jueves, 11 de marzo de 2010
lunes, 8 de febrero de 2010
PROMESA

PROMESA
Ay mujer, que triste se te ve
Esa mirada de ausencia
Ese brillo de unos ojos
Que ya no permites ver
Porque brillan cristalinos de
Tanta pena que guardas
Entremetida en tu ser
Mujer que maquilla sus ojeras
Que asemejan violeteras
Difuminadas en la piel
Ay mujer, me apena tu languidez
Ese silencio profundo
Ese callar y callar…
Ese tormento que llevas oculto
Creyendo que de ese modo
Solo tú has de padecer
Mujer qué sonríe desde fuera
Y a cada paso que da
Muerde con crueldad
Sus propios labios y lengua
Negándoles, su libertad
Para emitir el quejido
Que arraigado en las entrañas
Puja por salir y por gritar
Ay mujer, “Mercedes” rememorada
Que solo una vez te enamoraste
Prendida y prendada de su ser
Y ahora, vagas por sendas
Difusas, de espinas que se clavan
Sendas equivocadas que elegiste
Sin saber, sin creer
Que son camino a tu tumba
Muda e inquebrantable
Como lo fue tu juramento
De que nadie supiera nunca,
Lo que habría de saber
¿Por qué mueres… sin decirle a él..?
Raquel Herrero
sábado, 6 de febrero de 2010
DEDICADO A TI

DEDICADO A TI
En un cruce de caminos conocí
a un hombre…
“Aparentemente”, duro
“Aparentemente”, bravo
Un hombre qué, en ocasiones
se me antojaba extraño
Con poder de atracción imantada
se iban grabando en la piel,
sus huellas, sus versos y palabras
Y esa a veces, inquietante y cabizbaja
mirada…
Qué secretos se escondían,
tras la sutil ironía de;
aquella vida tan complicada
La emoción me rendía, la pasión
Me convulsionaba…
Eso sucedía, porque bien sabía
que así, eran ambas
La suya y la mía…
Vidas paralelas, vidas distanciadas
Vidas en la penumbra al cobijo
De las madrugadas
Dialogar era la clave, preguntar…
Saber, que detrás de una armadura
Se encontraba la figura
De un brillante amanecer
Que la roca era diamante
Y su escondido semblante
Estrella en el anochecer
Mirada que perseguía la huella
Esa huella, peregrina… disonante
Y en ese constante desafío
Peleamos como infantes
Encuentros y desencuentros
Risas y llantos, tormenta,
brisa, calma…
“Estallidos en el aire”
Arraigo en los corazones
de un cariño inquebrantable.
Raquel Herrero
Un amigo es para siempre
¡¡Felicidades!! Robert
sábado, 30 de enero de 2010

FUI YO
Y va muriendo de frío
Replegando sus alas
Mientras exhala un suspiro
Como ave migratoria
En los brazos del destino
Que zarandea su cuerpo
Vaticinando su sino
Un balazo certero
Que ha partido su pecho
Que ha mojado su nido
Vaciando gota a gota
El fluir de los sentidos
Plumaje de Gaviota
Con un rojo colorido
El vuelo se ha terminado
También la lluvia y el frio
Y en este amanecer sombrío
Van cayendo en su complexión
Las lágrimas de un rocío
Lamentando gota a gota
La pérdida de lo querido
Observando con tristeza
Aquél cuerpo estremecido
Ya se atestigua el cortejo
Grullas, Grajos y Vencejos
Rapiñas de luto riguroso
Pájaros de mal agüero
Y entre ellos cabizbajo
Una voz sibilante, acongojada
Repetía sin consuelo
Fui yo, quien te atravesó
Pero juro, ¡que te quiero!
Replegando sus alas
Mientras exhala un suspiro
Como ave migratoria
En los brazos del destino
Que zarandea su cuerpo
Vaticinando su sino
Un balazo certero
Que ha partido su pecho
Que ha mojado su nido
Vaciando gota a gota
El fluir de los sentidos
Plumaje de Gaviota
Con un rojo colorido
El vuelo se ha terminado
También la lluvia y el frio
Y en este amanecer sombrío
Van cayendo en su complexión
Las lágrimas de un rocío
Lamentando gota a gota
La pérdida de lo querido
Observando con tristeza
Aquél cuerpo estremecido
Ya se atestigua el cortejo
Grullas, Grajos y Vencejos
Rapiñas de luto riguroso
Pájaros de mal agüero
Y entre ellos cabizbajo
Una voz sibilante, acongojada
Repetía sin consuelo
Fui yo, quien te atravesó
Pero juro, ¡que te quiero!
Raquel Herrero
viernes, 22 de enero de 2010
HACE DOS AÑOS YA

Mamá, dos años...dos años ya, que no te tengo, que no puedo hablarte y que tú me respondas.
Ya no puedo contarte mis sueños, mis fracasos, ni mis ilusiones.
Se que por mucho que grite, no voy a escuchar una palabra de consuelo, se que estás ahí, junto a tu madre, esa gran mujer que fue mi abuela.
Mamá, te contaría tantas y tantas cosas...
Te veo cada día, te siento cada día, te recuerdo, cada día. Pero jamás lo sabrás...
Antes tenía fe mamá, tu lo sabes.
Antes creía que algún día, podría volver a ver a tantas y tantas personas que marcharon dejándome el corazón herido.
Se que no puedes volver, ni puedes enviar señal alguna...sí hoy así lo siento.
Porque si hubieras visto, sentido mi dolor, hubieras acudido a mí, estoy segura...pero no, tu ya nada puedes hacer por mí, lo mismo que yo no puedo hacer nada por ti. Nada, excepto llevarte en mi corazón y en mi memoria y contarle al mundo que te extraño, que te añoro y que te amo.
Mamá.
Raquel Herrero
viernes, 15 de enero de 2010

