya no está, ya lo he perdido.
Me da temor desearle,
tomar un cuerpo que ansío.
Devorarlo entre mis sueños
Y en un nuevo amanecer,
encontrarme su vacio.
No quiero siquiera imaginarme,
que quede solo en mi recuerdo
lo mucho que lo he querido.

Me asaltan los temores después
de vislumbrar, como derrama sobre
mi, el bendito elixir de su locura.
¡Cómo me excita, cómo me incita!
Como recorrer su piel, es un viaje
de delirio y desenfreno;
¿Que haría yo después?..
Cuando sé que de amor muero
Y no lo quiero creer.

Raquel Herrero

miércoles, 25 de febrero de 2009

Leyenda inacabada I parte

Cuenta la leyenda inacabada
la ventura y desventura de la peregrina
que un otoño, acaso el ocaso de la vida
le devuelve a recorrer senderos. Caminos
transitados de ácidos limoneros,
de naranjos llamativos, de rosales espinosos
de negras zarzamoras, de verdes olivos…

Cuenta la leyenda inacabada
que fue tenue la luz de su destino
que anduvo entre tinieblas y demonios
maldecidos. Que quiso ahondar en la
tierra, arrojarse en el cauce de los ríos,
aspirar el opio de verdes adormideras
y embelesarse con la luna nueva.

Cuenta la leyenda inacabada
el lento y fatigoso crecimiento
el hedor de bocas baboseadas
de manoseos sudorosos, de pérfidos
tocamientos, de hilillo de sangre
de himen roto, de gritos sin sonido
parálisis cerebral de los sentidos.

Cuenta la leyenda inacabada
de los misterios del corazón aterido
que sigue latiendo, que sigue herido
bombeando esperanza, piedad, sosiego,
calma acunada por el alma invisible
que sin dar cuentas a nadie, asome
y recoja tanto desatino.

Cuenta la leyenda inacabada
que la errante peregrina
vagaba como espíritu de profecía
imaginando, intuyendo, sintiendo
ser justo alimento de buitres carroñeros
que festejan su festín después de
consumir, quebrantar y relamer.

Cuenta la leyenda inacabada
que cierto día en un nuevo amanecer
se juro a si misma, no sentirse vencida
que enjugando lágrimas, arrojando harapos
se lavo la cara, se espejó en el charco
y ensortijando su larga cabellera
se hizo amiga de duendes, magos y hechiceras.

Leyenda II parte

Cuenta la inacabada leyenda
que siempre fueron dos mitades,
peregrinas mal avenidas, sin embargo
nada pudo separarlas. Mismas venas
misma sangre, filtradas de oxigeno,
de anhídrido carbónico, de liquido acuoso,
de células madre…

Cuenta la inacabada leyenda
que en el cruento proceso de una
mutación constante, se hizo presa
de la rebelión; escudo, bandera,
estandarte, baluarte, emblema,
insignia… y previsible condena
de su clamada decisión.

Cuenta la inacabada leyenda
del sabor amargo de tantos y
tantos besos, ceñidos de mentira,
de caricias olvidadas a la vuelta
de una esquina, de ficticias ilusiones
entregadas a la fantasía, de promesas
etéreas, perdidas en lejanía.

Cuenta la inacabada leyenda
el gozo hermoso de la rosa encendida
el latir acelerado, que devuelve la vida
renacimiento de fluidos jugosos que
calman la sed de quien por hembra
y mujer, se expande cual mariposa de
tiempo limitado, antes de perecer.

Cuenta la leyenda inacabada
que cada noche, cada madrugada
se dibuja en su rostro la amargura
de un querer creer que es coherente
su locura. Que indulgente, no puede más
que comprender qué, quien no sabe querer
carece de potestad para ganar o perder.
Leyenda III parte


Inacabada leyenda que cuenta
que de pronto la furia interna,
la ira contenida, quebrantó
su promesa. El silencio, la
sin razón, de un quiero pero

no puedo, destruyeron sin piedad
el brillo de dos luceros.