HAITÍ, NOS PIDE AUXILIO
Desde páginas por llenar, escribimos hoy sobre el lienzo blanco para teñirlo de color tragedia, de color horror, de color miseria, de color dolor.
La furia de la naturaleza, ésa que entre todos hemos ido quebrantando, humillando, sustrayendo como delincuentes un dominio que no nos pertenecía…esa naturaleza qué por siglos y siglos ha estado ahí para proporcionarnos, agua, tierra, oxigeno, luz y calor, alimento de vida… siempre generosa, siempre dispuesta. Es ella ahora, la que se rebela contra tanto desatino del género humano y nos grita enfurecida y nos arroja a la cara toda su desesperación, todo el enfado por no haber sabido cuidarla, protegerla, tal y como ella hizo y hace con nosotros.
Una vez más cómo paganos afligidos, sufren las consecuencias los pobladores de una tierra, maltrecha, desprotegida, olvidada y casi ya aniquilada.
Puerto Príncipe (Haití) casi aniquilada por el terremoto que deja tras su paso; más de cien mil victimas mortales, miles y miles de heridos…, caos, sed, hambre, destrucción.
Según nos llegan las noticias, de Radio, Televisión, Prensa etc… Un parte del mundo se ha puesto en marcha para paliar lo más rápidamente posible las necesidades urgentes de la población que aun queda viva.
Desde España (por ejemplo), el Gobierno ya ha coordinado el envío de cinco aviones, con material técnico y humano. Algunas O.N.G, también se preparan para llegar hasta el lugar del siniestro y ofrecer su aportación. Esas mismas O.N.G, han abierto sus líneas de cuentas Bancarias en las que poder aportar donaciones económicas para sufragar cualquier gasto con el mismo fin.
Pero todos sabemos que cualquier ayuda es poca y por supuesto bien recibida, ya que pasarán meses y meses hasta poder dar por concluida está labor humanitaria.
Es por ello por lo qué desde páginas por llenar, como una más de las Redes Sociales de Ning, me permito hacer un llamamiento a la Solidaridad , en estos momentos crueles y dolorosos para nuestros hermanos en Haití.
Los muertos ya sólo necesitan descanso eterno. Los vivos nos gritan su desesperación y nos llaman para que acudamos en su auxilio.
SI ALGO PUEDES HACER, ¡HAZLO POR FAVOR!
Muchas gracias
Raquel Herrero
Raquel Herrero
domingo, 10 de enero de 2010
ES, MI INVITADO

ES, MI INVITADO
Habitas en mí
No se si lo creas, lo intuyas,
Lo imagines o lo sepas.
Más, no importa
Yo lo se
Habitas en mí, como flujo constante
Fecundo, caudaloso… tan aferrado
Como se aferran la uña y la carne
Lo mismo que ese viento
Que se engarza en el remolino
Y gira sobre su propio cuerpo
Danzando a su albedrio
Habitas en mí
Y alguna vez te confieso
Que he pretendido evitarlo
Con tan poca credibilidad
Que apenas fue “un autoengaño”
Porque habitabas en mí
Y tu no presencia,
Tan solo me haría daño
En mi humilde morada
Serás siempre el invitado
A recorrer de sur a norte
Cada senda, cada escondrijo,
O cada tramo
Serás el invitado qué permisivamente
Penetre en mi memoria,
Escudriñe cada poro de piel,
Sus dunas y meandros
Navegue sin remos, sin temor alguno
La estrechez de sus lagos
Y calme la sed de un tórrido verano
Y con un ramo de Olivo entre sus manos
Alcance la divinidad del ser…
Inquilino de un habitáculo sagrado
Donde una hembra en pecado
Te condena a siempre ser.
Raquel Herrero
No se si lo creas, lo intuyas,
Lo imagines o lo sepas.
Más, no importa
Yo lo se
Habitas en mí, como flujo constante
Fecundo, caudaloso… tan aferrado
Como se aferran la uña y la carne
Lo mismo que ese viento
Que se engarza en el remolino
Y gira sobre su propio cuerpo
Danzando a su albedrio
Habitas en mí
Y alguna vez te confieso
Que he pretendido evitarlo
Con tan poca credibilidad
Que apenas fue “un autoengaño”
Porque habitabas en mí
Y tu no presencia,
Tan solo me haría daño
En mi humilde morada
Serás siempre el invitado
A recorrer de sur a norte
Cada senda, cada escondrijo,
O cada tramo
Serás el invitado qué permisivamente
Penetre en mi memoria,
Escudriñe cada poro de piel,
Sus dunas y meandros
Navegue sin remos, sin temor alguno
La estrechez de sus lagos
Y calme la sed de un tórrido verano
Y con un ramo de Olivo entre sus manos
Alcance la divinidad del ser…
Inquilino de un habitáculo sagrado
Donde una hembra en pecado
Te condena a siempre ser.
Raquel Herrero
sábado, 9 de enero de 2010
DE AMOR Y DESEO

DE AMOR Y DESEO
Quisiera describir sobre tu cuerpo
El mas intenso poema enamorado
Porque así es el amor que te ofrendo
Inmenso como el universo mismo
Fogoso como el sol del medio día
Sumiso, mimoso, loco y enternecido
Así es como yo lo siento
Fraguándose en mis sentidos
Quiero que clames por calmar la sed
Que tomes a sorbos el cáliz de mi boca
Que libes de mis senos hasta la última
Corola, mientras íntima la humedad
Entre la pelvis se acopla y excitada
Provocativa, ardiente y soñadora
Me pidas más y más en este juego
De cadencia seductora
Donde el deseo nace, perdura, se goza
Hasta quemarnos la piel
Degustar y lamer, tomar, coger
Sumergirse en los arroyos
Entre gemidos y placer
En un éxtasis rotundo que perdure
Hasta bien entrado
El nuevo amanecer
Raquel Herrero
El mas intenso poema enamorado
Porque así es el amor que te ofrendo
Inmenso como el universo mismo
Fogoso como el sol del medio día
Sumiso, mimoso, loco y enternecido
Así es como yo lo siento
Fraguándose en mis sentidos
Quiero que clames por calmar la sed
Que tomes a sorbos el cáliz de mi boca
Que libes de mis senos hasta la última
Corola, mientras íntima la humedad
Entre la pelvis se acopla y excitada
Provocativa, ardiente y soñadora
Me pidas más y más en este juego
De cadencia seductora
Donde el deseo nace, perdura, se goza
Hasta quemarnos la piel
Degustar y lamer, tomar, coger
Sumergirse en los arroyos
Entre gemidos y placer
En un éxtasis rotundo que perdure
Hasta bien entrado
El nuevo amanecer
Raquel Herrero
INANIMADO