Inacabada leyenda que cuenta
que un grito desgarrador se oyó
igual que aullido de lobo hambriento,
de lobo herido, herido de amor.
Semejante al viento tumultuoso,
que cruje en sibiláncias, de sonido
y quejido aterrador.

Inacabada leyenda que cuenta
el febril temblor de la gacela
perdida su gracia, su agilidad,
en batallas desiguales, al oponerse
de frente a seres sin figura que
esconden bajo su armadura
lenguas venenosas, afilados dientes.

Inacabada leyenda que cuenta
que perdida en agónicos desiertos
quedó su cuerpo tendido en la arena
cansada, hundida, desconsolada.
Extravío en la mirada, vacío,
silencio, esperando que la dama negra
compadecida, por ella viniera.

Inacabada leyenda que cuenta
de una estela luminosa que la guía
a la dulzura de días venideros,
a pactos sellados a fuego,
a recuerdos de afinadas melodías,
al gozo de la bienvenida, de un
te quiero, te quiero…
¿Acaso tú, no lo sabias?..

Raquel Herrero

martes, 24 de febrero de 2009


MUJER EN PAISAJES

Quien corretea caminos,
se ha de llamar peregrino.
Ojos mansos, pies activos,
Sed de lugares y gentes
en soledades andantes.
Y muy, de vez en cuando;
Por gracia, por suerte,
Una posada anfitriona
Le acoge en caricias.
Reparando las fatigas
De quien siempre,
está de partidas.

Pero este viaje, es distinto…
Mirad aquella ventana,
reclinada en compostura.
Inicia su andar la señora,
haciendo barca su banca.
Un atlas a colores, es dama.
Geografías tan distintas
en un viaje sin moverse.
Calzada sólo en sandalias
tejidas por sus miradas.

Hombre torpe, hombre, necio,
que crees qué, solo se anda
por fuera de las alcobas.
Saliendo siempre de las salas,
dejando atrás, las casas.
Desanda tus andaduras
Detente,…
Mira esa ventana,
y en las manos de la dama,
junta tu mano y camina.
Carreteras de perfumes.
Autovías de sonrisas
y entre ellas,
de vez en cuando,
callejuelas anochecidas
en estrechas lágrimas contenidas.
Que salando sus parajes;
irritan sus ojos de luna.
Invitan a travesías,
pintados sus mapas en pieles.
Tallando bosques remotos,
regalan mares de flujo,
playas, valles y florestas.
Mareas, soles, ventiscas,
desiertos y hasta altivas dunas
que anuncian cielos tan ciertos
en tan delicada geografía.

Dos voces hallareis sonantes.
La una, la propia,
la otra, la suya.

Y siendo dos, parecen una,
porque se funden las rutas
cuando una mujer
os regala el boleto
qué, pasajero te hace
de sus misterios y sueños,
de sus latidos y rezos.
De si misma, contenida,
estallando abierta y franca.
En sus universos intensos.