INANIMADO
En esta alcoba,
Donde tantos avatares se forjaron
Sumiéndose hoy
En la triste realidad de su quebranto
Cuando siente que las fuerzas le abandonan
Y no puede demorar más ese daño
Decide que tal vez
Sea el momento de la despedida
De no añadir más dolor a ese dolor
Que muy dentro de su ser se anida.
La ausencia,
Tal vez logre acabar esta partida
Esta batalla que comenzara
Desde el primer segundo
En el que nació a la vida.
Una retirada a tiempo
De una batalla perdida
No supo encontrar los argumentos
Que taponaran tanta herida
No supo librar batalla que mantuviese
El calor de su fuego encendido.
Se dejó quemar en una hoguera sin sentido
Ya solo quedan celajes en un desértico rio
Secos los manantiales,
Arbustos talados en un valle fenecido
Hierba pisoteada, templarios vencidos
El rumbo se ha perdido
No hay corazones de hierro
Que soporten tal derrumbe
El cielo se ha volteado en infierno,
El sol en gélido abrigo
El mar ruje bravío, virulento
La playa ya no es playa
Si no un sendero baldío
Abrupto, filoso, enmarañado,
Túnel oscuro donde quedaron
Perdidos los versos del enamorado
Y hasta el amigo escabullido
Mira ya para otro lado
Murieron los verbos ser, estar y dar
En esta alcoba vacía,
Los sueños se han encerrado
Cenegado en lo profundo
De un cerebro muy cansado
De un cuerpo que ya no es cuerpo,
Tal vez y, con mucha suerte
Un muñeco inanimado.
Raquel Herrero
Donde tantos avatares se forjaron
Sumiéndose hoy
En la triste realidad de su quebranto
Cuando siente que las fuerzas le abandonan
Y no puede demorar más ese daño
Decide que tal vez
Sea el momento de la despedida
De no añadir más dolor a ese dolor
Que muy dentro de su ser se anida.
La ausencia,
Tal vez logre acabar esta partida
Esta batalla que comenzara
Desde el primer segundo
En el que nació a la vida.
Una retirada a tiempo
De una batalla perdida
No supo encontrar los argumentos
Que taponaran tanta herida
No supo librar batalla que mantuviese
El calor de su fuego encendido.
Se dejó quemar en una hoguera sin sentido
Ya solo quedan celajes en un desértico rio
Secos los manantiales,
Arbustos talados en un valle fenecido
Hierba pisoteada, templarios vencidos
El rumbo se ha perdido
No hay corazones de hierro
Que soporten tal derrumbe
El cielo se ha volteado en infierno,
El sol en gélido abrigo
El mar ruje bravío, virulento
La playa ya no es playa
Si no un sendero baldío
Abrupto, filoso, enmarañado,
Túnel oscuro donde quedaron
Perdidos los versos del enamorado
Y hasta el amigo escabullido
Mira ya para otro lado
Murieron los verbos ser, estar y dar
En esta alcoba vacía,
Los sueños se han encerrado
Cenegado en lo profundo
De un cerebro muy cansado
De un cuerpo que ya no es cuerpo,
Tal vez y, con mucha suerte
Un muñeco inanimado.
Raquel Herrero
SI LO AMAS

SI LE AMAS
Si en verdad como dices, “le amas”
Deja que vuele en libertad
Respeta cada uno de sus sueños
E ilusiones, cada emoción contenida
Por no quererte dañar.
Deja que planee en el azul de su Cielo
Que pise cada suelo, que desee caminar
Deja que sienta la plenitud de su vida
Antes de que la noche, ocupe su lugar.
Si en verdad le amas, besa con cariño
Cada lágrima, cuando lo veas llorar
Dale un abrazo, cálido, entrañable
Que aplaque el desconsuelo de su temor
A sumirse en un oscuro duelo que no
Encuentre su final.
Intenta comprender si es que le amas
Que él haya nacido diferente,
Que llenar su corazón sea preferente
Que requiere; de otro noble corazón,
Que esté dispuesto a extraerle
Una por una, cada espinita clavada
En el centro mismo de su corazón
Si lo amas no debes olvidar
Que las cadenas… no conjugan
Con el verbo amar.
Raquel Herrero
domingo, 3 de enero de 2010
TREGUA

TREGUA
He buscado en esta tregua que me da la inspiración
La fuente clara que mitigara mi sed de reflexión
He mirado al horizonte y, he recorrido una y otra vez
La hondonada angosta de mi propio interior
Y no hallé más propósitos que los ambicionados
No hallé nuevos sueños que amilanen el deseo
De construir esos mismos sueños añorados.
La tregua no me ha concedido más razón
Que la espera ilusionada de reencontrar el amor
El brillo de su mirada, la calidez de su voz
Esas manos que verso a verso conquistaban
Escribientes la más verídica religión.
!Mi poeta, mi señor¡ pídeme lo que desees
Que soy lujuria y esclava de tu amor…
He querido indagar en la conciencia, lavar mis
Huellas “de pecador” y entre ellas solo estaba
Su presencia, solo su recuerdo, solo mi dolor
Y no quise entonces desprenderme de ellas
Sin su luz, sin su estrella, dime… ¿qué haría yo?
El, es el bastón de mi ceguera,
la guía de la sinrazón cuando el hastío me llega
Y pretende ocupar un corazón
Que ya no circula libremente
Porque yo quise amarrarlo a mi prisión
Y beber de su boca ese fuego candente,
Ese flujo permanente…
Que calme la sed de mi voz
Y soy yo la que quiero perderme
En el área curtida de su vientre,
Que es fuente de la inspiración
Esa que me hace sentirme mujer,
Hembra complaciente
Musa infatigable de mi humana condición
Amar hasta la muerte al poeta y al varón
Porque toda mi cordura se pierde
Enlazada a los brazos de ésta, mi única razón.
Raquel Herrero
sábado, 26 de diciembre de 2009
DOBLAR LA VIDA

DOBLAR LA VIDA
Alguien preguntó
Tan grande es tu corazón
Que toda una vida no alcanza
Para colmarlo de ilusión?
Tan grande la puerta del misterio
Que no hay modo de que traspase
Ni tan siquiera un halito de luz?
Tan dura es la carga, tan pesada su cruz?
Alguien respondió
No se cual sea la respuesta
Para evacuar de mi interior
Todo aquello que me colma y no me llena
Mi cuerpo arremetido en otro cuerpo
Embriagándome de su pena
Un espíritu que deambula en busca
De la Luna nueva
Aquella, que extraviada en una noche
Se volvió opaca… Luna negra
Mientras aullaban los lobos
Y la piel estremecida de sus miedos
Era, fatídica presa
No se de que modo ni de que manera
Dejar un cuerpo varado, mientras
El otro se eleva
Porque hay que flores que le retienen
Semillas que son fruto de una sola
Consecuencia
Mientras otras; semillas nuevas
Se agolpan en la lejanía queriendo
Dejar su huella
Riego de un fruto prohibido
Sabana que se reseca
Impulso que marca
Una y otra estrella en el profundo deseo
De acoplarse junto a ellas
Quedaran las preguntas sin respuesta
Si la vida es una y una sola la figura
Que la contempla
Cómo alcanzar esa Luna
Cómo acoplarse en sus estrellas
Cómo doblarle a una vida
Cuando el destino se burla
Cuando el sino te lo niega.
Raquel Herrero
sábado, 12 de diciembre de 2009
PASAJE

PASAJE
La vida un ave pasajera, el tiempo
Un angosto reloj que desespera
Mi estancia un pasaje caduco que
Con fecha nos espera, en ése
Otro lado de esta cruda realidad
Es por ello el obcecado empeño
De salir hoy a caminar; Contigo,
Con mi sueño, el dueño de mi verbo
De mis dunas arenosas de mi torrente
Caudal, de mis noches angustiosas
Cuando te busco pero no te puedo hallar.
En este amanecer, he de parar el mundo
El rumbo que me obliga a posponer
Este deseo fecundo y tan profundo
De enlazar nuestras manos, de rozarnos
La piel, de caminar entre nubes
Despojando mis poros de este ansia
Que me empuja a renacer
No, no quiero testigos,
Ni ocultas miradas
No, no quiero falsos amigos que
Que se jacten y arroben esta ruta
Trazada en la alborada…
Cientos, miles de noches soñadas
Donde no hubo pañuelo para
Empapar mis lágrimas
Ni consuelo, ni anhelo, ni esperanza
Yo sola fui victima y victimaria
Acosada y acosadora de este fuego
Que me arrasa
Y ahora quiero, olvidarme para siempre
De tan temido duelo,
De tanto frio, de tanta escarcha
Mutar entre sus carnes,
Hacer temblar los cimientos
Devorar, ser devorada
Cambiar los acontecimientos
Pasear de boca a boca
Los jugosos filamentos
Perdidos, olvidados en el abismo
De las lujurias y en este cuerpo
Que arde ya en el averno
Sin culpas, sin dudas, sin resentimientos.
Raquel Herrero
Un angosto reloj que desespera
Mi estancia un pasaje caduco que
Con fecha nos espera, en ése
Otro lado de esta cruda realidad
Es por ello el obcecado empeño
De salir hoy a caminar; Contigo,
Con mi sueño, el dueño de mi verbo
De mis dunas arenosas de mi torrente
Caudal, de mis noches angustiosas
Cuando te busco pero no te puedo hallar.
En este amanecer, he de parar el mundo
El rumbo que me obliga a posponer
Este deseo fecundo y tan profundo
De enlazar nuestras manos, de rozarnos
La piel, de caminar entre nubes
Despojando mis poros de este ansia
Que me empuja a renacer
No, no quiero testigos,
Ni ocultas miradas
No, no quiero falsos amigos que
Que se jacten y arroben esta ruta
Trazada en la alborada…
Cientos, miles de noches soñadas
Donde no hubo pañuelo para
Empapar mis lágrimas
Ni consuelo, ni anhelo, ni esperanza
Yo sola fui victima y victimaria
Acosada y acosadora de este fuego
Que me arrasa
Y ahora quiero, olvidarme para siempre
De tan temido duelo,
De tanto frio, de tanta escarcha
Mutar entre sus carnes,
Hacer temblar los cimientos
Devorar, ser devorada
Cambiar los acontecimientos
Pasear de boca a boca
Los jugosos filamentos
Perdidos, olvidados en el abismo
De las lujurias y en este cuerpo
Que arde ya en el averno
Sin culpas, sin dudas, sin resentimientos.
Raquel Herrero
DONDE QUEDA

DONDE QUEDA
A donde queda la veracidad
Si no es entre los versos
Esos, de locos poetas o tal vez
Totalmente cuerdos
Ellos, que dejan su verdad
En el refugio perfecto
Verbos locos, sabios verbos
Que alguien comprenderá
Dependiendo del momento.
Quien no quisiera ser capaz
De asemejarme a ellos
De discernir la luz que navega
Por sus puertos
Ser capaz de acoplarse
A ese navío, que atestigüe la verdad
De ser muy tuyo y muy mío
Porque intuyo que eres tu y es
A mí a quien dedicas cada verso
Soy tu musa, la escusa perfecta
Para poder desabotonar los botones
De mi blusa.
Sí, se que soy la escusa perfecta.
No me nombras, no te nombro
Mantengo fidelidad al extravío
De mi juramento
Yo no hablaré… por mí, hablaran
Mis versos.
Y así por toda la eternidad
Viajarán estrellas en el firmamento
Tan reales como la oscuridad
A la que está sometida
Su lamento y mi lamento
Solo el poeta es capaz de infringir
Cada uno de los mandamientos
De ser el inhóspito dueño
De los siete pecados capitales
Dueño de la hembra o del varón
Que siempre dispuestos
Se refugian en los matorrales
Amantes perfectos
Que embeben cada ráfaga de viento
Por un instante, por un momento
En ese crepúsculo soñado
En ese deseo perpetrado
Tras la metáfora sutil
Poeta, poetisa;
Amamantado la hambruna
De esta hambre que ha nacido
En los efluvios de la plateada luna
Mudo testigo donde saciar la ansiedad
Del insaciable apetito
Por recibir, por entregar.
Raquel Herrero
TE DECANTO VIDA