Te animas entonces, a ser
aquí y ahora… ¿Viajero, de sus paisajes


PAISAJE I
OCEANO DE MUJER

Su Voz:
Con los cinco sentidos dispuestos a navegar.
Bajo cielos soleados, oscuros, luminosos, estrellados.
En esta barquichuela que mis manos han forjado,
surco puertos, lagunas, pantanos, océanos y mares.
Mi vela, bien sujeta a su mástil, ondea y se agita
soporta las embestidas de vientos huracanados
que emiten sonidos estridentes… quebrados.
Pero yo que siento y me siento marinera
giro a estribor, a babor, a mi favor, la vela
en busca de aguas dulces, calmadas, serenas.
Donde la ventisca, sea brisa; La sal, suave arena
y mis cinco sentidos aromas de hierbabuena.
Mi destino es incógnito, la esperanza mi abrigo.
Mi barca el refugio, mi fortaleza, el camino.
Y en esta travesía de aventura y desventura
voy dando rienda suelta, a esta cuerda locura
de sentimientos arraigados en el pensamiento,
de latidos qué se mezclan, entre calmos y agitados.
Marinera solitaria que sin buscar, encuentra a quien
invita y se invita a ser parte del crucero.
La soledad, es una artera compañera. Entonces
aceptando al pirata, abordando mi barca;
ahí vamos de vez en cuando, devorando mares
o remando en sudores que buscan lunas y soles.
Sensaciones únicas, placenteras, gozosas.
Una a una, descubiertas, a toda vela.
Izando anclas.
Ya no quiero amarrar en ningún puerto,
ya no quiero afincarme, en puerto alguno…
Quiero solo convertirme en gaviota y emigrar.
Elegir, a quién mis alas abracen, a quién mis ojos miren,
a quién goce mis caricias, a quién mis besos reciba.
Dejar atrás, censuras, vergüenzas, pudores, sonrojos,
que ahogan instintos, sentimientos vivos y gozosos.
Mi pecado, es querer. Mi castigo, saber que lo elegido
sólo en mis sueños será mío. Y aún así, quiero querer.
Porque, aquél marinero que penetró en mi sentidos.
Me llena, me hace bella, me enorgullece, me fascina.
Diosa de lo imposible, de lo terreno, de lo humano.
Diosa de lo indecible, lo inalcanzable, lo soñado.
Y no por ello, menos querido, más añorado.
Tan hermoso, que por latente y presente…
Es, más y más amado.

Mi voz:
La mar y la barca, abarcan horizontes.
Cercanos, lejanos, distantes, apretujados.
Oleajes ideados en solitarias tormentas
Que, compartiendo distancias,
siembran los besos salados.
Travesía que llaman pecado.
Viaje condenado a naufragios;
Y sin embargo:
Nadas, flotas, buceas
en el océano de tus entrañas.
Sirena de aguas cálidas.
Gaviota de cielos abiertos.
Migras en próximas primaveras,
a los parajes donde harás nidos
cóncavos y receptivos.
Vitalmente jóvenes.
Rama a rama, entretejido
en tus latidos de hembra.
Néctares demorados
que estallan, cuando te aferras
al férreo mástil entre tus velas.
Vuelve el poema a tus puertos,
llega el verso, donde fue parido.
Y en ese reencuentro contigo
te despiertan anocheceres
en tus mañanas cotidianas.
Extiende la mano gaviota
mientras te nacen las alas.
Viajeras que acercan los mares;
Bebiéndose todas las aguas.

Su Voz:
Naufragaré contigo marinero, si tu lo deseas.
Desalaré los mares. Pues por ti, emprendí viaje.
Solitaria marinera, ligera de equipaje…
Fuertemente aferrada a su mástil, pregunta
¿Quieres tú marinero, acompañarme en este viaje?

¿Cómo llamar, marinera, a esta travesía?
¿No es acaso, el nuestro, un viaje distinto
pero, no menos azaroso?
Entre rías, meandros, turbulencias…
¿Pero siempre sediento, de mejores aires?
Aquellos que nos aproximen a la costa,
donde el ancla de la mirada; aproxime a los lejanos.
¿Tan sola presientes este viaje, que preguntas,
si sola navegas?
Penúltimos besos, es una hermosísima imagen.
Por qué jamás despide y, augura nuevos encuentros.
No pude, ni supe responder. La lengua muda,
la mirada cristalina. Que nombre ponerle
a esta sin par y mágica travesía… no lo se.
Tal vez, pasión, fortuna, sortilegio, ternura, belleza,
sentimiento, sinceridad, aliento, confirmación, deseo.
Temor, amor, valentía, frenesí, gozo, latidos…
Visceral exposición, del cuerpo, de la mente,
del alma, del corazón.
Clama al cielo, la ofensa de pensar siquiera.
Más aún, de sentir ni por un momento,
que sola, embarqué, que sola navego,
que sola, voy, que sola, estoy.
Si mi nombre, es su nombre, si mi voz
es su voz, su alimento, mi alimento, su calor
mi calor. Mi ansia, su ansia, mi dolor, su dolor.
Su esperanza, mi esperanza. Su entrega, me llega
y me llena, hasta el último rincón.
No existen juramentos, ni cadenas, no existen
obligaciones ni condición. Ni castigos, ni condenas.
Existe, un nuestro, un nosotros, un lo siento, un perdón.
Existe, un queremos, un sabemos, un podemos.
Una mutua aceptación…
Existe un riachuelo, un mar, un afluente. Un velero
que ondea con libertad, mecido por el viento.
Sentir, vivir, gozar, crecer, crear, renacer, vibrar…
Es suyo, es mío, es nuestro.