TE DECANTO VIDA
He perfilado tus labios
Con el extremo de mi lengua
He acariciado tu rostro
Con estas manos de mujer etérea
He besado tu frente y te he mirado
Con la sonrisa puesta
Mientras mis labios resbalaban
Suavemente por tu boca,
Tus pómulos, Tu cuello,
Tu desnudo torso incandescente.
Te he amado como ama una mujer que ama,
¡Sinceramente!
Recorriendo tu cuerpo despacio, serenamente,
Palpando cada fibra, cada poro,
Cada curva y recodo, cada pliegue
¡A mi modo!
Mis dedos juguetones,
Se fueron colando como ladrones
Para gozar de tu sexo,
De tu miembro elevado, suave y terso
Húmedo, cálido, sediento…
Me he perdido en este paraíso,
Tan tuyo, tan mío, tan nuestro
Y he parado el reloj de la vida
Por unos momentos
Para sentir este amor, este fuego,
Que quisiera hacer eterno
Nada importa, nada quiero, nada espero,
más que llenarme de ti y susurrar en tu oídos…
¡Te quiero, te deseo!
Oh¡¡
Que nadie se atreva a privar mi libertad,
A evitar que mis deseos, sean pura realidad.
Contenido, continente,
Ese fulgor que ha nacido diferente
Ansioso…
Entretejido en las entrañas de mi vientre
Espasmos de felicidad que fluyen
Bajo mi pubis ardiente
Ríos de plata, afluentes de miel,
Entre mis muslos y tu piel
Te esperaré, sí, te esperaré…
Mis cóncavas humedades,
Serán la fuente para tu sed.
Raquel Herrero
viernes, 27 de noviembre de 2009

SUCEDIÓ
He debido de quererte mucho
He debido de quererte tanto
Qué en cada ausencia y silencio
Brotaban enrojecidas
Las lágrimas de mis ojos
He debido de extrañarte mucho
He debido de extrañarte tanto
Que punzantes alfileres
Se clavaron en mi pecho
Innumerables amaneceres
He debido de pensarte mucho
He debido de pensarte tanto
Que hasta del alma arrojaba
Como vómito incesante
Mi dolor y mi quebranto.
He debido de amarte mucho
He debido de amarte tanto
Que he quedado muda y ciega
Mis venas se paralizaron
Y siento que la muerte llega.
Dime amor antes de irme
Si en algún momento acaso
Tú sentiste esas mismas huellas.
Raquel Herrero
-EL MILAGRO DE TAREK-