Mi voz:
En un océano de aguas entre bravas y calmas,
se avivan incendios que danzan en llamas.
Arqueados meneos en planicies ralas,
dulcemente desforestadas,
para recibir a las aguas…
Sedientos poros que en rosario de pieles
se ordenan y orientan, hacia puertos nuevos.
Que vírgenes inauguran los amarres de veleros y corsarios.
Dos manos abanican explorando
las playas dichosas, en arenas blancas.
Que suenan melodiosas al tensarse,
sus cuerdas de fibras delicadas.
Armónicas en compases.
Música en notas de suspiros,
jadeos y hasta un grito
que estalla, inunda, ilumina,
el destino de una alcoba prometida.
Capitana de instintos y latidos.
Cómplice, prisionera y dama.


PAISAJE II
DESIERTO DE MUJER

Su Voz:
Dos sensaciones conviven,
Permanentes habitantes
de este desierto en paisaje.
Que en el día, arenas en brasas,
acaloran antorchas
moviéndose en llamas invisibles.
Y en las noches…
Cada noche.
La soledad las torna hielos,
nieves, escarchas frías de
ausencias anunciadas.
Inhóspita noche de desiertos;
Que, a ojos abiertos,
esperan al sueño.
Sin embargo, aun entre fríos y fuegos,
un oasis, espeja en aguas los deseos.
Manantiales de dentro que salen,
en gotas benditas de, elixires vivos.
Reviviendo al extraviado caminante
que, tiritando abreva,
en tanta vida, en semejante páramo.
De día, abraza la vida.
De noche, congela sus lunas.

Los sentidos, se agolpan
en semejante destino.
Se abrazan, se cobijan
en parajes desérticos y fríos
El astro rey, cálido, resplandece.
Un rayo de luz, funde sus ejes,
cegando el iris cristalino.
¡No te vayas! ¡No me dejes!
¡No, te alejes!
La piel sudorosa, goteando sales.
La boca sedienta, de azahares.
Perdido caminante qué, agónico,
confunde arenas por caudales.

Pero aún no es el momento.
Tomará jugo de sus propias sales
y al viento, le robará el aíre.
Ellos calmaran su ansia, mientras
renacen más fuertes, los deseos
.
Y ahora cerca, y ahora lejos.
fugitivas palmeras del desierto.
Tan firmes y arraigadas; que rozan
el firmamento.
Acercadme, un pedacito de cielo,
un lucero que alumbre y relumbre,
tan oscuros anocheceres.

Mí Voz:
Tormentoso desierto de viento y arena
que cambia paisajes en la luna nueva.
Dunas y meandros, colinas, estelas…
Se esfuman de golpe, pisadas y huellas.
Y ahora cercano y ahora en lejanía,
espinosos cactus, sangran heridos.
Espejismo en la llanura que refleja
el rostro y figura de la cantarera.
Sedienta de gritos que la reclamen,
néctares jugosos de sus azahares.

Su Voz:
Tendida en medio del desierto.
Vacía por fuera, vacía por dentro.
Preguntándose cómo, llegó aquí.
En que momento de su existencia,
tomó, este árido camino de soledad.
El dolor bloquea la mente, ni frío
ni caliente, nada, nada siente.
Quiere avanzar, pero no puede.
Quiere llorar, pero no debe.
Quiere volar, pero no se atreve.
Ni siquiera los versos, la conmueven.

Cuanto durará, el temor que hiere.
Inmensa plaza de arena, sin diques,
ni muros, sin burladeros, ni graderíos.
Toros fantasmas, negros, bravíos,
que embisten, cornean y duelen.

Mí voz:
Tanta plaza para tan pequeña coraza.
Tantos gritos sordos que, turbando miradas,
dejan caer banderillas que no se clavan
en el fantasma bruto, que burla y burla,
esta corrida de suertes y duendes.
De pronto un silencio en silencio.
Desierto que agiganta desiertos.
Arena que esparciendo arenillas,
hieren los ojos, que bajan miradas.
Que el salto grandioso del viaje soñado,
se nubla difuso y confunde al viajero.
Que por desierto, es peligroso.
Que por océano, es un abismo.
Que la propia espada;
Se clava en el mismo cuerpo.
Y yaciendo herida se queja en silencios.
Hilillo de sangre, que moja la arena.
Que, se escapa la vida.
Que, se evapora el aliento.
Que, el suspiro es espina.
Y desangelada soledad
pisotea la rosa
tan roja…tan blanca...tan peregrina.
Sonríe la mística heroína;
Que una sola decisión,
pudo más que mil corridas.
No está, muerta en vida,
quien con capote de versos
y acero templado en caricias,
salió a la corrida de la vida.
Saludando en vítores,
en andas de sus propios miedos.
Que orejas y rabos negados
le abrasan, tan digna.
Acallando a la turba
necia y egoísta.
Que le decían cadáver
a quien, en su mismo desierto
despertaba florecida.

Su Voz:
Otra vez, sus gritos airados.
Rogando, ser escuchados.
Que ya, no puede seguir así.
Este silencio, la está matando.
Este callar, lo que va penando,
tal vez mañana, sea tarde ya.
El polvoriento camino, la ciega,
ahoga sus gritos, sus palabras.
Mancha, asfixia y envenena.
Qué cruz, qué dolor, qué pena.
Que a nadie culpa de su condena.
Que ruega y ansía, su libertad.

Quiso volar, con sus alas rotas.
Tal vez, en un último viaje…
Reposar en el nido, tomar aliento
y volver, soportando, su destierro.
Torpe avecilla qué, sin emprender el vuelo
la voz de la conciencia, estrelló su cielo.
¿Que pretendes, pequeña y herida gaviota?
Jamás, podrás remontar el vuelo.
Nadie te sueña, ni espera, ni arropa.
Posa en la arena, vuelve a la sombra.

Vencido el ánimo, decae la rosa.
Nacida, en tierra seca y pedregosa.
No es roja, ni blanca, ni hermosa…
Sedienta de raíces que acojan,
pétalos decadentes, marchitadas hojas.
Campo desértico que abre la fosa
a quien se inhibe y arroja.

Mi Voz:
Hombre bruto que, allí la veis.
Sentada junto a esa ventana.
Tan educadamente vestida…
¿Conocéis mejor ahora,
el Sahara, de la dama?
Grano a grano, sembraste arenas
que surcos áridos abrieron,
haciendo perder las aguas
que secaron sus entrañas,
tanta sequedad de mal sabor
descomponiendo perfumes
en quiebres de labios mordidos;
exprimiendo las gotas vespertinas
de aquellos rocíos, juveniles.
Manantiales de sus entrañas,
flacos huesos tan quebrados.
Osamenta que es despojo
de machos buitres, infieles,
que a fuerza de picotazos,
carne tan pura humillaron.

Hombre necio, hombre bruto
que de este paraje hiciste
testigo feroz de tus andanzas.
Dando fe de tus obras,
Tan sucias...tan malas…
No quites ahora tu vista,
de esa dama, en su ventana.

PAISAJE III
MUJER EN SERRANIAS
Mi Voz:
Pies frondosos, caderas verdes,
arbustillos desprotegidos,
dejando rala sus cimas.
Montaña que ya desviste,
al escalador penitente,
que pisotea tus sendas.
Sólo, por conquistarte.