"El milagro de Tarek"
En un lugar del mundo llamado Abisinia, había un hermoso palacio en el que vivían protegidos por sus guardianes los reyes Sharif y Laila. Estos tenían una hermosa hija llamada Nayat, princesa de Abisinia.
Los habitantes de Abisinia estaban felices con sus Monarcas que se preocupaban por el pueblo e intentaban que a ninguno de ellos le faltara trabajo para mantener a sus familias. Sin embargo, la felicidad no era completa, un hombre llamado Sattan, que envidiaba al rey por no ser tan poderoso, no les dejaba vivir en paz.
Sattan era un rico mercader que consiguió su fortuna robando y engañando a la gente de buena voluntad, que le compraba alfombras y otros enseres a plazos porque no tenían tanto dinero como él. Sattan dejaba que los pobres se llevaran lo que necesitaban, pero cuando iban a pagarle los plazos, les decía que habían tardado mucho en ir a pagar y entonces les cobraba el doble de lo que valía amenazando con prender fuego a sus casas y hacer daño a sus familias, si no pagaban.
Aunque poseía mucho dinero, Sattan no se conformaba y quería llegar mucho más lejos. Su sueño era hacerse con el palacio, derrotar a sus reyes y ser él quien gobernase al pueblo Abisinio. Para conseguirlo, utilizó gran parte de su fortuna y compró los servicios de todo un ejercito de soldados dispuestos a obedecerle sin rechistar a cambio de recibir altas sumas de dinero.
Sattan, cuyo nombre significa, Filo de espada, estaba dispuesto a utilizar su espada y matar, si fuera preciso, al que era su rey, pero no contaba con qué Sharif, el verdadero rey, tenía muchos aliados y además contaba con todos los habitantes del pueblo, que le querían y no dudarían en coger las armas para defender al rey y a su familia.
Mientras, la amenaza de Sattan tenía preocupados a nobles y plebeyos, sabiendo que éste cualquier día cumpliría la misma.
Pero en palacio, había alguien ajeno a todo esto.
La princesa Nayat, como joven que era, sólo pensaba en divertirse y ser feliz. No era consciente en absoluto del peligro que corrían ella, sus padres y todo el pueblo de Abisinia.
Aunque recibía una educación severa y muy estricta, con unas normas a seguir que bajo ningún concepto podían saltarse, ella se las ingeniaba para de vez en cuando hacer lo que le daba la gana.
Tenía completamente prohibido salir sola fuera de la fortaleza del palacio pues, aunque ella lo ignoraba, su vida corría peligro. Siempre tenía guardianes a la puerta de su dormitorio, por lo que salir de allí sin ser vista le resultaba muy complicado.
Nayat lo sabía y como era muy inteligente convenció a su niñera de toda la vida que ahora se había convertido por expreso deseo de sus padres en su institutriz y también en su confidente y amiga. Le pidió que le ayudara a salir de palacio sin ser vista.
Ambas decidieron que lo mejor era salir disfrazada de criada para que nadie la reconociese, pero tendría que burlar a los guardianes que custodiaban la puerta, luego por ahí no podía salir.
Nayat salió al balcón y decidió que saltaría uno por uno los balcones de palacio hasta llegar a las cocinas del reino que no eran vigiladas.. Desde allí se podía acceder fácilmente a un enorme huerto siempre sembrado con toda clase de hortalizas y verduras, en cuyos caminos se alzaban majestuoso, grandes árboles frutales que cubrían su hermoso y estilizado cuerpo protegiéndola de miradas indiscretas. Al final del arriesgado recorrido y ya fuera de peligro, su fiel niñera la esperaba sujetando las riendas de un bello caballo blanco de crines rojizas, de nombre Alazán, al que Nayat había cuidado con esmero y que por tanto, sería sin duda su mejor compañero de aventuras. Dispuesto a llevársela a galope si en algún momento se encontrara en algún apuro.
Con esa confianza y seguridad, la princesa abandonaba de vez en cuando su palacio y bajaba a lomos de su caballo hasta el lejano pueblo. Una vez allí, se perdía caminando por sus callejuelas como una más de sus habitantes. Visitaba el mercado, compraba lo que le apetecía en cada momento y charlaba con sus gentes sin que nadie sospechara que ella era nada menos que la hija de los Monarcas Sharif y Laila.
Antes de que la noche se echara encima, la princesa Nayat volvía a su palacio del mismo modo que lo había abandonado y nadie excepto su fiel niñera sabía de su secreto.
La princesa disfrutaba cada vez más con sus escapadas de palacio, por lo que estas eran cada vez más continuas. En una de ellas, recorriendo el gran mercado de Abisinia, se paró en uno de los muchos puestos que habían y se quedó unos minutos observando sus productos.
Era un puesto magnífico, seguramente el mejor de todos los que ella había visitado hasta ese momento. Cachimbas, alfombras, chilabas, muebles decorativos, espejos…en fin un gran numero de enseres que llamaron su atención.
No había demasiada gente comprando, por lo que la princesa Nayat se recreó a sus anchas mirando todo lo que le gustaba. Hasta que encontró en la misma esquina del puesto una colección de collares, pendientes, anillos y pulseras de madera algunos y otros de marfil. Todos labrados a mano con un vistoso a la par que hermoso colorido. Como princesa caprichosa que era, eligió los que más le gustaban y levantó la mirada buscando al dueño del puesto. No tuvo que buscar, porque un joven y apuesto mercader estaba justo frente a ella esperando a que eligiera su compra y a la vez admirando la belleza de una joven que hasta ese día él no había visto.
- ¡Buenos Días, señor! - le dijo Nayat - ¿Sería tan amable de decirme qué valen estos collares?
Yusef que, así se llamaba el mercader, contestó:
- Ojalá te los pudiera regalar, pues seguro que colgados en tu cuello lucirían mucho mas, pero me temo que mi padre me mataría y siento decirte que son muy caros para que una sirvienta como tú pueda comprarlos. Lo siento mucho concluyó Yusef.
Nayat, lejos de incomodarse por lo que Yusef le había dicho, y puesto que no podía rebelar su identidad, sólo se le ocurrió reír de buena gana para después contestar al mercader.
- ¡Bueno, es cierto que soy una sirvienta, pero tengo unos ahorros que quizás sean suficientes para pagar lo que me pidas!
Sirvienta y mercader charlaban animadamente y no se percataron de la llegada de un hombre de aspecto serio que sin mediar palabra, recriminó al joven por, según él, tener desatendido el puesto. Este hombre era el famoso Sattan, padre del joven mercader Yusef . Aunque todo el mundo le conocía, la princesa no sabía nada de aquel hombre, y mucho menos de que se tratara del enemigo número uno de sus padres. Así pues, sin ningún temor optó por defender al joven que estaba siendo tan amable con ella.
- Disculpe, señor, no regañe al muchacho, él simplemente estaba atendiendo a mis preguntas.
- El tiempo es oro, jovencita - contestó Sattan - y no se puede perder a no ser que quieras comprar algo.
- Bien, pues dígame, ¿qué valen estos collares?
- Trescientos Dirhams - contestó un poco airado el dueño de todo aquello -. Si quieres, puedes pagarlos a plazos.
Nayat, aún teniendo dinero suficiente, aceptó la oferta de Sattan pensando que así podría volver más veces para ver y charlar con el hijo del mismo.
Así fue como la princesa encontró motivo justificado para cada semana bajar de nuevo al pueblo.
Fueron pasando las semanas y Yusef cada vez que veía a Nayat se sentía más prendado de su hermosura por lo que, haciendo acopio de valor, se dirigió a la joven y le dijo que era muy hermosa y que le gustaría poder salir a pasear con ella. Nayat entonces contestó:
- Tú también eres hermoso, claro que me gustaría salir contigo, pero una princesa como yo no debe tener relaciones con gente plebeya. ¡Mi padre me mataría!
Yusef pensó que estaba de broma, pues él siempre la había visto vestida con el uniforme propio de las sirvientas y para él, Nayat era simplemente eso: una joven y bella sirvienta. Se le ocurrió contestar:
- ¡Tú eres mi princesa! Yo cuidaré de ti como tal. Claro, si tú me aceptas.
- Bien, estaré encantada de ser tu princesa.
Ambos se echaron a reír y a partir de entonces, sin que ella le contara nada más, comenzaron a salir juntos y se fueron enamorando el uno del otro.
Mientras ellos vivían una fantástica historia de amor, en el palacio de Abisinia, el rey Sharif mantenía reuniones continuas con sus consejeros y lacayos para conseguir de algún modo acabar con los enfrentamientos que durante años había sufrido su pueblo contra el terrible Sattan y su poderoso ejercito.
En ello estaban cuando uno de sus guardianes llamaba insistentemente a la puerta.
El guardia traía un mensaje escrito de puño y letra por el mismísimo Sattan. El mensaje decía:
Sharif, rey de los Abisinios. Te doy la última oportunidad para evitar que mi ejercito y yo mismo arrasemos con todo tu pueblo y tanto tú como ellos podáis vivir en paz.
Para conseguirlo, sólo quiero que me concedas para mi hijo Yusef, la mano de tu preciosa hija. Una vez desposados, mi hijo será tu sucesor, y tanto tu esposa, la reina, como tú mismo, viviréis cómodamente y sin problemas alejados de palacio sin que nadie os moleste jamás.
Es mi última palabra. Si no lo aceptas, te juro por el Dios Alá que destruiré tu pueblo y prenderé fuego a tu palacio cualquier noche mientras tu esposa , tu hija y tu mismo durmáis plácidamente.
Tienes un mes para darme la respuesta, o te aseguro que cumpliré mi amenaza sin miramiento alguno.
Sharif leyó atentamente el escrito, convencido de que Sattan cumpliría todas y cada una de sus amenazas si no accedía a su propuesta.
Consultó la propuesta de Sattan con sus consejeros y también con su esposa la reina Laila y después de horas de meditación, decidieron por el bien de su pueblo entregar a su hija como esposa de Yusef para evitar males mayores.