Es tan hembra, tu imagen.
Montaña erguida en la tierra.
Despeinada por los vientos,
arremetida por lluvias.
Acunando, secretas aguas
en manantiales profundos;
Escondidos en grutas cóncavas
que dan de beber al sediento.
Que cuando harto y satisfecho,
saliva y enturbia.
Contamina e incendia.
Su ignorancia maligna,
deja los rasos fríos.
Mientras la nieve se aferra
a tus puntas, a tus riscos.
Helando tus poros, petrificando raíces;
Cuando el sol imaginado,
no llega, no alcanza, se oculta
en nubes canosas que nublan
ocultando las puntas
de tus faros mas lindos,
mas dignos, más hermosos.

Su voz:
No podía ser un sueño inalcanzable
cuando sus ojos lo veían tan palpable.
Tras aquella cima de rocosa montaña,
habitaban. Atrayentes, cómo imanes.
Esa esencia, que se hacía presencia.
Ese aroma, convertido en suspiros.
Esa piel que anhela, lo desconocido,
que lo siente, tan bello, tan vivo, tan suyo.
La pasión es orgullo y el delirio, compasión.
Que niega y que llama, que oculta y que ama.
Versículos humanos, de humana condición
cuya pluma, firma y afirma, derramar sangre
en cada frase, verso, estrófica o renglón.
El mismo nutriente que alimenta las alas
de coloridas, hermosas y aventureras aves
que vuelan liberadas, de afrentas y pudor.

Cada día, cada noche, cada hora, se repiten
incesantes los lamentos. Buscan argumentos
que renueven, aquellos aires contaminados.
Dejándose llevar a merced del viento
a paraísos de Adán con su desnudo cuerpo.
Creación multiforme, en paisaje universal.
La hembra es mujer, el varón es hombre.
Mismos cuerpos, bocas y nombres.
Mismos latidos, deseos, sentidos.
Misma risa, mismo llanto. Misma alegría,
mismo quebranto. Y un mismo ruego…
Paz, felicidad, amor…¡que bello canto!

Pisadas silenciosas, sobre hojas de otoño
escapan fugaces buscando primaveras.
La empinada cuesta, termina en la ladera.
Remanso de cuerpos cansados. Buscan aliento
para retomar; el duro, pero alentador trazado.
La inspiración brota de claros manantiales,
torrentes que sacian, que humedecen
que invitan y provocan al cálido baño
en el vaivén de sus aguas generosas.

¿Quién plantó tan alto, la semilla del olivo?
Árbol fecundo, secuestrado en terracota.
Nacen desde su entraña, los verdes ramajes
que miman y arropan, a la frágil oliva
que al madurar, cae, para que la recojan.

Mi Voz:
Mujer de la ventana, que miras montañas.
Tanta fecundidad animas, imaginas.
Naturaleza virgen, lastimada
por tanta poda y tala provocada.
Un rayo de temor, iluminó ese marco
cuando en tu rostro se dibujó.
Un rictus de labios,
un presagio.
Una sombra fría, te paró en la cima.
Intuyendo tu salto en un grito;
Hacia la noche del peñasco, hondo
vacío, vacío en giro, cayendo.
¿De que huyes? ¿A quien buscas?
En remolino feroz entretejido.
Arañando pieles, rasgando prendas.
Jirones de alma, se van desgajando.
Hiriendo a la flor que, aun en caída,
regala perfumes de sentidos.
Madre de madres, entre la hierba.
Reina de reinas, en sus estrellas.
Qué, al estrellar su osamenta
en riscos de indiferencias;
Resucita sus pulsos,
sus ritmos…
Inmensa, eterna, divina.
Señora bautizada en bosques
con el nombre de la flor
Siempreviva…siempre viva.

Su voz:
Escucha, el sonido del silencio
que se rompe, se quiebra, de golpe
cuando irrumpe, el grito huracanado
de voces sin sentido. Viento gélido
que deja parálisis en el cerebro.
Ya no huye, ya queda quieto.
Mira, a través de los ventanales,
cómo la luz, refleja sus cristales.
Y sonriente, se asoma. El aroma,
es embriagador y ella, lo palpa,
lo huele y lo toma.
No hay nada perdido aún.
Sanarán las heridas, quedarán
cicatrizadas. Llegarán abiertos
los caminos y, el destino
manteará, nuevas jugadas.
Vengo del ayer, vivo el hoy,
te esperaré, mañana…
Y a campo abierto, elevar
promesas, deseos, juramentos.
Seguir, escalando sus poros
y tal vez, rozar, el firmamento.

Peregrina,… peregrina. Se escabulle
de humillaciones y cobardías
Peregrina…peregrina.
Busca del alma pura, sedienta,
necesitada y viva.

PAISAJE IIII
MUJER DE ASFALTO
Su voz:
Pálida tez, ojos sombrados.
Labios mordidos, apretujados.
Languidez que se arrastra
por el humeante asfalto.
Moléculas de anhídrido carbónico,
en actual y ficticia naturaleza.
Altos edificios, que se tambalean;
Torre de Pisa, en desarraigada tierra.
Homenajeada estatua de mujer entera
que hubo de cortar sus venas, para
demostrar, que la sangre fluía en ellas.

Para un momento, no más.
Reposa tu mirar, en mi mirada.
Si la luz desprendida no te llega,
marcha sin dolor. No hagas nada.

Por un minuto, para tu reloj.
Aproxima la piel a la caricia.
Si no sientes, que el latido se acelera,
aléjate liberado, despréndete de ella.

Escucha el eco de la voz ahogada.
De vocales melodiosas destensadas.
Si no adviertes entre ellas, el arrullo
de la tórtola, el trinar de un jilguero;
Escapa del sonido, sin desespero.
No te aferres, al quiero y no puedo.
A ese puedo, pero no debo…
No dejes pasar tu vida, tiritando;
Arrepentido, entre tus lamentos.

Nada es fácil perdido en muchedumbres.
Pisadas, codazos, empujones…
Golpes de suertes, fuertes embestidas.
Celos, envidias, falsedades y mentiras.
Cruzando la acera, buscando salidas.
Laberinto de calles, abiertas, estrechas
En bajadas, subidas y hasta curvas
que agotan, extravían, descolocan.
De vez en cuando, se levanta la vista
y allá en lo alto, muy alto, se divisa
una estela azul, en cielo contaminado.
Quiere seguir esa huella, quiere ser
parte de ella. Ser perfume de día
y cada noche; una estrella.

Las luces del semáforo, obligan, alertan.
Espera. Cruza ahora. No, te muevas.
Colores rojo, verde y ámbar, sinónimos
de prohibido, de libertad, de alertas.
También es verde, el color esperanza,
y rojo, el del fuego y la pasión.
El ámbar, esencia delicada;
Colores y estados, en franca fusión

Y soñando, soñando, viajar en el iris.
Arco multicolor que alcanza, puertos,
aeropuertos, aduanas, estaciones,
Campos, mares, océanos, glaciares
Ríos, montañas, valles…
Desde esta ventana peregrina
embarcan mis horas quietas.
Polizones de anhelos nuevos.
Bodegas llenas de instintos.
Y en una pequeña maleta;
Mil deseos contenidos.

Mi Voz:
Urbe erecta de cementos.
Urbe que se hace orbe.
Orbe indiferente a la ubre
nutriente de sus latidos.
Asfaltos grises, curtidos,
posados sobre la tierra;
La cubren, la endurecen,
pañuelo duro de grises.
No olvides que por debajo,
hay un racimo de hierbas
jugosas y tiernas,
que no han muerto todavía.
Asoman, apenas escondidas
latentes, pendientes…
Que hasta el mismo cemento
al quebrarse,
descubre su corazón de arenas
como en aquellas playas soleadas,
arropada en vestidos de hembra,
recibiendo mareas ajenas.


PAISAJE IIII
MUJER DE ASFALTO

Su voz:
Pálida tez, ojos sombrados.
Labios mordidos, apretujados.
Languidez que se arrastra
por el humeante asfalto.
Moléculas de anhídrido carbónico,
en actual y ficticia naturaleza.
Altos edificios, que se tambalean;
Torre de Pisa, en desarraigada tierra.
Homenajeada estatua de mujer entera
que hubo de cortar sus venas, para
demostrar, que la sangre fluía en ellas.