Sharif y Laila siempre habían pensado en casar a su hija con un príncipe que llevara como ellos sangre real, pero Sattan no les dejaba otra opción.
Esa misma noche, mientras cenaban con su hija, comunicaron a la misma su decisión. No le dieron opción para que fuera ella quien eligiese al hombre de su vida. Como princesa, no le quedaba más remedio obedecer a sus monarcas, aunque estos fueran sus propios padres.
Por primera ver en su vida, Nayat se sintió la mujer más infeliz del mundo. No pudo reprimir sus lagrimas y desconsolada, pidió permiso para retirarse a sus aposentos. Una vez allí, contó a su fiel niñera lo que le había pasado y le advirtió que jamás se casaría con un desconocido, porque ella estaba enamorada de un joven mercader con el que estaba dispuesta a huir si sus padres la obligaban a casarse con otro hombre. De nada le sirvieron los consejos que su niñera quiso darle pensando en que lo mejor que podía hacer era obedecer, casarse con el hombre que habían elegido para ella y olvidarse de su mercader para siempre.
Durante toda la noche, estuvo planeando su escapada de palacio dispuesta a no volver jamás. Sabía perfectamente cómo salir de allí sin ser vista, por lo que una vez recogidos sus enseres personales huyó a lomos de su fiel corcel.
Todo esto sucedía en palacio mientras Sattan comunicaba a su hijo las intenciones de hacerle rey uniéndole por la fuerza a la princesa Nayat.
Yusef no era como su padre, él era bueno y honrado. Carecía de la avaricia desmedida de su progenitor. No necesitaba para nada el poder, sólo necesitaba el amor de aquella humilde sirvienta por la que estaba dispuesto a dar la vida. Sin embargo, no se atrevía a contradecir a su padre, le conocía bien y sentía cierto temor en su presencia.
De cualquier modo, Yusef tampoco estaba dispuesto a obedecer a su padre casándose con una mujer a la que ni conocía ni amaba por muy princesa que fuera.
Yusef y Nayat tomaron la decisión de mantener su amor a toda costa y así lo hicieron, huyendo juntos sin decirle nada a nadie. Tampoco se contaron quiénes eran en realidad ni lo que sus familias pretendían hacer con ellos. Simplemente marcharon decididos a vivir su amor en otro lugar.
No se imaginaban que con su decisión provocarían entre los suyos feroces enfrentamientos.
Por un lado, los reyes de Abisinia con la extraña desaparición de su hija, pensaron que Sattan, el cruel y malvado Sattan, la había secuestrado para hacerles todo el daño posible. Pero por otro lado, Sattan pensaba lo mismo respecto a la desaparición de su hijo Yusef estaba convencido de que había sido secuestrado por el ejército de los monarcas y de que lo tenían retenido en palacio para vengarse de él.
Ninguno de ellos creía en la palabra del otro, por lo que ambos, con sus soldados bien preparados, iniciaron una terrible batalla sin sentido en la que morían miles de personas inocentes cada día. Aquello no parecía tener fin, el deseo de venganza de ambos era desmedido, hasta tal punto que llevaban un año entero luchando y ni Yusef ni Nayat aparecían por ningún lado. Todos los pueblos del reino de Abisinia se iban implicando en el conflicto, las bajas eran muy grandes y el rey ordenó a nobles y plebeyos luchar si era necesario hasta morir.
Así fue cómo un día Nayat y Yusef, que vivían en uno de los pueblos más alejados de Abisinia, se enteraron del tremendo conflicto que mantenían sus familias.
Hasta ese día ellos habían sido muy felices y cómo fruto de su amor, nació el pequeño Tarek. Hasta entonces, ninguno de los dos había confesado al otro quién eran verdaderamente, pero se dieron cuenta que había llegado el momento de decir la verdad.
Fue Nayat la que, con el pequeño Tarek en sus brazos, le dijo a Yusef:
- Yusef, amor mío, ¿recuerdas cuando me decías que yo era tu princesa?
- ¡Claro que sí, Nayat, tú serás siempre mi princesa!
- Así es, amor mío. Nunca quise decirte quién era en realidad por que tenía miedo de que entonces no me quisieras, pero yo soy Nayat, hija de Sharif y Laila, los reyes de Abisinia. Huí de Palacio porque querían obligarme a casar con el hijo de un rico y malvado mercader llamado Sattan, que al parecer quería a toda costa destronar a mi padre y que su hijo fuera el sucesor y a la vez mi esposo.
- ¡Amada mía! Yo también tengo algo que decirte. ¿Recuerdas a mi padre, ese hombre que en una ocasión te vendió los collares que llevas a plazos?
- Claro, cariño, lo recuerdo perfectamente.
- Bien, pues ese hombre es al que tu llamas malvado mercader y cuyo nombre es Sattan, es mi padre. Yo soy el hijo de Sattan. Mi padre también me quería obligar a casar con la hija de los reyes de Abisinia, pero yo sólo te amaba a ti, por eso no te dije nada, pues la maldad de mi padre te haría huir de mí para siempre.
Ambos entonces se abrazaron fuertemente derramando lágrimas de felicidad y a la vez de pena al darse cuenta de que al no haber sido sinceros el uno con el otro, habían provocado sin intención una guerra que quizá, si hubieran aceptado las ordenes de sus progenitores, hubieran evitado.
Tenían que hacer algo para que aquella absurda batalla terminase. Debían y querían conseguir que las familias de ambos hicieran las paces, devolviendo a su pueblo la felicidad perdida hacía ya demasiado tiempo.
Yusef y Nayat empaquetaron sus enseres, cogieron a su bebé y emprendieron el camino de regreso al pueblo de Abisinia.
Después de días de camino, llegaron al atardecer a su pueblo natal, casi no lo reconocieron. A cada paso que daban sólo encontraban edificios derruidos, gentes desoladas y perdidas, entre sus calles estrechas y empinadas, sin saber a dónde ir. Niños llorando de hambre y frío, muchos de ellos solos o acompañados de mujeres que derramaban lágrimas y gritaban el nombre de su Rey, al que pedían terminase con aquella tragedia.
Nayat y Yusef sintieron entonces un profundo dolor, dolor que su pueblo estaba padeciendo y del que ellos se sentían responsables aún que no fueran ellos los culpables sino sus padres, que por diferentes motivos provocaron una guerra cruel, injusta, sin ningún sentido y que jamás arreglaría ningún problema por grande que fuera este. En la guerra no hay vencedores ni vencidos, nadie gana, todos pierden. Pierden padres, hermanos, hijos, amigos, pierden sus hogares, sus puestos de trabajo, pierden su pan de cada día, pierden su paz y su felicidad, lo pierden todo a cambio de nada.
Nayat y Yusef pensaron con rapidez en la única solución posible para poner fin al conflicto. Ambos miraron al niño que tenían en sus brazos y creyeron que él, el pequeño Tarek, sería la salvación para todos.
Junto a su bebé, se encaminaron a palacio decididos y confiados. Cuando llegaron, Nayat entró a los aposentos de sus padres. Contó su historia de principio a fin y, después de pedir perdón por el daño que su huida hubiera causado, mandó entrar a Yusef con su hijo en los brazos. Por primera vez en mucho tiempo, los reyes se sintieron felices e ilusionados con su nieto y con la vuelta a palacio de su hija. Nayat dijo entonces:
- Amados padres, no voy a quedarme con vosotros. Mi esposo, nuestro hijo y yo, nos marcharemos ahora mismo y siento deciros que no volveréis a ver a vuestro nieto hasta que no consigáis hacer las paces con Sattan, porque ahora él al igual que vosotros tiene un nieto que lleva la misma sangre. Todos seremos una gran familia y juntos conseguiremos que nuestro pueblo vuelva a vivir en paz.
- ¡Está en vuestras manos!
Sin decir una palabra más, salieron de palacio dirigiéndose al hogar de Sattan.
En esta ocasión fue Yusef quien entró solo en la casa de su padre, dispuesto a enfrentarse a él de una vez por todas. Sattan siempre pensó que a su hijo lo habían secuestrado, por lo que al verle imaginó que su ejército por fin habría conseguido liberarle.
Yusef le contó la verdad de la historia e hizo pasar rápidamente a su esposa e hijo, antes de que a Sattan le diera tiempo de reaccionar.
Por primera vez en la vida este hombre, egoísta y malvado, se vislumbró un rayo de ternura al ver a su nieto. Le cogió en brazos y lloró como si fuera un niño.
Se le veía feliz cómo jamás en la vida, por lo que Yusef aprovechó el momento y le dijo:
Padre, este niño lleva tu sangre, pero también lleva la sangre de los reyes Laila y Sharif, ellos son sus abuelos al igual que tú, por lo que te pido que hagas las paces con ellos para que todos juntos podamos ser una gran familia. De otro modo, si no accedes, Nayat, nuestro hijo y tu nieto, y yo nos marcharemos y no volverás jamás a verlo. ¡En tus manos está!
Sin decir ni una palabra más, salieron de la casa.
Los futuros reyes de Abisinia, se dirigieron entonces a la plaza del pueblo y allí se quedaron esperando que ocurriera el milagro.
El sol estaba a punto de perderse en el horizonte cuando dos jinetes a lomos de sus caballos galopaban a lo lejos en dirección a donde ellos se encontraban.
Detrás de los jinetes, una enorme polvareda les hizo presagiar que no venían solos, sino con un enorme ejercito detrás.
En un principio, Yusef y Nayat se asustaron abrazándose a su hijo con la intención de protegerle. Pero rápidamente, se dieron cuenta de que aquellos hombres a caballo eran el rey Sharif y el famoso mercader Sattan.
Ambos habían hecho las paces y juntos fueron a buscar a su nieto al que no querían perder por nada del mundo.
Arrodillados ante sus hijos, pidieron perdón y juraron por su Dios Alá que devolverían la paz a su pueblo. Juraron que repartirían sus bienes para que ninguna familia pasase hambre de nuevo y nombraron a Nayat y Yusef reyes de Abisinia. Desde ese momento y en adelante, sólo querían ejercer como abuelos. Abuelos del príncipe Tarek que con su inocencia, había conseguido el milagro.
Y colorín, colorado este cuento se ha terminado.
¡Felices sueños!
Raquel Herrero Alverola
jueves, 26 de noviembre de 2009
ROSA DE LOS VIENTOS