Para un momento, no más.
Reposa tu mirar, en mi mirada.
Si la luz desprendida no te llega,
marcha sin dolor. No hagas nada.

Por un minuto, para tu reloj.
Aproxima la piel a la caricia.
Si no sientes, que el latido se acelera,
aléjate liberado, despréndete de ella.

Escucha el eco de la voz ahogada.
De vocales melodiosas destensadas.
Si no adviertes entre ellas, el arrullo
de la tórtola, el trinar de un jilguero;
Escapa del sonido, sin desespero.
No te aferres, al quiero y no puedo.
A ese puedo, pero no debo…
No dejes pasar tu vida, tiritando;
Arrepentido, entre tus lamentos.

Nada es fácil perdido en muchedumbres.
Pisadas, codazos, empujones…
Golpes de suertes, fuertes embestidas.
Celos, envidias, falsedades y mentiras.
Cruzando la acera, buscando salidas.
Laberinto de calles, abiertas, estrechas
En bajadas, subidas y hasta curvas
que agotan, extravían, descolocan.
De vez en cuando, se levanta la vista
y allá en lo alto, muy alto, se divisa
una estela azul, en cielo contaminado.
Quiere seguir esa huella, quiere ser
parte de ella. Ser perfume de día
y cada noche; una estrella.

Las luces del semáforo, obligan, alertan.
Espera. Cruza ahora. No, te muevas.
Colores rojo, verde y ámbar, sinónimos
de prohibido, de libertad, de alertas.
También es verde, el color esperanza,
y rojo, el del fuego y la pasión.
El ámbar, esencia delicada;
Colores y estados, en franca fusión

Y soñando, soñando, viajar en el iris.
Arco multicolor que alcanza, puertos,
aeropuertos, aduanas, estaciones,
Campos, mares, océanos, glaciares
Ríos, montañas, valles…
Desde esta ventana peregrina
embarcan mis horas quietas.
Polizones de anhelos nuevos.
Bodegas llenas de instintos.
Y en una pequeña maleta;
Mil deseos contenidos.

Mi Voz:
Urbe erecta de cementos.
Urbe que se hace orbe.
Orbe indiferente a la ubre
nutriente de sus latidos.
Asfaltos grises, curtidos,
posados sobre la tierra;
La cubren, la endurecen,
pañuelo duro de grises.
No olvides que por debajo,
hay un racimo de hierbas
jugosas y tiernas,
que no han muerto todavía.
Asoman, apenas escondidas
latentes, pendientes…
Que hasta el mismo cemento
al quebrarse,
descubre su corazón de arenas
como en aquellas playas soleadas,
arropada en vestidos de hembra,
recibiendo mareas ajenas.

Fin del Viaje

Ay, penitente caminante,
que sin dar un solo paso,
has recorrido, cuatro parajes
de un corazón de dama,
desde su ermita de duendes
en madera hecha ventana.
Espejo de limpios cristales
abriendo de par en par
sus ojos viajeros,
erraron por mares secos,
desiertos mojados en llantos
y hasta, urbanos modales.
Redoblante corazón.
Sol radiante de sus paisajes;
Conjugan en su propia carne.
Las huellas de mil andanzas.
Esas que despeinando olivares,
huelen a malvas y albacas.
Toma su grito, hecho semillas,
esparce en puñados
un; ¡Te Quiero!
y en canteros, surcos y huellas
va sembrando vida sobre la vida.

Mujer de los mil caminos
que sin moverte,
de tu banca barca,
haces del beso querido;
Bandera, pañuelo, perfume,
puerto, oasis, cima, esquina,
donde amarras tu destino.

Mujer que ondea esperanza,
Lágrimas olorosas y saladas
Remos, aromas, fantasías,
Anhelos de alcanzar, la lejanía;
Y no morir de tristeza y pena
En esta cruz,…
Crucificada de espinas.

Ya deja lector la lectura.
Fin del viaje. Y ahora
Reposa, déjate llevar
En femeninos paisajes.

Raquel Herrero