ROSA DE LOS VIENTOS
Seducida por el compás de aquellos versos
Con la mirada de sus ojos lacrimosa
Persiste incrédula ante la negativa
De no poder escuchar las voces interiores
De aquella, tan sutil y hermosa rosa
Rosa de los vientos que grácil y generosa
Llegaba al embeleso con ésa su candidez
Primorosamente ¡hermosa!
¿Donde quedaron aquellas voces, donde
La semilla que germina su sustento?
¿Quien pudo ser tan inhumano, quién?
Para arrancar de golpe las suaves caricias
Que tuvo entre sus manos.
Quién, como y porqué le robó de modo extraño
La suavidad de la piel.
Oh¡¡ Creador del Universo, de lo infinito y lo
Finito; dime: Qué hice yo para tener que soportar
Tanta fuga a la cruda realidad de éste, ¡mi tormento!
Fuera tal vez la fatalidad, por nacer, por crecer,
Por soñar, por vivir… tan profana y alejada
De la rosa, “mi rosa” rosa de los vientos
Porque tu sabes, sí, tu bien lo sabes;
Que yo la siento cerca mío, que yo la quiero,
Que la llevo muy adentro…
Y ahora la busco, la busco pero no la encuentro
Los versos se alejaron y queda solo el silencio
De unos ojos que derraman lacrimosos
Tan triste y doloroso ¡desencuentro!
Raquel Herrero
domingo, 22 de noviembre de 2009
INDIFERENCIA

INDIFERENCIA
Es curioso como va dejando huella
la imprevisible huella de la indiferencia
Astuta y cruel consejera. Sutil a tal manera
que llega matando sueños y quimeras
Sentimientos que amarrados en el pecho
testimoniaban fidelidad a manos llenas
Se hizo paso…, Paso a paso sin clemencia
y fue dejando rastro de su indolencia
De tal modo, que como viento huracanado
lo arrasó todo, todo quedó en vano
La tierra que antes fuera fértilmente generosa
es ahora; tierra cenegada, árida, escabrosa
Ya no habitan primaveras candorosas,
ni pájaros azules que alegren con su trino
la fresca alborada, precedida de la aurora
No, ya no queda ni huella…
Se instaló la indiferencia poderosa
y extendiendo su manto de arpillera
Al cobijo de una noche de traiciones
Se la llevó… sí, se la llevó
¡¡También a ella!!
Raquel Herrero
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